¿Te has preguntado alguna vez qué pasará si no lo haces perfecto? En la Marina Alta, desde las empresas de Denia hasta los negocios de Jávea, observamos a muchas personas atrapadas en una presión autoimpuesta e invisible. Se nos ha vendido la idea de que el perfeccionismo es una virtud deseable, pero a menudo es una trampa que nos arrebata la paz interior.
El perfeccionismo: Tu armadura contra el miedo
Aunque en las entrevistas de trabajo se diga que es un “defecto positivo”, lo cierto es que el perfeccionismo suele ser un mecanismo de defensa. No es que busques la excelencia porque te apasione, sino que tienes pánico a cometer un error y enfrentarte a la crítica o al juicio de los demás.
Imagina que pasas cinco horas repasando un correo que ya estaba bien a la primera. No lo haces por el correo, lo haces para calmar tu ansiedad. Al revisar una y otra vez, sientes un alivio momentáneo, pero a la larga, el precio que pagas es el agotamiento extremo y la falta de eficiencia.
La explicación técnica: El refuerzo negativo
Para entender por qué nos cuesta tanto soltar estas conductas, la psicología utiliza un concepto llamado reforzamiento negativo. A diferencia de lo que solemos pensar, “negativo” no significa que algo sea malo, sino que una conducta se mantiene porque elimina o pospone algo desagradable.
Cuando revisas un proyecto por quinta vez, tu mente experimenta un alivio inmediato porque esa acción “borra” el miedo al juicio o la culpa por un momento. El problema es que este alivio es una trampa: te atrapa en un ciclo donde solo actúas para dejar de sentirte mal, lo que a largo plazo genera un agotamiento devastador y te vuelve mucho más sensible al mínimo error. No nacemos perfeccionistas, aprendemos a serlo.
Las reglas invisibles que nos bloquean
Muchos de nosotros crecemos con “normas mentales” muy rígidas que nos dictan cómo debemos actuar. Lo más curioso es que estas reglas no siempre están “a la vista” ni somos plenamente conscientes de ellas; a menudo operan de forma sibilina bajo la apariencia de valores positivos o simples costumbres.
A veces se disfrazan de “amor por el detalle” o “compromiso con la calidad”, pero en el fondo son instrucciones verbales que hemos ido aprendiendo y que funcionan como una lupa que distorsiona lo que vivimos. Estas reglas nos empujan a actuar bajo el control de frases absolutas que no dejan espacio para la flexibilidad:
El látigo de la excelencia: “Si no soy el mejor, soy un fracaso”.
La duda sobre la capacidad: “Si cometo un error, demuestro que no soy apto para este puesto”.
El miedo al rechazo: “Si alguien me critica, es que no valgo para nada”.
El listón imposible: “Solo el 10 es una nota aceptable; cualquier otra cosa es un error”.
💡 Cómo empezar a soltar lastre
Romper con esta obsesión no significa volverse mediocre, sino cambiar por qué hacemos las cosas. El error no es un fracaso, es la fuente de información necesaria para aprender y ajustar nuestra conducta.
La vida no es una foto estática; es movimiento, ensayo y error. Esa armadura tan pesada que te pusiste un día para que nadie te hiciera daño es la que ahora te impide disfrutar del paisaje. ¿Te animas a dejar de intentar que todo sea perfecto para que empiece a ser real?
Cuando estas reglas sutiles toman el mando, dejamos de prestar atención a lo que de verdad está pasando a nuestro alrededor. Por ejemplo, un estudiante puede haber aprendido muchísimo y sacado una nota excelente, pero si su regla invisible le dice que “solo la perfección vale”, se sentirá fatal y anulará todo su progreso. Al final, estas normas funcionan como un escudo contra la autocrítica, convirtiendo tareas que deberían ser un disfrute en una carga pesada.
🔍 Ejercicios prácticos para detectar tus reglas sutiles
Para romper el ciclo, primero debemos identificar esas normas que operan en la sombra. Aquí tienes unos “experimentos” para desenmascararlas:
El registro del “Tengo que”: Durante un día, anota cada vez que te digas “tengo que” o “debería”. Analiza si esa orden viene de una necesidad real o de una regla rígida para evitar sentirte mal.
Exposición a la errata: Envía un mensaje de WhatsApp o un correo interno con una falta de ortografía a propósito. Observa la ansiedad que aparece y comprueba si, pasado un tiempo, ocurre la “catástrofe” que tu mente predecía.
La regla del 80%: Intenta terminar una tarea diaria al 80% de su capacidad y detente ahí. Evalúa el “coste de respuesta”: ¿Cuánta energía y tiempo has ahorrado para otras actividades en la Marina Alta comparado con el esfuerzo de llegar al 100%?.
Identifica el motor: Ante una tarea, pregúntate: “¿Hago esto porque me aporta algo positivo o porque tengo miedo a que salga mal?”.
Cada enero llega con la sensación de “nuevo comienzo”, y con él aparece la necesidad casi universal de crear propósitos de Año Nuevo, reorganizar la vida y convertirnos en una versión más disciplinada, productiva y equilibrada de nosotros mismos. Sin embargo, esta expectativa también provoca un fenómeno poco visibilizado: la presión de las metas de Año Nuevo. Y esta presión puede impactar directamente en nuestra salud emocional, generando ansiedad, frustración y autoexigencia desmedida.
En este artículo te explico por qué ocurre, qué efectos tiene y cómo establecer metas que impulsen tu bienestar en lugar de agotarte.
¿Por qué las metas de Año Nuevo generan tanta presión?🤯
La tendencia a fijar objetivos en enero no es casual. Desde la psicología sabemos que los seres humanos respondemos intensamente a los hitos temporales. Un inicio de año simboliza oportunidad, renovación y cambio.
El problema surge cuando:
las metas nacen de la comparación y no de una necesidad real,
las expectativas son irreales,
o buscamos cambiar demasiado, demasiado rápido.
Esto activa la autoexigencia, la presión y la sensación de estar obligados a mejorar sí o sí.
El efecto de las metas de Año Nuevo en la salud emocional
Establecer objetivos no es negativo; lo dañino es la narrativa con la que los construimos. Durante las primeras semanas de enero aparecen tres efectos emocionales frecuentes:
Pasamos rápido de la flexibilidad de las fiestas, a intentar funcionar con una disciplina absoluta. Ese salto genera estrés, culpa, sensación de descontrol y frustración si no cumplimos desde el día uno.
🔄 2. Comparación constante en redes sociales
En enero el contenido de “cambios radicales” o “mi rutina perfecta de 2026” explota. Esto alimenta la sensación de que “todos pueden menos yo” y deteriora la autoestima.
🎢 3. Expectativas irreales y abandono temprano
El mito del “nuevo yo” provoca un ritmo insostenible. La consecuencia: muchas personas abandonan sus metas a las pocas semanas, sintiéndose culpables o inadecuadas.
Cómo establecer metas de Año Nuevo sin dañar tu bienestar emocional🌱
La clave no es evitar los objetivos, sino convertirlos en aliados de tu salud mental. Para ello:
✔ 1. Enfócate en procesos, no en resultados
En lugar de “perder 10 kilos”, piensa en:
“Mover mi cuerpo de forma saludable tres veces por semana.”
Los procesos se pueden sostener. Los resultados, no siempre.
✔ 2. Haz que tus metas sean propias
Pregúntate: ¿Qué necesito yo, y no qué espera el mundo de mi? Las metas ajenas generan ansiedad; las auténticas generan crecimiento.
✔ 3. Acepta la imperfección como parte del proceso
La constancia no es lineal. Permitir errores evita la frustración y facilita la continuidad.
✔ 4. Practica el autocuidado emocional
Pregúntate:
¿Cómo me quiero sentir este año?
¿Qué necesito para ello?
Las metas pueden salir desde ese punto y no desde el “debería”.
✔ 5. Celebra los avances que ya tienes
Enero no es un borrón y cuenta nueva. Tu vida ya tiene avances, habilidades y logros previos.
Reconocerlos aligera la presión del inicio perfecto. Reconocer logros pasados aligera la presión y fortalece la motivación.
Enero no tiene que ser una prueba; puede ser un punto de partida amable
Los propósitos son útiles cuando nacen desde la conexión, no desde la exigencia. Cuando se convierten en una oportunidad de crecimiento, no en una prueba de valor personal.
Este año, en lugar de imponerte la obligación de cambiar radicalmente, pregúntate:
“¿Qué puedo cuidar, fortalecer o continuar este año?”🏅
La salud emocional no se encuentra en grandes metas, sino en pequeños hábitos sostenibles que nos acercan, con calma, a una vida más plena.
Hoy el post va dedicado a un tema que está a la orden del día, pero pasa desapercibido para muchos, vivir en piloto automático. Vivir en automático es una estrategia natural del cerebro para ahorrar energía, aunque puede resultar menos funcional cuando domina la mayor parte del día y puede dificultar conectar con nuestras necesidades.
¿Cuántos de los lectores diría mientras lee esto, que su vida se rige por los automatismos y por la inercia del día a día?, ¿Cuánto tiempo dirías que eres consciente de tus pensamientos y en que tipo de pensamientos pones el foco?
Si la respuesta es poco tiempo o nada, podríamos decir que hay momentos en los que predomina el piloto automático, algo común en nuestro estilo de vida actual.
Actualmente tenemos una vida hiperestimulada haciendo rutinas como tareas de casa, trabajo, autocuidado (ejercicio físico, hobbies), recados, estudios, vida social, redes sociales, etc.. Con esta agenda tan apretada, aparecen formas de actuar que van teniendo repercusión en nosotros a la larga, pero no somos conscientes de ello hasta que llegamos a un nivel de estrés muy elevado o sentimos que el día a día no tiene sentido.
Ahora para hacer un breve ejercicio de introspección, pregúntate, ¿Cuál de estas cosas hago en mi día a día?:
Ir a los sitios con prisa
Estar pensando en todo lo que tengo que hacer después
Estar pensando en preocupaciones del mañana
Hacer varias tareas a la vez o también llamada multitarea (limpiar casa, mirar el móvil y cocinar, etc.)
Mirar el móvil nada más despertar
Mirar el móvil a lo largo del día de forma recurrente sin ningún objetivo aparente
Poner la tv para escuchar algo de fondo mientras hago algo
Pasar horas viendo series sin poner límites
Hacer “scroll” en redes sociales sin control del tiempo
Participar en conversaciones y estar pensando en otras cosas
Ir de actividad en actividad sin pausas
Tomar decisiones por inercia
Aceptar compromisos automáticamente sin revisar si tienes energía, tiempo o ganas
Comer rápido sin notar sabores, texturas o el nivel de saciedad, simplemente porque “toca comer”.
Realizar tareas de forma mecánica, como ducharte, maquillarte, hacer la cama o afeitarte sin estar presente en ninguna de esas acciones.
Si cumples muchas de estas acciones, puede ser un buen momento de autoobservación
¿Qué sucede internamente si voy en piloto automático?
Este estado de automatismos, aunque normal y adaptativo en muchas situaciones, puede tener efectos menos deseables cuando se mantiene de forma prolongada. Puede hacer que nos desconectemos de nosotros mismos y que pasen inadvertidas algunas señales importantes de nuestro bienestar. Nos sumergimos en las inquietudes del día a día para completar lo que teníamos previsto hacer, sin parar, sin observar, sin sentir, sin escucharnos.
Si en el día a día estoy haciendo todo este tipo de acciones sin poner la conciencia en mis necesidades y pensamientos, ¿qué puede surgir?
Pensamientos automáticos que a veces pueden no ser del todo útiles
Podemos pasar por alto nuestras necesidades de bienestar físico, cognitivo y emocional.
No disfrutamos de pequeñas acciones del día a día (saborear un café, tomar el sol 5 minutos, dar un paseo consciente, lavarse la cara, una ducha relajante tras la jornada, estiramientos, conversaciones con seres queridos, etc)
Falta de atención a nuestras acciones, emociones y deseos
Falta de satisfacción en el día a día
Sensación de desconexión de las personas de nuestro entorno
Aumento del estrés y sobrecarga emocional
¿Y tú, quieres seguir en piloto automático o quieres empezar a tomar más consciencia de tus necesidades y pensamientos?
El primer paso es descubrir una pequeña acción diaria que te haga sentirte presente y frene esa inercia del día a día por unos instantes. El segundo paso es de observar tus sensaciones fisiológicas y cognitivas, estas sensaciones son las que te irán dando información de qué ocurre en ti para ir descubriendo tus necesidades.
Si quieres aprender más sobre cómo gestionar el piloto automático en tu vida diaria y aprender a observar tu cuerpo para aumentar tu consciencia, puedes agendar una cita con el equipo Més Qué Salut para acompañarte en este proceso.
Entrevista de Ràdio: Els Jóvens i les seues Crisis Existencials després de la Universitat
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Toni: Bones vesprades a tots els oïdors. Hui ens acompanya Vicente, psicòleg especialitzat en acompanyament a jóvens adults, per a parlar d’un tema que afecta a moltíssims universitaris: eixes crisis existencials que sorgeixen just quan acaben la carrera. Vicente, benvingut al programa.
Vicente: Moltes gràcies, Toni. És un plaer estar ací i poder parlar d’algo tan important com este moment vital.
Toni: Vicente, comencem pel bàsic: a què ens referim exactament quan parlem de crisis existencial en esta etapa?
Vicente: El primer que vull deixar clar és que esta crisis no és una patologia ni un fracàs personal. És un moment de profunda reflexió sobre la vida, la identitat i el propòsit personal. Sorgeixen preguntes com “Quin és el sentit de la meua vida?” o “Qui sóc realment?”, i encara que puguen ser incòmodes, són absolutament necessàries per al creiximent.
Toni: És interessant eixe enfocament, perquè generalment es parla de les crisis com algo negatiu…
Vicente: Exacte, i eixe és precisament el canvi de perspectiva que necessitem. Esta crisis és, en realitat, un temps d’introspecció i canvi. És el moment en què els jóvens adults es paren a pensar: “Cap a on vull dirigir la meua vida?”. I això, encara que genere incertesa, és tremendament valuós.
Toni: Aleshores, diríem que és quasi un pas necessari per a madurar?
Vicente: Absolutament. És part del que el psicòleg Erik Erikson va anomenar la crisis d’identitat: un període en què la persona explora qui és i qui vol ser en el futur. Quan es resol de manera saludable, condueix a un sentit del jo més estable. El problema no és la crisis en si, sinó com decidim transitar per ella.
Toni: Hi ha fases identificables en esta crisis? És a dir, segueix un patró reconeixible?
Vicente: Sí, les investigacions han identificat quatre fases principals que molts jóvens travessen.
La primera fase és “Sentir-se atrapat”: acceptar les primeres responsabilitats adultes, com una relació seriosa, llogar un pis o triar una carrera professional. Això genera cert por a no poder canviar de rumb.
Toni: És com si la porta es tancara darrere de tu…
Vicente: Exacte. Després ve la segona fase: “Abandonament”. Molts jóvens se senten en una “falsa maduresa”: han acceptat responsabilitats, però no se senten percebuts com a adults. Aleshores sovint trenquen amb l’establit: canvien de treball, acaben relacions o tornen a casa.
La tercera fase és la “Solitud”, quan apareixen sensacions d’aïllament, però també comença l’exploració personal: nous interessos, amistats o projectes.
Toni: És com tocar fons per a poder impulsar-te…
Vicente: Just això. I finalment, la quarta fase: “Un nou jo”. Després d’eixa reevaluació, emergeix una persona més autèntica, segura i orientada. És important que sàpien que el procés és normal i que sempre té eixida.
Toni: Vicent, tu que treballes molt per ací, per la Marina Alta. Notes que este fenomen tinga particularitats a la nostra comarca?
Vicente: Sens dubte. A la Marina Alta tenim les nostres pròpies dinàmiques. D’una banda, la pressió de trobar una faena “de lo teu” en un entorn que de vegades és molt estacional o amb un teixit empresarial molt concret. I d’una altra, el gran dilema que mencionava abans: em quede prop de casa, a Dénia, a Xàbia, a Pego… o he d’anar-me’n a València, a Alacant o inclús a Madrid o a l’estranger per a desenvolupar la meua carrera?
Toni: El famós “dilema” entre la carrera i la terreta…
Vicente: Exacte. És un conflicte de valors brutal. Molts jóvens senten que han de triar entre la seua ambició professional i les seues arrels, la seua família, els seus afectes, la mar, el Montgó… I això afig una capa d’angoixa existencial enorme a la crisi. Se senten atrapats entre dos versions de si mateixos que pareixen incompatibles.
Toni: I això com s’aborda des de la teua perspectiva com a psicòleg?
Vicente: El primer és entendre que no és una decisió permanent ni definitiva. Molts jóvens pensen “si me’n vaig, és per a sempre” o “si em quede, estic renunciant a tot”. I la realitat és molt més flexible. Pots eixir, tornar, provar, experimentar. L’important és que la decisió siga des dels teus valors reals, no des de la por o la culpa.
També treballe molt el reconéixer que tots els camins tenen guanys i pèrdues. Si et quedes a la Marina Alta, guanyes proximitat, arrels, qualitat de vida. Si t’en vas, guanyes oportunitats, creixement professional, experiències noves. Cap opció és perfecta, i això està bé. Es tracta d’elegir conscientment què valors són prioritaris per a tu en este moment de la teua vida.
Toni: Molts jóvens em comenten que el més difícil és eixa sensació de no saber què passarà, la incertesa constant…
Vicente: És una experiència universal. El nostre cervell està programat per a protegir-nos, i davant del desconegut s’activa l’alarma de la por. Però ací està la clau: la incertesa no pot eliminar-se, només gestionar-se.
Practicar l’acceptació és fonamental. Acceptar no és resignar-se, sinó reconéixer el que no podem controlar i enfocar l’energia en el que sí està en les nostres mans: la nostra actitud, els nostres hàbits, les nostres decisions.
Tras la universidad, puede aparecer una crisis existencial ¿y ahora qué?
Toni: O siga, no es tracta de tindre totes les respostes, sinó d’estar bé sense tindre-les…
Vicente: Exactament. Aprendre a conviure amb la incertesa és confiar en què, encara que no ho sàpies tot, podràs manejar el que vinga. L’ansietat viu en el futur; tornar al present, al que sí podem fer ara, és una ferramenta poderosa.
Toni: Parlem de ferramentes concretes. Què pot fer un jove en mig d’esta crisis per a fortir-se?
Vicente: L’essencial és l’autoconeixement. Quan entenem qui som, es redueix la por a l’incert. Les persones que es coneixen bé tenen un món interior més estable i gestionen millor l’emoció, inclús quan l’entorn es balanceja.
Una pràctica eficaç és portar un diari personal: plasmar emocions, pensaments i objectius per a identificar patrons. També és important definir els valors personals: què és realment important per a tu, no per als altres. Tindre els teus cinc valors clau t’ajuda a prendre decisions alineades amb tu.
Toni: I algo que m’agrada del que dius és que no depén de ningú més.
Vicente: Exactament. Ací entra la responsabilitat emocional, que consisteix a reconéixer que les nostres reaccions són nostres. No culpem a l’entorn, entenem que podem modificar la nostra resposta. Eixa presa de responsabilitat és el que dóna llibertat i maduresa emocional.
Toni: Parles d’agafar les regnes de les pròpies emocions… això sona a autonomia.
Vicente: Així és. L’autonomia emocional implica desenvolupar autoestima, gestionar les emocions de forma conscient i mantindre una actitud positiva. Requerix practicar l’automotivació —trobar motius personals per a seguir avant— i l’autoeficàcia, que és creure en la teua capacitat per a adaptar-te als canvis i crear benestar des de tu mateix.
Toni: És una visió molt més activa, no de víctima.
Vicente: Justament. No es tracta d’esperar que canvien les circumstàncies, sinó de construir ferramentes internes per a respondre millor a elles. Eixe és el pas de la joventut a l’adultesa emocional.
Toni: Posem-nos pràctics. Si un jove ens escolta ara i pensa “això és exactament el que em passa”, per on pot començar hui mateix?
Vicente: Primer, qüestionar els pensaments catastròfics. Preguntar-te si les idees que tens es basen en fets o en pors. Segon, mantindre’t actiu: establir rutines, fer exercici o emprendre xicotets projectes. Tercer, recolzar-te en persones que et comprenguen. Les converses compartides alivien i ordenen la ment.
I si la sensació de bloqueig persistix durant setmanes, és important buscar ajuda professional. No perquè estigues trencat, sinó perquè a vegades necessitem una guia per a trobar les ferramentes adequades.
Toni: Per a anar tancant, com s’ix enfortit de tot això?
Vicente: Entenent que construir una identitat adulta no significa tindre totes les peces ordenades. Significa decidir per tu mateix amb base en els teus valors, encara que el camí no siga sempre clar. Suposa acceptar les teues contradiccions, entendre les teues emocions i comprometre’t amb el teu propi creixement.
Toni: És a dir, més que buscar estabilitat, es tracta d’aprendre a moure’s amb ella.
Vicente: Exactament. La crisis no destruïx, transforma. Qui travessa este procés amb consciència ix més sòlid, més autèntic i més alineat amb el que realment és. És el pas de “qui creia que havia de ser” a “qui realment sóc”.
Toni: Vicente, un missatge final per als oïdors que estiguen en mig d’esta etapa.
Vicente: Que recorden que això passarà. No estan perduts, estan creixent. Cada crisis és una oportunitat per a conéixer-se millor, redefinir prioritats i construir una vida més coherent.
Toni: Moltíssimes gràcies, Vicente, per ajudar-nos a mirar la crisis des d’un altre lloc.
Vicente: Gràcies a tu, Toni. I a qui ens escolta, recordeu: no es tracta de tindre totes les respostes, sinó de trobar les pròpies.
Toni: Amb eixe missatge ens acomiadem. La crisis no és el problema: és la porta. Bones vesprades!
Si percibes que tienes problemas de autoestima, y que necesitas ayuda psicológica, no dudes en contactar conmigo. Estoy contigo. Estoy aquí para escucharte.
La autoestima es una palabra que escuchamos con frecuencia, pero pocas veces nos detenemos a comprender su verdadero significado. A menudo la asociamos con “tener confianza” o “sentirse bien con uno mismo”, pero en realidad la autoestima es mucho más profunda: implica cómo nos percibimos, cómo nos valoramos y cómo nos tratamos en los distintos momentos de la vida.
Desde la psicología, se considera un componente esencial del bienestar emocional. Una autoestima sana actúa como una base sólida que nos permite afrontar los retos, establecer relaciones equilibradas y mantener una visión realista pero positiva de quiénes somos.
🪞1. ¿Qué es realmente la autoestima?
La autoestima puede entenderse como la evaluación afectiva que hacemos de nosotros mismos. No se trata solo de reconocer nuestras cualidades o limitaciones, sino de aceptarnos de manera incondicional, incluso cuando las cosas no salen como esperamos.
Carl Rogers, uno de los referentes en la psicología humanista, afirmaba que las personas necesitan sentirse valoradas y aceptadas tal como son para poder desarrollarse plenamente. Nathaniel Branden, por su parte, definió la autoestima como la suma de dos componentes: la autoeficacia (creer que somos capaces de afrontar los desafíos de la vida) y la autovalía (sentir que merecemos respeto y felicidad).
Una autoestima saludable no significa pensar que somos perfectos, sino mantener una relación realista, compasiva y respetuosa con nosotros mismos.
⚖️2. Mitos comunes sobre la autoestima
Existen varias ideas erróneas que pueden confundirnos:
“La autoestima se construye una vez y ya está.” La autoestima es un proceso dinámico. Puede variar según nuestras experiencias, etapas vitales o relaciones. Por eso, requiere atención y cuidado continuos.
“Tener autoestima es creerse mejor que los demás.” En realidad, la autoestima sana no necesita comparaciones;se basa en el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
“Solo las personas exitosas tienen buena autoestima.” La autoestima no depende del éxito externo, sino de la percepción interna de valía. Hay personas con grandes logros que se sienten inseguras, y otras con vidas sencillas que se valoran profundamente.
🌱3. Cómo se forma la autoestima
Nuestra autoestima se empieza a construir en la infancia, a partir de las experiencias con nuestras figuras de apego. El modo en que fuimos mirados, escuchados y valorados deja huellas profundas en la forma en que más tarde nos trataremos a nosotros mismos.
Las experiencias de éxito y fracaso, el tipo de mensajes que recibimos (“puedes hacerlo”, “no sirves para eso”…) y el ambiente emocional en el que crecimos contribuyen a moldear nuestro autoconcepto.
Ya en la vida adulta, la autoestima sigue desarrollándose a través del diálogo interno —esa voz con la que nos hablamos por dentro— y de nuestras relaciones. Si cultivamos un trato amable y realista con nosotros mismos, fortalecemos nuestro sentido de valía personal.
💡4. Cómo fortalecer una autoestima sana
Trabajar la autoestima no significa convencerse de que “todo está bien”, sino aprender a relacionarse con uno mismo de manera más consciente y compasiva.
Algunas claves psicológicas:
Coherencia interna: actuar de acuerdo con lo que pensamos y sentimos refuerza la autoestima, porque nos sentimos auténticos y congruentes.
Autoconocimiento: reconocer nuestras fortalezas, limitaciones y valores. Cuanto más nos conocemos, menos dependemos de la aprobación externa.
Autocompasión: practicar la amabilidad hacia uno mismo cuando cometemos errores. La psicóloga Kristin Neff ha demostrado que la autocompasión favorece la resiliencia emocional.
Evitar comparaciones: cada persona tiene su propio ritmo y contexto. Compararse constantemente solo alimenta la inseguridad.
❤️ En conclusión
La autoestima no es un destino al que se llega, sino un camino que se recorre cada día. No siempre nos sentiremos seguros o satisfechos, y eso está bien: la clave está en aprender a tratarnos con respeto, paciencia y empatía incluso en los momentos difíciles.
Cultivar una autoestima sana es, en definitiva, aprender a ser nuestro propio refugio, a escucharnos sin juicio y a valorarnos por quienes somos, no solo por lo que logramos.
Si percibes que tienes problemas de autoestima, y que necesitas ayuda psicológica, no dudes en contactar conmigo. Estoy contigo. Estoy aquí para escucharte.
El eje intestino-cerebro: como afectan las emociones a tu sistema digestivo
El sistema digestivo tiene el sistema nervioso entérico, también llamado el “segundo cerebro”, el cual está compuesto por más de 100 millones de neuronas. Este sistema se comunica constantemente con el cerebro a través del nervio vago, formando el eje intestino-cerebro. Esta conexión permite que las emociones influyan en la función digestiva y viceversa.
Emociones como el estrés, la ansiedad o la tristeza pueden alterar la motilidad intestinal, la secreción de enzimas y la composición de la microbiota, desencadenando síntomas como dolor abdominal, distensión, diarrea o estreñimiento.
Por ejemplo, el estrés crónico puede afectar a la función del nervio vago, lo que puede llevar a problemas digestivos cómo el síndrome del intestino irritable (SII), la dispepsia y la inflamación intestinal.
😟 ¿Cómo afectan las emociones al sistema digestivo?
Las emociones intensas pueden manifestarse físicamente en el sistema digestivo. Emociones como la ira, la cólera o la frustración se asocian con incrementos de la actividad estomacal, especialmente si no se expresan adecuadamente. Por otro lado, estados depresivos y el miedo pueden disminuir la actividad del estómago.
Además, el estrés tanto físico como psicológico es uno de los principales factores que afecta a nuestra microbiota y a la permeabilidad intestinal, produciendo una alteración que facilita el paso hacia la sangre de partes de bacterias, toxinas o alimentos a medio digerir, generando una cascada de inflamación que puede influir incluso en el estado de ánimo.
Esta relación entre intestino y emociones ha dado lugar al campo de la psiquiatría nutricional, que estudia cómo los cambios en la dieta o en la microbiota pueden modular la ansiedad y la depresión mediante los llamados psicobióticos que son unos probióticos que actúan sobre el eje intestino-cerebro (profundizaremos en próximos posts sobre este microorganismo y su relación con la salud mental)
🧘♀️ Estrategias desde la psicología clínica
Es importante saber que existe una autopista directa entre el intestino y el cerebro. Esta conexión bidireccional implica que lo que piensas y sientes puede afectar a tu digestión, y a su vez, el estado de tu sistema digestivo puede influir en tu estado emocional. El primer paso es tomar conciencia de esta relación para regularla.
Escucha tu cuerpo (y tu tripa)
Aplica técnicas como el body scan (escaneo corporal) para aprender a identificar cómo se manifiestan tus emociones en el cuerpo –tensión, opresión abdominal, cambios en el apetito o tránsito intestinal– para así anticipar desequilibrios. También te puede servir un diario de sensaciones digestivas y emociones para establecer patrones entre lo emocional y lo físico.
Regula tu sistema nervioso, activa tu nervio vago
El nervio vago actúa como puede entre el sistema digestivo y el cerebro. Realizar actividades como la respiración diafragmática, la meditación, el yoga suave o incluso cantar y tararear estimulan este nervio. Esto favorece la digestión y reduce la reactividad emocional.
Cuida tu microbiota: lo que comes también afecta cómo te sientes
La calidad de tu alimentación tiene un impacto directo con el estado de tu microbiota, la cual influye en la producción de neurotransmisores como la serotonina o el GABA. Puedes mejorar tu equilibrio emocional reduciendo alimentos ultraprocesados, añadiendo probióticos (yogur natural o kéfir) y aumentando el consumo de fibra.
Expresa tus emociones
La represión emocional principalmente de la rabia o tristeza, puede traducirse en síntomas físicos persistentes. Para ello se recomienda aprender habilidades de regulación emocional y comunicación asertiva, se ha visto en terapia que estas disminuyen el riesgo de cronificación de trastornos como el síndrome del intestino irritable (SII)
Recuerda: cuidar tu salud digestiva es también cuidar tu bienestar emocional. La conexión intestino-cerebro no es solo ciencia, sino una invitación a tomar conciencia corporal: a escucharte, nutrirte y reconocer que tu mente y tu cuerpo están muy ligados entre sí. Lo que ocurre en tu sistema digestivo puede ser un reflejo de cómo estás viviendo emocionalmente. Cultivar equilibrio emocional, respirar con calma y comer con presencia es también una forma de autocuidado y sanar desde dentro.
Vivimos en una época de acceso ilimitado a la información y al entretenimiento, y la pornografía no es una excepción. Aquí, en nuestra comarca, desde el Montgó hasta el Peñón de Ifach, muchas parejas se preguntan en silencio cómo este consumo afecta a su vida íntima. ¿Es un aliado para la pasión o un enemigo silencioso que genera distancia?
La realidad es que no hay una respuesta única. El impacto del porno en tu satisfacción sexual y en tu relación es un laberinto con muchas salidas, y depende de factores tan personales como el género, si lo ves a solas o en compañía, y la comunicación que mantienes con tu pareja. Vamos a desmitificar este tema tan común en las consultas de psicología de Dénia, Jávea y toda la comarca.
Lo que aprenderás en este post
Por qué el porno no afecta de la misma manera a hombres y a mujeres.
La diferencia radical entre consumir contenido para adultos en solitario y hacerlo en pareja.
Las señales de alerta que indican que el consumo podría estar dañando tu relación.
Cómo las expectativas creadas por el porno pueden chocar con la realidad de tu dormitorio.
Estrategias para hablar sobre este tema con tu pareja y fortalecer vuestra conexión.
Preguntas respondidas en este contenido
¿Ver porno reduce la satisfacción sexual en los hombres?
¿Las mujeres que ven porno tienen más deseo sexual?
¿Ver porno juntos como pareja es beneficioso?
¿Puede el porno causar problemas de erección o eyaculación?
¿Cómo sé si el consumo de porno es un problema para mi relación?
Hombres y Mujeres: Dos Realidades Diferentes Frente al Porno 🚻
Una de las conclusiones más firmes que arroja la psicología es que el género juega un papel crucial. El “cómo” y el “porqué” del consumo de porno son distintos, y sus consecuencias también.
Para ellos: ¿Un camino hacia la insatisfacción? 📉
Los estudios son bastante consistentes: en los hombres, un mayor consumo de pornografía en solitario suele estar ligado a una menor satisfacción sexual. ¿Por qué ocurre esto?
Expectativas irreales: El porno muestra escenarios y cuerpos a menudo inalcanzables. Esta comparación constante puede hacer que la realidad parezca “menos emocionante”, generando frustración. La teoría de la autodiscrepancia lo explica muy bien: la brecha entre el sexo idealizado del porno y tu experiencia real puede minar tu satisfacción.
Impacto en la relación: No solo afecta a nivel personal. Se ha observado que puede llevar a una menor satisfacción con la relación en general e incluso a una disminución del deseo sexual en sus parejas femeninas.
Función sexual:En hombres jóvenes (menores de 40), un consumo elevado se ha asociado con dificultades como la disfunción eréctil o la eyaculación retardada durante el sexo en pareja. Es como si el cerebro se acostumbrara a un estímulo muy intenso que luego es difícil de replicar en un encuentro real y emocional.
“Aproximadamente el 43% de los hombres consumen pornografía sin que su pareja lo sepa, lo que puede crear una brecha invisible en la comunicación y las expectativas sexuales”.
Para ellas: ¿Más deseo y menos drama? 📈
En el caso de las mujeres, el panorama es diferente. Las investigaciones muestran que el consumo de porno no parece tener una relación negativa significativa con su satisfacción sexual. De hecho, en algunos casos, se asocia con un mayor deseo sexual personal.
Esto podría deberse a que, generalmente, las mujeres tienden a un uso menos compulsivo y a integrar mejor este contenido en su sexualidad, ya sea para explorar fantasías o para entender mejor sus propios gustos.
A Solas vs. En Compañía: El Contexto lo Cambia Todo 👥
Aquí está la clave del asunto. No es solo qué ves, sino cómo y con quién.
El consumo individual: El riesgo del secretismo 🤫
Cuando el porno se consume a solas y, sobre todo, a escondidas de la pareja, es cuando surgen la mayoría de los problemas. Este secretismo puede ser una bomba de relojería para la confianza, la base de cualquier relación sólida, ya sea en el Portet de Moraira o en el centro de Ondara. Genera distancia, malos entendidos y una desconexión emocional que se traslada a la cama.
El consumo en pareja: Una puerta a la comunicación 🤝
En cambio, cuando una pareja decide explorar junta la pornografía, los resultados suelen ser mucho más positivos. ¿Por qué?
Fomenta el diálogo: Abre un espacio seguro para hablar de gustos, límites y fantasías. “¿Te gustaría probar esto?”, “¿Qué te parece aquello?”.
Aumenta la complicidad: Se convierte en una actividad compartida, un juego más dentro de la relación, en lugar de un secreto.
Inspira nuevas ideas: Puede servir como una fuente de inspiración para salir de la rutina y explorar nuevas facetas de vuestra sexualidad.
Para muchas parejas de la Marina Alta, agobiadas por el estrés del trabajo y la rutina, esta puede ser una herramienta para reconectar, siempre que se haga desde el acuerdo y el respeto mutuo.
¿Cuándo el consumo se vuelve un problema? 🚩 Señales de alerta
No todo consumo es problemático. La frecuencia importa. Solo los niveles más altos (varios días a la semana) se asocian de forma clara con efectos negativos. Sin embargo, más allá de la cantidad, debes prestar atención a estas señales:
Lo ocultas y sientes culpa o vergüenza si tu pareja te descubre.
Necesitas contenido cada vez más extremo para excitarte.
Afecta a tu vida diaria, a tu trabajo o a tus responsabilidades.
Tu pareja te ha expresado su malestar al respecto y sigues haciéndolo.
Si te identificas con varios de estos puntos, quizás sea el momento de reflexionar y, si es necesario, buscar apoyo. Un psicólogo especializado en terapia de pareja en la Comunidad Valenciana puede ofrecerte las herramientas necesarias para gestionar la situación.
Conclusión: La Comunicación es la Verdadera Clave del Placer 💬
El porno no es intrínsecamente “bueno” o “malo”. Es una herramienta, y su impacto depende de cómo la usemos.
La evidencia sugiere que para los hombres, el consumo solitario y frecuente puede ser un factor de riesgo para la insatisfacción sexual y relacional. Para las mujeres, los efectos son menos claros y a menudo neutros o incluso positivos.
La gran lección es que la comunicación abierta y la negociación dentro de la pareja son el antídoto más poderoso contra los posibles efectos negativos. Ver porno juntos puede ser una experiencia que os una, mientras que hacerlo a escondidas puede levantar muros.
Si sientes que este tema está causando fricción en tu relación y vives en la Marina Alta, no esperes a que la distancia sea insalvable. Dar el paso de buscar una terapia de pareja en Dénia, Jávea, Calpe o alrededores puede ser la mejor inversión para recuperar vuestra intimidad y bienestar.
FAQ: Preguntas Frecuentes sobre Porno y Relaciones
¿El porno es una adicción?
Aunque se debate mucho, el consumo problemático de pornografía comparte características con las adicciones conductuales, como la pérdida de control y las consecuencias negativas. No se trata de demonizarlo, sino de entender cuándo su uso deja de ser saludable.
¿Cómo puedo hablar de esto con mi pareja sin que se ponga a la defensiva?
Elige un momento tranquilo y habla desde tus sentimientos, usando frases como “Me siento…” en lugar de “Tú haces…”. Enfoca la conversación en vuestra conexión y en cómo fortalecerla, no en la culpa.
Si a mí me gusta y a mi pareja no, ¿tenemos un problema?
No necesariamente. Como en todo, se trata de negociar y encontrar un punto medio. La clave es la comunicación honesta y el respeto por los límites y sentimientos del otro.
Normalmente en este blog traemos contenido de psicología explicando diferentes problemáticas: ansiedad, problemas de pareja, depresión… pero hoy te traemos algo distinto. Vamos a enseñarte un poco las tripas del proceso terapéutico -nada denso, no queremos que te aburras-, de cómo superar la cocaína con terapia y cómo procedimos para conseguir mejorar la situación de esta persona que acudió en busca de ayuda psicológica1.
El inicio
Laura es madre de dos hijos, uno de ellos llamado David. Acude a consulta compungida por la situación en la que se encuentra su hijo. David está en una situación límite, encerrado en su casa de Torrent -donde vivía con su ex pareja- consumiendo cocaína sin control, de manera solitaria.
No trabaja, no sale de casa, no realiza ningún tipo de actividad, solamente estar en el sofá y pasar el día consumiendo cocaína. Laura solicita ayuda para poder gestionar la situación y también para motivar a David a que entre en un proceso terapéutico que pueda ayudarle.
Comenzamos las sesiones para realizar el análisis funcional de la situación (no solo individual, sino también contextual) para poder tener una guía terapéutica.
La génesis del problema
Laura tiene un rasgo de personalidad (o patrón de conducta, para los puristas) que en ocasiones, puede tornarse un problema: aparentar que siempre está bien. Con ésto, Laura ha ido superando las vicisitudes y problemas que le ha ido planteando la vida, siempre poniendo buena cara, siempre mostrando una sonrisa.
Este patrón, ha hecho que Laura sea un miembro muy querido en su familia, reportándole amor y cariño, a costa de guardarse para si el sufrimiento, llevarlo por dentro.
¿Genética o aprendizaje?
Tanto David como su hermano han estado -y están- muy unidos a su madre, y esto ha hecho que sin querer -y entre otras cosas- hayan aprendido2 este mismo patrón, pero… digamos, como en una receta, han aportado su toque. El comportamiento en David, no es exactamente igual que el de Laura, es decir, David no trata continuamente de sonreír o estar bien. Pero sí ha aprendido a no expresar.
En David, este patrón, se tradujo o expresó en un exceso de evitación de situaciones difíciles, pero sin sonrisa. La sociedad lo entendería como cobardía o persona poco fiable. Básicamente, cuando la vida se complica, David calla y sale huyendo3. Esto genera un bucle de malestar, en el que David, cada vez, y a medida que se acumulan los problemas, va sintiéndose peor y peor.
Esto genera que el malestar se vaya acumulando, y así llegan los momentos de desborde emocional en los que David se ve superado por la situación, activándose la respuesta de evitación (consumo de cocaína) para poder tolerar el malestar interno.
Terapia con David: las claves
Como no podía ser de otra manera, el eje central de la terapia se centra en David. El caso (aunque no lo parezca) tiene buenos predictores que indican que hay altas probabilidades de que salga bien, uno de estos puntos es sin duda la actitud de David.
A lo largo de nuestra experiencia, hemos notado que buen predictor del éxito/fracaso de los casos es la actitud con la que llega el cliente/paciente a la terapia. La actitud (en todas las terapias, pero en las terapias con sustancias/cocaína especialmente) puede llegar desde un extremo negativo: “yo vengo pero que sepas que no creo en los psicólogos y que a mi no me hace falta” hasta el otro extremo positivo: “vengo porque reconozco que tengo un problema y voy a poner todo para solucionarlo”.
David viene con la actitud del extremo positivo, y sin duda fue algo que se notó desde el principio.
Existen otros factores que pueden ayudar a una buena adherencia, y siempre tratamos de ponerlos en marcha.
¿Por qué es tan importante el espíritu o actitud con el que se entra a terapia?
Una serie de meta-análisis confirman que la actitud positiva del paciente, específicamente su expectativa de que la terapia le ayudará (conocido como “expectativas de resultado”), es un predictor significativo y consistente del éxito terapéutico. Los pacientes que inician la terapia creyendo que será efectiva no solo se adhieren más al tratamiento, sino que forjan una mejor alianza con su terapeuta y, en última instancia, obtienen mejores resultados. La mente del paciente no es un espectador pasivo, es un agente activo del cambio.
La transformación de David: de la evitación a la acción
La terapia se centró en dotar a David de herramientas para afrontar el malestar: asertividad, gestión de emociones y un plan de ruta de recuperación. Por supuesto, las habilidades terapéuticas tales como acompañamiento, no juzgar y escucha activa también están presentes.
Se observa un progreso exponencial en su capacidad para expresar emociones y pedir ayuda, correlacionado con una drástica reducción del riesgo de recaída.
En pocas sesiones, David fue capaz de poner en práctica las herramientas proporcionadas, generando una mejora significativa de su estado emocional, psicológico y siendo capaz de gestionar situaciones que, en otro momento de su vida, le hubiesen desbordado. Por fin, la cocaína está quedando atrás.
El proceso paralelo con Laura
En ningún momento del proceso nos olvidamos de Laura. Paralelamente -y aunque el foco se centraba en David-, se realizaba un trabajo en sesiones individuales con Laura, con el ánimo de modificar el patrón “estar siempre bien”.Esta actuación resulta clave para que Laura influya de manera positiva en la recuperación de David, y de paso, romper/modificar una dinámica familiar disfuncional.
Cabe aclarar, querido lector, que no debe llegarse en ningún momento a la conclusión de que Laura generó o fue la causante de la adicción a la cocaína de David. Esta dinámica familiar es a todas luces insuficiente para generar un trastorno de ese tipo, y debe ser entendida y contextualizada junto a otra serie de factores.
El trabajo que se realiza con Laura también es significativo y potente:
Romper el rol de “madre salvadora”.
Diversificar afecto: su bienestar no puede depender del estado de David. El nucleo familiar va más allá de éste, y también merece ser atendido y disfrutado.
Aprender a poner límites.
Trabajar la culpa.
Actuar de enlace con el entorno familiar: Aunque no se realizan sesiones en formato familiar, sí que se realiza psicoeducación con Laura de cómo actuar ante una potencial recaída, explicar cómo funcionan los procesos adictivos, trabajar asertividad, y comunicar con la familia el estado del proceso terapéutico, entre otros.
No debe llegarse en ningún momento a la conclusión de que Laura generó o fue la causante de la adicción a la cocaína de David.
Conclusión: superar la cocaína con terapia
Este es un ejemplo de lo que podríamos decir caso ideal. Que realmente no es el más común. Pero sirve para ejemplificar que a veces, hay que tocar, explorar e intervenir en detalles de la vida de la persona, más allá de la persona en sí. Analizar sus sistema y observar, ayuda en la mayoría de los casos a encontrar puntos clave que pueden desbloquear dinámicas negativas y positivas subyacentes en el contexto, para así permitir avances y romper bloqueos3.
Notas
Los nombres de las personas que aparecen en el caso han sido alteradas, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.↩︎
El aprendizaje vicario, o aprendizaje por observación, es un concepto revolucionario en psicología que demuestra que no necesitamos experimentar algo directamente para aprenderlo. Simplemente observando las acciones de los demás y las consecuencias que estas tienen, nuestro cerebro extrae lecciones, adquiere nuevas habilidades y ajusta nuestro propio comportamiento futuro. Es el mecanismo silencioso que nos permite aprender desde cómo usar los cubiertos hasta complejas habilidades sociales, todo a través de la atenta mirada a nuestro entorno.↩︎
La reacción de evitación es una respuesta natural e instintiva que todos los seres humanos poseemos en nuestro repertorio de conductas, pero en el caso de David, esta respuesta está hipertrofiada, osea, la usa en exceso, incluso en situaciones que no sería necesaria.↩︎
En el momento que se escribe la entrada David lleva muchos más días de abstinencia de los que aparecen en la imagen (86+). La entrada no se ha realizado de manera contemporánea con el caso para proteger identidades y posibles identificaciones.↩︎
📲En la era digital, Instagram, TikTok y otras redes sociales han convertido nuestra pantalla en una vitrina de vidas aparentemente perfectas. Imágenes editadas, filtros y poses cuidadosamente seleccionadas pueden hacer que la realidad parezca inalcanzable, lo que puede influir negativamente en nuestra autoestima y percepción personal.
El uso masivo de filtros, aplicaciones de edición y ángulos estratégicos en las fotos crea una narrativa visual que no siempre refleja la verdad. Además, las imágenes en estas plataformas tienden a resaltar ciertos rasgos físicos considerados “ideales” por la sociedad, lo que refuerza estereotipos de belleza poco realistas.
Es por ello, que la exposición constante a estos estándares pueden tener repercusión en diversos aspectos que te voy a contar a continuación:
¿Cómo afecta eso a nuestra percepción personal y autoestima? 🤔
Distorsión de la realidad 🪞
Las herramientas de edición y los filtros permiten modificar la apariencia, creando versiones idealizadas de las personas. Esto altera la percepción de la belleza y establece expectativas poco realistas. Como resultado, muchas personas experimentan insatisfacción con su propia imagen, sintiendo que no cumplen con los estándares que ven en redes. Estudios han señalado que la exposición a estos ideales irreales puede contribuir a la baja autoestima y aumentar el malestar emocional.
Comparación constante y sus efectos ⚖️
Las redes fomentan la comparación social, donde los usuarios miden su vida en función de la de los demás. Este fenómeno afecta la autopercepción y el bienestar emocional, pudiendo generar ansiedad, frustración y depresión. Al ver solo los aspectos positivos de la vida ajena, muchas personas experimentan sensaciones de insuficiencia y desvalorización.
Perfeccionismo y autoexigencia extrema 🎭
El deseo de encajar en estos estándares puede llevar a conductas obsesivas, como la necesidad de editar constantemente las propias fotos, evitar mostrar imperfecciones y depender de la validación externa en forma de “me gusta” y comentarios. Esta autoexigencia extrema puede derivar en estrés, ansiedad social e incluso aislamiento.
Medidas para proteger nuestra autoestima en RRSS 🫂
Conciencia digital: Realidad vs. Ficción 📲
Es importante aprender a diferenciar entre contenido auténtico y editado en redes sociales:
Diversifica tus follows 🔄
Sigue cuentas que te inspiren positivamente, fomenten la diversidad corporal y promuevan la autoaceptación. También es recomendable seguir contenido variado (arte, ciencia, bienestar) y personas con diferentes perspectivas para ampliar nuestra visión del mundo.
Limpieza digital 🧹
Revisa a quién sigues y quién te sigue: Elimina perfiles que generen negatividad o presión social.
Elimina publicaciones antiguas que ya no representen quién eres.
Ajusta tu configuración de privacidad para gestionar quién puede acceder a tu contenido y así mantener un entorno digital más seguro y cómodo.
Establece límites de uso digital ⏳
Desconéctate en momentos clave , como durante las comidas o antes de dormir.
Establece tiempos sin pantallas para actividades recreativas y de bienestar.
Utiliza herramientas de gestión del tiempo en redes para evitar el uso excesivo.
Mindfulness digital 🧘
Antes de abrir una app, pregúntate por qué lo haces y qué esperas obtener.
Desactiva notificaciones para reducir distracciones y evitar la ansiedad digital.
Planifica descansos digitales periódicos para reducir la dependencia de las redes.
🌍Si bien las redes sociales pueden ser herramientas valiosas de comunicación y entretenimiento, su uso sin control puede impactar negativamente en nuestra autoestima y bienestar emocional. 💡Es fundamental adoptar una perspectiva crítica, aprender a diferenciar la realidad de la ficción y priorizar nuestra salud mental sobre la validación externa.
Cuidar nuestra relación con las redes sociales no significa abandonarlas, sino usarlas de manera consciente y equilibrada para que contribuyan a nuestro bienestar en lugar de afectarlo.
La ansiedad, realmente, es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante una posible amenaza o peligro. Es como una alarma interna que se activa (a veces sentimos que con mucha fuerza) cuando percibimos que algo puede salir mal.
Y a pesar de que a menudo se asocia con algo negativo, en realidad la ansiedad es una emoción útil: nos prepara para reaccionar ante situaciones de riesgo o incertidumbre (por ejemplo, para escapar de un peligro o prepararnos para un examen importante).
🔄️¿Cómo funciona la ansiedad?
Percepción de una amenaza Algo (real o imaginado) se interpreta como una posible amenaza: un examen, una entrevista, una discusión, o incluso un pensamiento.
Al percibir la amenaza, se activa del sistema nervioso El cerebro —especialmente una parte llamada amígdala— envía señales al cuerpo para prepararse y enfrentar ese peligro, sucediéndose una serie de reacciones como:
taquicardia (el corazón se acelera)
se tensan los músculos
se hace más difícil respirar profundamente
se produce más sudor
Por lo tanto, se produce la que se conoce como respuesta de lucha o huida (en inglés conocida como“fight or flight”).
Pensamientos ansiosos La mente tiene mucho poder en este tipo de situaciones, guiada por el miedo, y empieza a generar pensamientos como:
“¿Y si me va mal?”
“¿Y si no soy capaz?”
“¿Y si pasa algo horrible?”
Estos pensamientos, a su vez, aumentan la ansiedad: y se forma un círculo vicioso.
Conductas de evitación Muchas veces, para reducir esa sensación desagradable, evitamos la situación (por ejemplo, no vamos a la entrevista). Esto nos alivia la ansiedad momentáneamente, a corto plazo, pero la mantiene o la empeora a largo plazo…
⚖️¿Cuándo se vuelve un problema?
La ansiedad se vuelve problemática cuando:
Es muy intensa o frecuente
Aparece sin una razón clara
Interfiere en nuestra vida diaria (trabajo, relaciones, sueño, salud, etc.)
‼️La mayor problemática probablemente es que, hoy en día, la ansiedad aparece más por amenazas imaginarias que reales.
Mientras que nuestro cerebro evolucionó para detectar peligros físicos inmediatos (como un animal salvaje o una pelea), hoy en día vivimos en un mundo mucho más complejo y mental.
👉 Antes:
La amenaza era real, visible y presente: un depredador, una guerra, hambre.
El cuerpo reaccionaba, resolvía (luchando o huyendo), y la ansiedad bajaba.
👉 Hoy:
Las “amenazas” son abstractas, sociales o futuras:
¿Y si pierdo mi trabajo?
¿Y si no gusto?
¿Y si enfermo?
¿Y si todo sale mal mañana?
Estas amenazas no están ocurriendo en este momento, pero nuestro cerebro las percibe como si fueran reales y actuales. Por eso la ansiedad se activa igual que si estuviéramos en peligro.
🌀 Esto genera un problema, de modo que:
Vivimos en la mente, anticipando cosas que no han pasado (y en la mayoría de ocasiones, ni pasarán)
No hay “acción física” que alivie la ansiedad como antes (no hay nada contra lo que luchar ni de lo que huir)
Entonces, la ansiedad se mantiene o se intensifica con pensamientos, preocupaciones, dudas, y evitaciones
🛠️ ¿Cómo podemos aprender a gestionarla?
No hay una técnica mágica que funcione por igual para todos, ni que sea inmediata.
Terapia cognitivo-conductual (TCC): Teniendo en cuenta que acabamos de explicar que hoy en día la mayoría de los motivos que generan ansiedad son mentales e imaginarios, ayudar a cambiar los pensamientos y conductas que alimentan la ansiedad es imprescindible. Este tipo de terapia, acudiendo a un profesional, te ayudará también a detectar y cambiar los pensamientos ansiosos, te enseñará técnicas de mindfulness,… además de el resto de técnicas que te expongo a continuación.
Respiración y relajación: Calman el sistema nervioso. La respiración diafragmática es una técnica ampliamente utilizada, ya que cuando estás ansioso, tu respiración se vuelve más rápida, superficial y torácica (desde el pecho), lo que refuerza la sensación de alarma. En cambio, si respiras de forma lenta y profunda desde el abdomen, activas el sistema nervioso parasimpático, que calma el cuerpo: le envías al cerebro una señal de que “no hay peligro”, cortas el ciclo de ansiedad física-mental.
Ejercicio físico: regula el estrés y mejora el estado de ánimo.
Exposición gradual: enfrentarse poco a poco a lo que da miedo, sin evitarlo.
En algunos casos, medicación: recetada por un profesional.
Si crees que necesitas ayuda para manejar la ansiedad, no dudes en contactarnos. Te escuchamos.
Entre otras cosas, el psicólogo Carl Gustav Jung formuló una teoría sobre la personalidad, en la que en dos de sus extremos, podíamos encontrar la introversión y la extraversión.
Gráfica en cuyos extremos se encuentran la introversión, y la extraversión, dejando ver diferentes grados entre ellos.
Jung decía que el introvertido suele dirigir su energía hacia “dentro”, y el extrovertido hacia “fuera”. Más allá de lo social, para él la introversión y la extraversión no eran más que diferentes maneras que tienen las personas de reaccionar a la estimulación. Y con estimulación se refería a los fenómenos subjetivos como el pensamiento y la imaginación, o con los objetos externos a uno mismo (lo que hay o lo que pasa a nuestro alrededor). Siendo así, cómo te relaciones con ambas cosas determinaría, para él, si eres introvertido, o extrovertido. Explicado a grandes rasgos.
Las personas introvertidas son las que prefieren explorar su propia vida mental, y las extrovertidas se sienten más estimuladas por lo que sucede a su alrededor. Los dos extremos son opuestos; azul y rojo. Aunque por suerte, en nuestra vida todo es mucho más fluido, y según las diferentes circunstancias vitales que estemos atravesando, podemos movernos entre el resto de porcentajes; celeste, verde, amarillo, o naranja.
La sociedad en la introversión y en la extroversión 🤔
Pero si Jung parecía explicar esto simplemente como un modo de interacción humana tanto con nosotros mismos como con nuestro entorno, ¿en qué momento empezó la sociedad a “recriminar” la introversión y a “animar” la extroversión”?
Hoy en día, fácilmente se asignan palabras a la persona introvertida como aburrida, tímida, miedosa, prudente, pensativa, solitaria…
¿No te parecen calificativos con una connotación más bien negativa?
Mientras tanto… los que suelen rodear a la persona extrovertida son espontánea, divertida, alegre, aventurera, despreocupada, amigable…
Con una connotación más bien positiva.
Da la sensación de que un introvertido no puede ser ninguno de los adjetivos que califican a las personas extrovertidas,… y también viceversa.
No pretendo decir, ni mucho menos, que esto sea una realidad universal y que todo el mundo piense así. Pero tal vez, tras leer esto, os resuenen un poco algunos comentarios en la cabeza. Sobre todo si os identificáis más con un rasgo que con otro.
La sociedad y la introversión📖
La sociedad hoy en día parece valorar ciertas cosas como la sociabilidad, la rapidez para hablar, el carisma, la participación constante cuando quizá nos encontramos en un grupo… lo que puede llegar a hacer sentir a la persona introvertida incomprendida, pues ellas tienden más a observar, escuchar y pensar antes de hablar…
Siendo esta su forma de actuar, a veces se peca de interpretar su silencio como desinterés, apatía, frialdad, o incluso en ocasiones con arrogancia, cuando los introvertidos sencillamente pueden estar centrándose en escuchar e integrar toda la información.
Como mencionaba también al principio de este post, tienen un gran interés por su mundo interior, con lo cual suelen tener una gran profundidad emocional, pero acostumbran a ser algo más reservados al exteriorizarla, lo que a menudo nos puede hacer pecar de verlos como personas que son “difíciles de leer” o distantes emocionalmente hablando.
A parte de todo esto, quizá el gran hándicap para ellos es enfrentarse a la probablemente constante presión para socializar. Esto puede agotar a una persona introvertida, pues para ellos es imprescindible recargar su energía en soledad o en interacciones uno a uno o con poquitas personas, aunque a menudo esto tampoco suele respetarse demasiado, pues a veces parece que es extraño ver que una persona puede disfrutar su tiempo en soledad.
La sociedad y la extroversión🎉
No obstante, y a pesar de que en el penúltimo punto a priori parece que la peor parte se la han llevado los introvertidos, los extrovertidos también tienen que enfrentarse a grandes estigmas y prejuicios en cuanto a su forma de ser (a pesar de que la sociedad parezca valorar más la sociabilidad), como por ejemplo:
A menudo a las personas extrovertidas se las puede tachar de invasivas, superficiales o incluso intensas… sobre todo por las personas más reservadas. Cuando en realidad su forma de actuar es guiada más bien desde el entusiasmo y la energía. Esta asociación injusta con la superficialidad parece asociarse directamente con la incapacidad para tener conversaciones profundas o momentos de introspección, algo que en realidad pueden hacer, aunque quizá vaya más ligado con el hacerlo a través de los demás.
Acostumbran a tener una necesidad más alta de hablar e interactuar con los demás. Pueden llegar a pensar en voz alta o incluso a procesar ideas mediante el diálogo, algo que puede ser visto como impulsividad, falta de filtro, o incapacidad de respetar los silencios.
Esta misma necesidad de hablar y socializar a menudo va acompañada de prejuicios como “quieren llamar la atención”, o “no saben estar solos”, cuando de la misma manera que una persona introvertida necesita la soledad para “recargar la pila”, las personas extrovertidas necesitan la estimulación externa para recargar la suya y equilibrarse emocionalmente.
Dicho todo esto, además su comportamiento va más dirigido a proponer planes, conversar con entusiasmo o tratar de animar a los demás, y a veces, si los demás no responden de la misma forma, y además hay algo de prejuicio de por medio, pueden llegar a experimentar una sensación de soledad (incluso rodeados de gente).
Ni comparar, ni diferenciar🫂
No obstante, el objetivo de este post no es hacer mayor la distinción entre unos y otros, como tampoco lo es comparar. Sino intentar hacer un llamamiento a la comprensión desde la breve exposición de que al final todos, seamos como seamos, tenemos nuestras historias, nuestras heridas… , y podemos sentirnos incomprendidos por ciertas cosas.
Siendo esto así, suena bien trabajar el no juzgar, y fomentar la idea de que todos podemos aprender de todos, pues al final no es bueno mantenernos en los extremos. Así que tal vez el introvertido puede aprender grandes cosas del extrovertido, del mismo modo que el extrovertido puede aprender grandes cosas del introvertido.
Si te has sentido identificado/a con algo de lo escrito en este post, o hay algo que te genere malestar, no dudes en pedir ayuda. Estamos aquí para ayudarte.
Imagina que estás en una cafetería charlando con tu amigo que estudia psicología. De repente, recuerdas que has leído un post sobre el máximo potencial y le sueltas: “¿Sabías que solo usamos el 10% del cerebro?”. Tu amigo psicólogo, con una sonrisa amigable, responde: “Eso es un neuromito, colega. En realidad, utilizamos todo nuestro cerebro. Es una creencia popular muy extendida, pero no tiene base científica.”
🔍 Cómo se crea y mantiene un neuromito: La fábrica de mitos educativos
📌 Origen: Todo empieza con un estudio científico real… pero malinterpretado. Por ejemplo, en los 60, experimentos con ratas en jaulas “enriquecidas” se usaron para justificar la sobreestimulación infantil👩🔬. Un dato aislado se exagera o saca de contexto.
📌 Distorsión: Los medios y redes sociales lo simplifican hasta convertirlo en un titular sexi. “¡Juguetes educativos harán a tu hijo un genio!” 📢.
📌 Persistencia: Nuestro cerebro adora las ideas simples. El sesgo de confirmación nos hace buscar ejemplos que lo apoyen (“Mi sobrino aprendió a leer con videos”) 🤯.
📌 Difusión en medios: Aparece en revistas, cursos para profesores y charlas TED.
📌 Aplicación educativa: Llega a las aulas. ¿El resultado? Métodos pedagógicos basados en ficción, como enseñar matemáticas con pompones a los “kinestésicos” 👩🏫.
📌 Difícil de erradicar: Aunque la ciencia lo desmienta (como hizo la OCDE en 2002), el mito sigue vivo. Es más fácil creer en atajos mágicos que en la complejidad cerebral 🧩.
🧠 Neuromitos educativos: Cuando la ciencia se convierte en cuento chino
Todo empezó en los años 80, cuando el neurocirujano Alan Crockard usó el término “neuromito” para describir ideas sobre el cerebro que circulaban entre médicos… ¡y que eran tan ciertas como los unicornios! 🦄. La cosa se puso seria en 2002, cuando la OCDE advirtió que estos mitos se habían colado en las aulas como profesores suplentes.
¿El premio gordo? Un estudio reveló que el 96% de los docentes en Países Bajos creía que los alumnos aprenden mejor si usas su “estilo de aprendizaje preferido” (visual, auditivo…). En Reino Unido, el 93%. Y España no se salva: investigaciones como la de Marta Ferrero (2016) muestran cifras similares. Lo curioso es que cuanto más interés tenían los profesores por la neurociencia, más probable era que creyeran en estos mitos. Y debo añadir que en el mundo de la psicología ocurre igual. Yo incluso piqué en el primero hace unos años, cuando comenzaba mi andadura profesional.
🎓 El timo de los estilos de aprendizaje (o por qué tu profe de mates estaba equivocado)
“Soy visual, necesito verlo en un gráfico”. ¿Te suena? Pues prepárate: no existe evidencia científica que respalde los estilos de aprendizaje. Imagina este experimento:
Se explica un tema usando métodos visuales → examen.
Mismo tema, métodos auditivos → otro examen. Si la teoría fuera cierta, los que sacaron buena nota en el primer examen fracasarían en el segundo, y viceversa. ¿Resultado real? Los mismos estudiantes destacaban en ambos.
¿Entonces por qué algunos profes juran que “funciona”? Simple: cuando explicas algo de 5 formas diferentes, más alumnos lo entienden… ¡pero no por su “estilo”! Es como ofrecer hamburguesas, pizzas y ensaladas: cuantas más opciones, más comensales satisfechos 🍔.
Mi historia geek-futbolera:
De pequeño, devoraba datos de fútbol. Aprendí que Donetsk está en Ucrania (gracias, Shakhtar), que el Nervión es un barrio sevillano (hola, Sevilla), y hasta la ubicación del Manzanares (merci, Atlético de Madrid). ¿Era por ser “visual”? ¡No! Me apasionaba el tema, así que cada dato nuevo era como un gol de Messi en mi memoria. Moraleja: la motivación manda ⚽.
🧸 Baby Einstein y la farsa de los ambientes hiperestimulados
“¡Compre nuestro curso para bebés! ¡Lo convertiremos en un genio!“. Suena bien, ¿verdad? Pero es como decir que por comprarle a tu hijo todos los libros del mundo, se convertirá en un premio Nobel. El mito del “ambiente enriquecido” nació con ratas en jaulas: las que tenían juguetes desarrollaban más el cerebro. Pero ¡ojo! Para esas ratas, tener juguetes era como pasar de vivir en una cárcel a tener una celda con tele.
Su “ambiente enriquecido” era terriblemente pobre en comparación con el ambiente de naturaleza y libertad en el que se puede criar una rata. Lo que realmente demostró el experimento es que la falta total de estímulos atrofia el cerebro, no que una sobredosis de juguetes te haga más listo. Es como si dijéramos que regar una planta con un cubo de agua la hace crecer más que regarla con un vaso: sí, la falta de agua la mata, pero pasarse tampoco es bueno.”
La clave está en dos tipos de plasticidad cerebral:
1️⃣ Dependiente de experiencia: aprender idiomas, tocar piano… Ocurre toda la vida 🎹.
2️⃣ Expectante de experiencia: desarrollo visual o del lenguaje en primeros años 👶.
Traducción: No necesitas saturar a tu hijo con flashcards. Basta con hablarle mucho (¡30 millones de palabras al menos escuchan algunos niños a los 3 años!) y evitar pantallas antes de los 2 años 📵.
💡 El 10% cerebral: el mito que hizo rico a Luc Besson
Lucy (2014) nos hizo soñar con poderes telepáticos… si usáramos el 100% del cerebro. La realidad es menos glamurosa:
🔍 4 pruebas que desmontan el mito:
Evolución: ¿Para qué mantener un órgano que consume el 20% de nuestra energía si solo usamos el 10%? 🧬
Neuroimagen: Hasta dormidos, todo el cerebro está activo 💤 (demostrado con técnicas de neuroimagen).
Lesiones: Daño en cualquier zona → secuelas 🚑. Si solo usáramos el 10%, habría muchas menos posibilidades de padecer secuelas al tener un accidente.
Superdotados: No tienen más actividad cerebral que tú 🧠 (demostrado con técnicas de neuroimagen).
Dato friki: Pacientes con síndrome X frágil tienen más conexiones neuronales… y padecen discapacidad intelectual. Más no siempre es mejor 🧩.
Incluso muchos psicólogos creen en neuromitos. Si detectas a uno, házselo saber.
🎨 Cerebro creativo vs cerebro lógico (lateralidad): el día que izquierda y derecha hicieron las paces
“Soy de hemisferio derecho: creativo y caótico”. Bonita teoría… pero falsa como billete de 3 euros.
Verdades incómodas:
El cuerpo calloso (250 millones de “cables” entre hemisferios) los mantiene en constante charla 📞.
Incluso tareas “laterales” como el lenguaje necesitan ambos lados 🗣️.
¿Creatividad? Un estudio mostró que compositores usaban ambos hemisferios al improvisar 🎼.
Ironía: El “hemisferio dominante” en neurociencia solo significa dónde está el área del lenguaje (izquierda en el 95% de diestros). Nada que ver con ser Picasso o Einstein 🖌️.
Bonus: el multitasking
“El multitasking mejora la productividad”: Estudios muestran que dividir la atención entre varias tareas disminuye la eficiencia y la calidad del trabajo realizado (la de veces que habré desmontado esto en consulta… 🤦♂️🤦♂️🤦♂️). Qué manía con mi mejor versión. Pero de esto hablamos otro día ;-).
🚨 Epílogo: Por qué importan estos mitos
En 2012, Pasquinelli comparó los neuromitos con virus informáticos: se propagan rápido y son difíciles de eliminar. El problema no es creerlos, sino basar métodos educativos en ellos.
Consecuencias reales:
Recursos malgastados: Escuelas invierten en materiales para “estilos de aprendizaje” que no funcionan (¡hola, hiperdigitalización!).
Desigualdad educativa: Niños de entornos vulnerables son los más perjudicados por métodos no validados.
Frustración docente: Profesores se sienten fracasar cuando las “técnicas milagro” no dan resultado.
¿Solución? Pensamiento crítico + ciencia real. Como dijo Carl Sagan: “Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias”. Y en educación, donde moldeamos mentes, más.
Recuerda: Todos tenemos la capacidad de aprender, independientemente de cómo se nos presente la información. Lo importante es encontrar las estrategias que nos ayuden a aprovechar al máximo nuestro potencial.
📚 Bibliografía
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Pasquinelli, E. (2012). Neuromyths. Mind, Brain, and Education.
¿Te ha gustado este viaje por los recovecos del cerebro? Compártelo y ayudemos a enterrar estos mitos… ¡con ciencia de por medio! 🧠💥
Nota:
Este post está basado en el capítulo “Mitos pseudocientíficos sobre el aprendizaje” de Ruiz Martín (2021). Se ha adaptado el estilo de escritura a un tono informal pero informativo, manteniendo las citas y la bibliografía.
Ruiz Martin, H. (2021). Mitos pseudocientíficos sobre el aprendizaje. En ¿Cómo aprendemos?: Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza (3a ed, pp. 295-308). Graó.-
Es una buena pregunta. Tal vez tan buena como compleja. Y a pesar de que es difícil de responder, al menos me gustaría aportar ciertas creencias realistas acerca de qué es la terapia, o qué puedo esperar de ella, porque cuanto más avanzo profesionalmente, y cuánto más me relaciono con los demás, más voy descubriendo que no todo el mundo conoce exactamente todo lo que implica la terapia.
Para ello empezaré utilizando una experiencia profesional (aunque evidentemente sin contar explícitamente lo sucedido ni aportar ningún dato descriptivo sobre las personas implicadas):
El valiente inicio💪
Aún recuerdo el momento en el que “X” llegó a la consulta. Era la primera sesión. Cuando apareció por primera vez ante mi puerta ya estaba llorando, y la invité a sentarse en el sofá. Una de las primeras cosas que me dijo fue: “no quiero estar aquí, vengo porque me lo ha recomendado mi pareja”, y aclaró: “pero es que venir a terapia es muy difícil”.
A lo que yo le respondí: “Tienes razón, venir a terapia es muy difícil. Es duro hablar sobre aquello que nos hace daño. Se remueven ciertas cosas, y eso es doloroso”. 🫂
Ella, al sentirse validada y comprendida, sonrió mientras lloraba, y me dijo: “Es verdad. Como si abrir el cajón de mierda fuera fácil”.
Y no, no lo es. Y “X”, que se ha enfrentado a cosas muy duras, lo sabía bien.
Ese proceso de “abrir el cajón”, aplicado a las cosas que te han hecho daño (y que probablemente actualmente también te hacen) en tu vida, es bastante complicado, doloroso y está lleno de altibajos. No es en absoluto un proceso lineal y que “sólo va cuesta arriba”📈, aunque evidentemente también tiene sus momentos de calma, celebración y refuerzo🥳, que son muy importantes.
Se necesita, entre otras cosas, trabajo, tiempo, paciencia, compromiso y confianza en el proceso.
De la misma forma que cuando plantamos una semilla no esperamos que la planta o el árbol crezca al día siguiente, no es realista pensar que la terapia va a solucionarlo todo en cuestión de días.
Por todo ello, ¿que puedo esperar entonces, desde unas creencias realistas, de la terapia?🤔
Creencias realistas
▫️En terapia, lo más probable es que no consigas respuestas rotundas y decisivas en las primeras sesiones
▫️No se suele hacer un “click” inmediato con el/la terapeuta. De hecho, construirás una relación de confianza a través del paso del tiempo y el trabajo continuo (como en cualquier otra relación), en lugar de que pase de repente nada más conoceros
▫️No habrá soluciones rápidas ni transformaciones radicales de un día para otro
▫️No todas las sesiones estarán llenas de emociones profundas y descubrimientos intensos
▫️A veces te pasará que entres a sesión pensando que no tienes nada de qué hablar (algo totalmente válido, que no es un motivo para faltar, y que te permitirá ahondar en otros aspectos)
▫️Unos días hablarás de temas dolorosos y complejos, y otros harás un resumen de tus últimas semanas y logros
▫️En alguna ocasión saldrá un tema muy importante en los últimos minutos de sesión y sí, lo más normal es que oigas a tu terapeuta decir que: “lo profundizaréis mejor en la siguiente sesión”
▫️Aunque no te resulte agradable, la terapia también conlleva que tu terapeuta te confronte con amabilidad, y te motive a tener más iniciativa y responsabilidad sobre tus problemas (a pesar de que eso te asuste)
▫️Lo más habitual en terapia es que se produzca un proceso lento con saltos grandes de vez en cuando
▫️Aprenderás habilidades y maneras de ver la vida y a ti mismo/a que te acompañarán para siempre, lo cual no quiere decir que nunca más vayas a estar mal (porque huir del dolor de la vida es inevitable y de hecho ese tampoco es el objetivo)
▫️Estas habilidades y maneras de ver la vida y a ti mismo/a será algo que tengas que trabajar, practicar y automatizar tu (y solo tu). Ni tu terapeuta, ni tus personas cercanas e importantes lo pueden hacer por ti
▫️En el proceso, el/la terapeuta probablemente te mandará actividades complementarias a la terapia para realizar en casa, que son importantes para continuar avanzando en tu proceso
▫️Relacionado con lo anterior, en la terapia tendrás un papel activo de tu terapeuta, pero también se necesitará un papel activo por tu parte: tendrás que estar dispuesto/a a evaluar tus comportamientos de un modo objetivo y tener una actitud abierta a cambiar y/o modificar ciertas costumbres
▫️Sí, en terapia te darás cuenta de que tu terapeuta no tiene poderes para quitarte el malestar con un chasquido de dedos, pero sí tiene los conocimientos como para ayudarte a implantar hábitos sanos en tu día a día que te ayuden a recuperarte de una manera eficaz, y a afrontar de manera diferente los futuros reveses de la vida
▫️En ningún caso te sentirás juzgado/a por tu terapeuta, y si es así, puedes cambiar de profesional (aquí lo importante eres tu, y tu proceso)
▫️Te encontrarás teniendo que tomar tú las decisiones, porque el o la profesional no lo hará por ti, sólo te ayudará a tomarlas de un modo responsable
Pedir ayuda
La psicología, a pesar de ser una ciencia reciente, ha demostrado numerosos avances y éxitos. Sin embargo, todavía existen muchas creencias irracionales, desconocimiento o muchos mitos en torno a la terapia y a los psicólogos, de ahí el motivo de escribir esta entrada. Por no hablar de que, tal y como he mencionado anteriormente, ir a terapia conlleva un trabajo autónomo del que normalmente no somos conscientes.
Son muchas las personas que en algún momento de sus vidas necesitan acudir a un psicólogo/a, por lo que es importante normalizarlo cada vez más. Cuando nos encontramos mal, ir al psicólogo/a es una decisión acertada, responsable, y una muestra de amor propio.
Si sientes que estás en una situación similar, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. 🫂
La terapia psicológica es una herramienta poderosa que puede mejorar significativamente nuestra calidad de vida. Muchas personas dudan en buscar ayuda profesional, pero la realidad es que la terapia ofrece numerosos beneficios para nuestro bienestar emocional y mental. Veamos algunas razones convincentes por las que deberías considerar acudir a terapia psicológica.
Mejora tu bienestar emocional
Uno de los principales beneficios de la terapia es que te ayuda a sentirte mejor contigo mismo. Al tener un espacio seguro donde puedes expresar tus pensamientos y emociones sin ser juzgado, experimentas una liberación emocional que resulta muy beneficiosa. Este proceso, conocido como catarsis, te permite aliviar la carga emocional acumulada y comenzar a sanar.
Desarrolla herramientas para manejar conflictos
La terapia psicológica te proporciona estrategias efectivas para resolver problemas y conflictos en tu vida diaria. Aprenderás a comunicarte de manera más asertiva, a gestionar el estrés y a enfrentar situaciones difíciles con mayor confianza y serenidad.
Fomenta el autoconocimiento
Te dará la oportunidad de conocerte mejor a ti mismo. Este proceso de introspección te ayudará a identificar tus fortalezas, debilidades y patrones de comportamiento. Con esta comprensión más profunda de ti mismo, podrás tomar decisiones más alineadas con tus valores y metas personales.
Mejora tus relaciones interpersonales
Este tipo de procesos no son solo para enfocarse en tu mundo interno, sino también en cómo te relacionas con los demás. Aprenderás habilidades sociales valiosas que te permitirán establecer y mantener relaciones más saludables y satisfactorias, tanto en el ámbito personal como profesional.
Supera traumas y experiencias difíciles
Si has vivido situaciones traumáticas o dolorosas en el pasado, la terapia te ofrece un espacio seguro para procesarlas y sanarlas. Con la guía de un profesional, podrás enfrentar estos recuerdos difíciles y desarrollar estrategias para superarlos, permitiéndote avanzar hacia un futuro más positivo.
Cambia creencias limitantes
Muchas veces, nuestros propios pensamientos y creencias nos impiden alcanzar nuestro máximo potencial. La terapia te ayuda a identificar y modificar esas creencias limitantes, reemplazándolas por otras más positivas y constructivas. Este cambio de perspectiva puede tener un impacto transformador en tu vida.
Aumenta tu autoestima
A medida que avanzas, es común experimentar un aumento en la autoestima y la confianza en uno mismo. Aprendes a valorarte más, a reconocer tus logros y a tratarte con mayor amabilidad y compasión.
Previene crisis emocionales y recaídas
No solo te ayuda a resolver problemas actuales, sino que también te prepara para enfrentar desafíos futuros. Aprenderás a reconocer señales de alerta temprana y a implementar estrategias preventivas, reduciendo así el riesgo de crisis emocionales o recaídas en problemas pasados.
Ofrece una perspectiva profesional y objetiva
A veces, cuando estamos inmersos en nuestros problemas, es difícil ver las cosas con claridad. Un terapeuta te proporciona una visión objetiva y profesional de tu situación, ayudándote a ver las cosas desde nuevos ángulos y a encontrar soluciones que quizás no habías considerado antes.
Promueve un estilo de vida más saludable
La ayuda psicológica no solo se enfoca en tu mente, sino que también puede influir positivamente en tu salud física. Al aprender a manejar mejor el estrés y las emociones negativas, es posible que experimentes mejoras en tu salud general, incluyendo patrones de sueño más saludables y una mayor energía en tu día a día.
Empoderamiento personal
Uno de los beneficios más significativos es el sentimiento de empoderamiento que genera. A medida que desarrollas nuevas habilidades y superas obstáculos, te sientes más capaz de enfrentar los desafíos de la vida. Este sentimiento de control sobre tu propia vida puede ser increíblemente liberador y motivador.En conclusión, la terapia psicológica ofrece una amplia gama de beneficios que pueden mejorar significativamente tu calidad de vida. Ya sea que estés lidiando con problemas específicos o simplemente buscando crecer como persona, la terapia puede ser una herramienta invaluable en tu camino hacia el bienestar emocional y mental.
Conclusión
Recuerda, buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino de fortaleza y valentía. Dar el paso de acudir a terapia psicológica es una inversión en ti mismo y en tu futuro. No importa cuál sea tu situación actual, siempre hay espacio para el crecimiento y la mejora. ¿Por qué no darte la oportunidad de mejorar?
Un sábado por la noche decides quedarte en casa después de una agotadora semana porque te apetece descansar. Quieres ver una peli o serie que te guste, o leer, hacerte una cena rica, o quedar máximo con una persona en casa para estar en un ambiente tranquilo. A pesar de que tus amigos/as te hayan dicho de salir.
Lo estás disfrutando. Pero imagina ahora que, en algún momento, coges tu móvil, y te metes en redes sociales. Entonces ves que tus amigos/as han ido a algún bar que te gusta mucho, un pub donde sueles divertirte, o en definitiva, han hecho algún plan que te llama la atención, y además da la sensación de que se están divirtiendo bastante.
En ese momento empiezas a sentir un poco de ansiedad. También inseguridad sobre si has escogido bien a pesar de que necesitaras descansar. Te empiezas a machacar pensando que tendrías que haber ido, que te has perdido ese plan, que no estás compartiendo eso con tus amigos/as… etcétera.
Esto, ha sido denominado FOMO.
Y, ¿qué es el FOMO?
El FOMO (Fear Of Missing Out) por sus siglas en inglés, es el “miedo a quedarse fuera” o “miedo a perderse algo”, y está altamente relacionado con el uso que hacemos de las redes sociales, que entre otras cosas, han despertado en nosotros la necesidad de estar continuamente conectados, viendo, hablando, compartiendo, participando… para evitar perdernos algo, un comportamientoque ha aumentado los niveles de ansiedad.
Al final el FOMO, a pesar de que es un término relativamente nuevo, primitivamente hablando no es más que el miedo a la exclusión, al rechazo, a no pertenecer a un grupo. Un miedo que está intrínseco en el ser humano, porque somos seres sociales.
Solo que al introducir las nuevas tecnologías tenemos acceso a una información constante tanto del resto de personas como de qué están haciendo.
Ahora bien, ¿cómo nos afecta entonces en este miedo intrínseco añadir algo como las redes sociales?
¿Cómo puede afectarnos el FOMO y las redes sociales?
Puede generar un uso descontrolado de las nuevas tecnologías, por la necesidad de estar constantemente conectados/as y actualizados/as
Ansiedad al estar separados del móvil, perdernos algún plan, no poder compartir algo de lo que estamos haciendo, no tener batería,… etc.
Un aumento de la comparación negativa con los demás y sus vidas
Una insatisfacción constante tanto con nosotros/as mismos/as como con nuestra vida
Problemas de autoestima
Sobrecarga de actividades en el día para poder estar en todo, con el consecuente cansancio de “correr de un lado a otro”
Dificultad para elegir unos planes antes que otros
Un incremento de la sensación de exclusión, aislamiento y soledad
Disminución de las habilidades sociales y de la interacción con los demás de forma física, presencial, sin una pantalla de por medio
Ante esto, es importante recordar que cuando entro en redes sociales, lo que normalmente encuentro son los lugares o paisajes más impresionantes, los planes más divertidos, los barcos en la playa en verano, los viajes más extraordinarios, los mejores amigos, los triunfos…,. En conclusión, las imágenes más positivas. Como si la parte desagradable de la vida se suprimiese. Prácticamente nadie sube fotos llorando, la tristeza ante la ruptura con la pareja, la ansiedad al buscar trabajo, la discusión con un familiar, el conflicto con un amigo… Es más, cuando se ha dado el caso de que alguien lo ha hecho, ha producido cierta incomodidad o incluso ha sido juzgado.
Por eso, hay que tener en cuenta que las cosas que vemos en redes sociales son pequeños fragmentos de la vida de alguien, no la totalidad, y además, a menudo, son momentos que están embellecidos,pasados por filtros, idealizados… Algo que está bastante alejado de la realidad, y la cotidianidad que acompaña realmente a nuestro día a día.
¿Cómo podemos regular esto?
Tenemos que asimilar que cuando estoy eligiendo una opción, eso inevitablemente me lleva a “des-elegir” otra. Parece una tontería, pero la exposición a tanta información nos hace pensar que hay tanto “a nuestro alcance” que no queremos perdernos nada.
Pero esto es imposible. Vamos a perdernos muchas cosas en la vida, porque la única manera de no hacerlo sería aumentar las horas que tiene un día, o dividirnos en dos, y esas dos opciones, como sabréis, son inviables. Por no hablar de que si intento estar en todo y en todas partes sin que ninguna de estas dos opciones surrealistas me acompañe, vamos a acabar exhaustos y no vamos a disfrutar ni siquiera de los planes que se supone que están destinados para el ocio y a recargar nuestra energía. Seguro que muchas personas se sienten identificadas con esto último.
La importancia radica en aprender a gestionar esto para que la exposición a tanta información no nos genere ese nivel de ansiedad. Como prácticamente la mayoría de cosas, es complicado y difícil, pero no imposible.
Podemos aprender a hacer poco a poco un uso responsable de las redes sociales. No podemos eliminarlas, forman parte de nuestra vida y de nuestra manera de relacionarlos, pero la terapia te ayuda y te enseña a regularlas, hacer un uso, como ya he mencionado antes, más responsable y racional, a crear hábitos más moderados, ponernos límites a nosotros mismos, y a conectar con el momento presente, nuestro entorno, y con esa vida alejada de las pantallas que hay que vivir.
Si crees que necesitas ayuda, por favor, no dudes en contactar con nosotros:
Soriano-Sánchez, J. G. (2022). Factores psicológicos y consecuencias del Síndrome Fear of Missing Out: Una Revisión Sistemática. Journal of Psychology & Education/Revista de Psicología y Educación, 17 (1).
Pérez-Elizondo, A.D. (2020). ¿Qué es el síndrome FOMO? Psicología.com, 24.
Nos encontramos en un momento crítico en el que reina la pérdida, el duelo, la tristeza, el dolor, la incertidumbre, el miedo, la rabia, la ansiedad, la ira, el terror…
Las grandes inundaciones que han sucedido en Valencia, la DANA, ha dejado a su paso un paisaje desolador. En unas pocas horas cayó el equivalente a un año de lluvia, lo que causó las riadas que han desolado varias de las localidades de Valencia.
Y con las localidades, la DANA ha arrasado a las personas que conviven en ellas. Se ha llevado a seres queridos, un doloroso desconsuelo para aquellos/as que han sobrevivido. Se ha llevado las viviendas que tanto les ha costado conseguir. Los objetos materiales que hacían de estas casas su hogar. Negocios que con tanta ilusión se emprendieron en un principio. Los vehículos para los que tuvieron que ahorrar. Se ha llevado la sensación de protección, esa que les decía que de suceder algo así, iban a ser arropados y ayudados… E innumerables cosas que aquellos/as que no hemos sufrido de forma directa esas consecuencias… no nos podremos imaginar.
Por voluntad nos hemos movido como comunidad. Hemos donado aquello que han pedido y que podían necesitar. Mantas, ropa, alimentos, productos de higiene básica, de limpieza, medicamentos, nuestras mismas manos para ayudar a limpiar…
Pero… emocionalmente, ¿cómo podemos ayudar a las víctimas de la DANA?
1. Ofrece apoyo práctico para aliviar la carga
Ayuda a limpiar, a realizar gestiones, dona dinero… Es importante que las personas vean que estás ahí. Cualquier carga no se elimina, pero se hace más liviana si tienes una persona al lado que te acompaña activamente. Una casa no se limpia de la misma manera cuando estás solo/a que cuando te ayudan a hacerlo cuatro personas más.
2. No minimices ni su dolor ni su pérdida
No te agobies si ves que no sabes qué decir. Pocas palabras hay para decir en una situación como esta. El objetivo no es quitarles el dolor, es apoyarles mientras lo transitan. Nada va a hacer desaparecer el sufrimiento en estos momentos, pero el camino se recorre de otra manera si tienes un hombro en el que apoyarte. Valídales y reconóceles.
Evita expresiones como “tienes que ser fuerte y mirar hacia delante”, “al menos sólo han sido cosas materiales”, “ya se solucionará”… etc, e intenta adaptarlas a expresiones como; “te apoyo”, “debe de ser horrible”, “siento lo que ha pasado, estoy aquí para ayudarte en lo que necesites”…
3. No invadas mucho su espacio en la conversación
Evita o minimiza las opiniones políticas sobre lo que está pasando.
Escucha atentamente, de forma activa, y permite que la persona se exprese. No temas los silencios y déjales su justo espacio. Son una parte que está muy presente a la hora de comunicar aquello que nos duele y que por tanto es difícil de hablar. Crea un espacio seguro en ti en el que puedan desahogarse.
4. Aunque toda ayuda es bienvenida, no la elijas aleatoriamente
Pregunta qué necesitan y cómo puedes ayudar a las personas que están allí, o a aquellos familiares que hayan ido a ayudar. Ellos/as sabrán mejor que nadie qué les es útil y qué no.
5. No presiones a la persona para que hable
No pidas más información o detalles escabrosos. Las personas pueden no estar en el momento de querer hablar de ello, o tal vez ni siquiera quieran, en general. Evita las preguntas incómodas y ofrécete a escuchar sin juicios hasta donde la persona quiera hablar.
6. NO metas prisa a la persona para que se recupere o “deje de llorar”
No invalides o niegues sus sentimientos con mensajes de ánimo («ya pasó», «hay que seguir adelante», «vamos a pasar página ya»…). No es momento de acelerar el proceso. Cada persona lo transitará durante el tiempo que necesite.No invalides o niegues sus sentimientos con mensajes de ánimo («ya pasó», «hay que seguir adelante», «vamos a pasar página ya»…). No es momento de acelerar el proceso. Cada persona lo transitará durante el tiempo que necesite.
Y por último, pero no por ello menos importante, con respecto a ti, querido/a lector/a, recordarte que la labor de cuidar y apoyar en momentos así es muy difícil, abrumador y en ocasiones agotador.
No se nos puede olvidar nuestro propio autocuidado:
Ten cuidado ante la exposición continua de las noticias de la DANA. Si notas que el exceso de información te está sobrepasando, ponte pautas y límites. No temas alejarte de ello para desconectar un rato.
Escúchate, permítete tus tiempos: Si necesitas hablar de otro tema de conversación, pídelo. Si necesitas leer o escuchar sobre otros temas que no sean sobre lo que está pasando, hazlo. Es normal encontrarte en ocasiones con no poder sostener más imágenes, audios, noticias, vídeos…
No eres mala persona por necesitar apartarte un poco para cuidarte. Está bien.
Y para acabar, hacer un recordatorio de que si eres víctima, ya sea directa o indirecta, de las consecuencias de la DANA, aquí te dejo algunos recursos donde puedes pedir ayuda psicológica gratuita si lo necesitas:
Intervención psicológica en emergencias y catástrofes de la Universitat Jaume I
Acompáñame en esta pequeña historia que he preparado para hablarte sobre el amor, sus tipos y la psicología ¿vienes?
La historia de Elena y Adrián
Elena, una joven artista de mirada soñadora, paseaba por la concurrida plaza del pueblo cuando sus ojos se encontraron con los de Adrián, un músico de sonrisa cautivadora. En ese instante, una chispa inesperada encendió sus corazones, dando inicio a un viaje fascinante por los diferentes tipos de amor.
Al principio, la pasión era la fuerza que los impulsaba. La intensidad de sus miradas, la calidez de sus abrazos y la magia de sus conversaciones los envolvía en un torbellino de emociones. Sus almas parecían bailar al ritmo de una melodía irresistible, creando un universo propio donde solo ellos existían.
Con el tiempo, la intimidad comenzó a tejer un vínculo invisible entre ellos. Compartían sueños, anhelos y secretos con la confianza de quien encuentra un refugio seguro en el corazón del otro. Se convertían en compañeros de aventuras, confidentes y pilares de apoyo mutuo, descubriendo en la complicidad y la comprensión la esencia de su conexión.
Pero el amor no solo se alimenta de pasión e intimidad. El compromiso fue la decisión consciente de construir un futuro juntos, de enfrentar los desafíos de la vida como un equipo y celebrar las victorias con la alegría de compartirlas. Se embarcaron en un proyecto de vida común, donde el respeto, la comunicación y la entrega mutua se convirtieron en los pilares de su relación.
La historia de Elena y Adrián nos muestra que el amor no es un sentimiento estático, sino un viaje de transformación y crecimiento. A medida que avanzaban en su camino, los tres elementos del amor –pasión, intimidad y compromiso– se entrelazaban en una danza armoniosa, dando lugar al amor consumado: esa experiencia sublime que combina la intensidad del deseo, la profundidad de la conexión y la firmeza de la decisión de permanecer juntos.
Explora los diferentes tipos de amor desde la perspectiva científica. Descubre cómo la pasión, la intimidad, el compromiso y la compasión se combinan para crear relaciones duraderas y felices.
Este sentimiento es una fuerza poderosa que mueve el mundo, ha intrigado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Poetas, artistas y filósofos han tratado de descifrar sus misterios, pero ¿qué nos dice la ciencia sobre este sentimiento tan complejo?
Los componentes del amor según la ciencia
Complejo y multifacético, ha sido objeto de estudio en diversas disciplinas, incluida la psicología. A lo largo de los años, los investigadores han intentado clasificar y entender las diferentes formas en que el amor se manifiesta en nuestras vidas. Uno de los modelos más conocidos y respaldados por la investigación es la Teoría Triangular del Amor, propuesta por el psicólogo Robert Sternberg. Según Sternberg, el amor se compone de tres elementos fundamentales: intimidad, pasión y compromiso.
Intimidad: Se refiere a la cercanía, el afecto y la conexión que sentimos hacia otra persona. Es esa sensación de comprensión y apoyo mutuo, de compartir secretos y disfrutar de la compañía del otro.
Pasión: Es el motor del deseo y la atracción sexual. Es esa chispa que enciende la llama del amor romántico, el elemento que a menudo nos lleva a decir que estamos “enamorados”.
Compromiso: Es la decisión de mantener una relación a largo plazo, de construir un proyecto de vida juntos y de permanecer al lado de la otra persona en las buenas y en las malas.
La combinación de estos tres componentes da lugar a diferentes tipos de amor. Por ejemplo, si solo hay intimidad, podríamos hablar de un amor amistoso. Si hay pasión y compromiso, pero falta intimidad, podríamos estar ante un amor fatuo o caprichoso. Y cuando los tres elementos están presentes, experimentamos el amor consumado, ese ideal al que muchos aspiran.
Sin embargo, el camino no siempre es fácil. Dudas, inseguridades y obstáculos pueden aparecer en el horizonte. Elena y Adrián también enfrentaron sus propios desafíos, aprendiendo a superar las dificultades a través del diálogo, la comprensión y el perdón. Porque el amor verdadero no se define por la ausencia de problemas, sino por la capacidad de afrontarlos juntos, de crecer a partir de ellos y de fortalecer el vínculo que los une.
La historia de Elena y Adrián es un reflejo de las múltiples formas en que el amor se manifiesta en nuestras vidas. Un sentimiento complejo y multifacético que nos invita a explorar sus diferentes dimensiones, a descubrir la magia de la conexión profunda y a construir relaciones sanas y duraderas.
¿Y tú? ¿En qué etapa del viaje te encuentras?
Los diferentes tipos de amor que la ciencia ha descubierto:
Apasionado: la chispa que enciende el fuego.
Imagina esa conexión instantánea, esa mirada que te atraviesa el alma, ese torbellino de emociones que te hace sentir vivo. Es el amor apasionado, caracterizado por la intensa atracción física, la emoción y el deseo. La dopamina y la norepinefrina se disparan en tu cerebro, creando una sensación de euforia y enamoramiento. Es la fase inicial de las relaciones románticas, donde todo parece posible y el mundo se pinta de color de rosa.
Compañero: el refugio seguro en la tormenta.
Más allá de la pasión, encontramos el amor compañero, ese sentimiento de profunda conexión, confianza e intimidad. Se basa en la amistad, el respeto mutuo y el compromiso. La oxitocina y la vasopresina se convierten en las hormonas que tejen un vínculo invisible entre dos personas. Es el pilar fundamental de las relaciones duraderas, donde la complicidad y el apoyo mutuo son los pilares del bienestar.
Compasivo: la bondad que nutre el alma.
El amor compasivo se manifiesta en la empatía, el cuidado y la preocupación por el bienestar del otro. Sentimos la necesidad de proteger y apoyar a esa persona especial, de aliviar sus penas y celebrar sus alegrías. El sistema límbico, la corteza prefrontal y el núcleo accumbens se activan, iluminando nuestro cerebro con la calidez de la compasión.
Consumado: la alquimia perfecta.
El amor consumado es la joya de la corona, la combinación ideal de los tres tipos de amor mencionados anteriormente. Es la pasión que se renueva, la intimidad que se profundiza, el compromiso que se fortalece y la compasión que florece. Es un amor que requiere esfuerzo, dedicación y madurez, pero que se convierte en una fuente inagotable de felicidad y plenitud.
Filial, fraternal y platónico: otras expresiones del corazón.
El amor no se limita a las parejas románticas. El amor filial, ese vínculo indestructible entre padres e hijos, se caracteriza por la protección incondicional y el cariño infinito. El amor fraternal, la conexión profunda con nuestros hermanos, nos brinda apoyo y compañía a lo largo de la vida. Y el amor platónico, un amor idealizado sin componente sexual, nos inspira y nos eleva hacia un plano superior.
Encontrar el tipo de amor adecuado para cada etapa de la vida es un proceso de aprendizaje y autodescubrimiento. No existe una fórmula mágica, pero la ciencia nos ofrece un mapa para navegar por este universo de emociones.
Recuerda: No tengas miedo de abrir tu corazón, de explorar tus emociones y de construir relaciones llenas de significado.
¡Espero que esta historia te haya inspirado y te ayude a comprender mejor los misterios del amor!
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Nuestras opiniones y actitudes en política son una parte importante de quiénes somos y cómo construimos nuestras identidades. Por lo tanto, si te pido tu opinión sobre el cuidado de la salud, no solo la compartirás conmigo, sino que probablemente resistirás cualquiera de mis intentos de persuadirte de otro punto de vista. De la misma manera, sería extraño que te preguntara si estás seguro de que lo que dijiste en realidad era tu opinión. Si algo nos parece cierto, son nuestras propias actitudes. Pero, ¿y si este no fuera necesariamente el caso?
En un experimento reciente, se demostró que es posible engañar a las personas para que cambien sus puntos de vista políticos. De hecho, se pudo hacer que algunas personas adoptaran opiniones que eran directamente opuestas a las originales. Estos hallazgos implican que debemos repensar algunas de las formas en que pensamos sobre nuestras propias actitudes y cómo se relacionan con el clima político polarizado actual. Cuando se trata de las actitudes políticas reales que tenemos, somos considerablemente más flexibles de lo que pensamos.
Las causas de la polarización
Un poderoso factor de configuración de nuestros mundos sociales y políticos es cómo están estructurados por pertenencia grupal e identidades. Por ejemplo, los investigadores encontraron que los mensajes morales y emocionales sobre temas políticos polémicos, como el feminismo y el cambio climático, se difunden más rápidamente dentro de redes ideológicamente afines que entre otras. Este problema de la cámara de eco parece empeorar por los algoritmos de las empresas de redes sociales que nos envían contenido cada vez más extremo para adaptarse a nuestras preferencias políticas.
Normalmente, también estamos mucho más motivados para razonar y argumentar protegiendo nuestros propios puntos de vista o los de nuestro grupo. De hecho, algunos investigadores argumentan que nuestras capacidades de razonamiento evolucionaron para cumplir esa misma función. Este estudio reciente ilustra esto muy bien: los participantes a quienes se les asignó seguir cuentas de Twitter que retuitearon información que contenía puntos de vista políticos opuestos a los suyos con la esperanza de exponerlos a nuevos puntos de vista políticos. Pero la exposición fracasó: aumentó la polarización en los participantes. Simplemente sintonizar a los republicanos en MSNBC, o a los demócratas en Fox News, sólo podría amplificar el conflicto. ¿Qué podemos hacer para que las personas abran sus mentes?
El truco, por extraño que parezca, es hacer que la gente crea que la opinión contraria a los tuyos para empezar.
La explicación: ceguera de elección
El experimento se basó en un fenómeno conocido como ceguera de elección. Se descubrió la ceguera a la elección en 2005 por un equipo de investigadores suecos, éstos presentaron a los participantes dos fotos de caras y les pidieron que eligieran la foto que pensaran que era más atractiva, y luego les entregaron esa foto a los participantes. Usando un ingenioso truco inspirado en la magia escénica, cuando los participantes recibieron la foto, se cambió a la persona no elegida por el participante—la foto menos atractiva.
Sorprendentemente, la mayoría de los participantes aceptaron esta tarjeta como su propia elección y luego procedieron a dar argumentos a favor de por qué ellos habían elegido esa cara en primer lugar. Esto reveló un sorprendente desajuste entre nuestras elecciones y nuestra capacidad para racionalizar los resultados. Desde entonces, este mismo hallazgo se ha replicado en varios dominios, incluidos gusto por la mermelada, decisiones financieras, y el testimonio de un testigo visual.
Si bien es notable que se pueda engañar a las personas para que elijan una foto atractiva o un dulce en el momento, los investigadores se preguntaron si sería posible usar esta retroalimentación falsa para alterar las creencias políticas de una manera que resistiría el paso del tiempo.
Debate en política.
En el experimento, primero se dio retroalimentación falsa sobre las elecciones de los participantes, pero esta vez sobre cuestiones políticas reales (por ejemplo, impuestos climáticos sobre bienes de consumo). Luego se les pidió a los participantes que expresaran sus puntos de vista por segunda vez ese mismo día y nuevamente una semana después. Los resultados fueron sorprendentes. Las respuestas de los participantes cambiaron considerablemente en la dirección de la manipulación. Por ejemplo, aquellos que originalmente habían estado a favor de impuestos más altos eran más propensos a estar indecisos o incluso a oponerse.
Estos efectos duraron hasta una semana después. Los cambios en sus opiniones también fueron mayores cuando se les pidió que dieran un argumento, o racionalización, para su nueva opinión. Parece que dar a las personas la oportunidad de razonar reforzaba la retroalimentación falsa y las alejaba aún más de su actitud inicial.
Programados para defendernos ¿o no?
¿Por qué cambian las actitudes en nuestro experimento? La diferencia es que ante el falso feedback, las personas se liberan de los motivos que normalmente las llevan a defenderse o defender sus ideas de las críticas externas. En cambio, pueden considerar los beneficios de la posición alternativa.
Para comprender esto, imagina que has elegido un par de pantalones para usar más tarde en la noche. Tu compañero entra y critica tu elección, diciendo que deberías haber elegido los azules en lugar de los rojos. Es probable que te pongas a la defensiva con respecto a tu elección y la defiendas, tal vez incluso te afiances más en tu elección de pantalones rojos.
Ahora imagina en cambio que tu pareja cambia los pantalones mientras estás distraído, en lugar de discutir contigo. Te das la vuelta y descubres que habías elegido los pantalones azules. En este caso, necesitas reconciliar la evidencia física de tu preferencia (los pantalones en tu cama) con lo que sea que dentro de tu cerebro normalmente te hace elegir los pantalones rojos. Tal vez cometiste un error o tuviste un cambio de opinión que se te olvidó. Pero ahora que los pantalones están colocados frente a ti, será más fácil ponértelos y seguir preparándote para la fiesta. Cuando te miras en el espejo, decides que estos pantalones te quedan muy bien después de todo.
Lo mismo sucedió en el experimento que sugirió que las personas tienen un grado bastante alto de flexibilidad sobre sus puntos de vista políticos una vez que se eliminan las cosas que normalmente los ponen a la defensiva. Sus resultados sugieren que necesitamos repensar lo que significa mantener una actitud. Si nos damos cuenta de que nuestras actitudes políticas no están grabadas en piedra, nos resultará más fácil buscar información que pueda cambiarlas.
La humildad y el diálogo como alternativa
No existe una solución rápida para la polarización actual y el conflicto entre partidos que desgarra este país y muchos otros. Pero comprender y aceptar la naturaleza fluida de nuestras creencias podría reducir la tentación de fanfarronear sobre nuestras opiniones políticas. En cambio, la humildad podría volver a encontrar un lugar en nuestra vida política.
Referencias:
Traducido y adaptado de:
Pärnamets,Jay, P. (2018, November 20). How Political Opinions Change. Scientific American. https://www.scientificamerican.com/article/how-political-opinions-change/
En la era digital en la que vivimos, las redes sociales se han convertido en una parte fundamental de nuestras vidas. Pasamos horas desplazándonos por nuestros feeds, interactuando con amigos y compartiendo nuestras opiniones. Sin embargo, detrás de la aparente conexión y diversidad de ideas que ofrecen las redes sociales, se esconde un fenómeno preocupante: las cámaras de eco. En este artículo, exploraremos qué son las cámaras de eco, cómo se generan y los efectos tanto negativos como positivos que pueden tener en nuestra sociedad.
¿Qué son las cámaras de eco?
Las cámaras de eco son entornos virtuales en los que las personas están expuestas principalmente a información y opiniones que refuerzan sus propias creencias y perspectivas. En lugar de ser un espacio de debate y diversidad de ideas, las redes sociales pueden convertirse en cámaras de eco en las que solo escuchamos voces que están de acuerdo con nosotros. Esto puede llevar a una polarización de la sociedad y a la creación de burbujas de pensamiento en las que las personas se vuelven cada vez más aisladas de perspectivas diferentes.
Las cámaras de eco en la vida real
Las cámaras de eco no se limitan solo a las redes sociales. También existen en la vida real, donde las personas tienden a rodearse de personas con ideas similares a las suyas. Por ejemplo, en el ámbito político, es común que los individuos busquen espacios en los que solo interactúen con personas que comparten su ideología, ya sea en círculos de amigos, comunidades en línea o medios de comunicación selectivos. Esto refuerza aún más sus creencias y dificulta el diálogo constructivo con personas que tienen puntos de vista diferentes.
Lo que las empresas están haciendo para promover las cámaras de eco
Las empresas de redes sociales han sido objeto de críticas por su papel en la promoción de las cámaras de eco. Los algoritmos utilizados por estas plataformas están diseñados para mostrar contenido que es relevante para cada usuario individual. Esto significa que cuanto más tiempo pasamos en estas redes, más nos exponemos a contenido que confirma nuestras creencias y perspectivas existentes, y las empresas de redes sociales también se benefician de esto, ya que los anunciantes pueden dirigirse a audiencias específicas y mostrar anuncios personalizados.
Cómo se generan las cámaras de eco
Las cámaras de eco se generan a través de un fenómeno conocido como “filtración selectiva”. Esto significa que tendemos a buscar y consumir información que se alinea con nuestras creencias preexistentes, mientras que ignoramos o rechazamos información que contradice nuestras ideas. Las redes sociales amplifican este fenómeno al utilizar algoritmos que muestran contenido basado en nuestras preferencias y comportamientos anteriores. Esto crea una especie de burbuja en la que solo vemos y escuchamos lo que queremos, sin tener en cuenta otras perspectivas.
Efectos negativos de las cámaras de eco
Las cámaras de eco pueden tener efectos negativos significativos en nuestra sociedad. En primer lugar, fomentan la polarización y el tribalismo, ya que las personas se agrupan con aquellos que comparten sus creencias y se alejan de aquellos que no lo hacen. Esto puede llevar a la intolerancia y al rechazo de ideas diferentes, lo que dificulta el diálogo y la resolución de problemas. Además, las cámaras de eco pueden aumentar la desinformación y la propagación de noticias falsas, ya que las personas están menos expuestas a diferentes perspectivas y son más propensas a creer y difundir información sin verificar.
Las cámaras de eco pueden tener varios efectos negativos en nuestra forma de pensar y percibir el mundo. Uno de los principales efectos es el sesgo de confirmación, que es la tendencia a buscar y aceptar información que confirma nuestras creencias preexistentes, mientras que descartamos o ignoramos cualquier evidencia que las contradiga.
Cuando estamos inmersos en una cámara de eco, es más difícil considerar diferentes puntos de vista y tener debates constructivos sobre temas complejos. Esto puede conducir a una mentalidad estrecha y a un aumento de la polarización social y política.
Además, las cámaras de eco pueden contribuir a la propagación de desinformación y noticias falsas. Cuando solo estamos expuestos a una perspectiva y no verificamos la veracidad de la información, es más probable que aceptemos como ciertas noticias que pueden ser engañosas o completamente falsas.
Redes sociales y cámara de eco.
Efectos positivos de las cámaras de eco
Si bien los efectos negativos de las cámaras de eco son preocupantes, también existen efectos positivos. Las cámaras de eco pueden proporcionar un sentido de comunidad y pertenencia a aquellos que comparten ciertas creencias y valores. Esto puede ser especialmente importante para grupos minoritarios o personas con opiniones impopulares. Además, las cámaras de eco pueden ayudar a generar cambios sociales y políticos, ya que las personas pueden unirse y movilizarse en torno a causas comunes.
Estudios sobre las cámaras de eco
Numerosos estudios se han realizado para comprender mejor las cámaras de eco y sus efectos en la sociedad. Algunos estudios han encontrado que las cámaras de eco pueden reforzar las creencias extremas y dificultar el cambio de opinión. Otros estudios han demostrado que las cámaras de eco pueden afectar la percepción de la realidad de las personas, ya que están menos expuestas a diferentes perspectivas y evidencias contrarias.
Estos estudios subrayan la necesidad de abordar el problema de las cámaras de eco y encontrar soluciones para promover el diálogo y la diversidad de ideas. Por otra parte, un estudio (un estudio no significa evidencia científica) realizado por la UOC concluía todo lo contrario: al menos en España, se consume información cruzada.
Según Ana Sofía Cardenal, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) “Muchísima gente cruza consumo”, explica Cardenal, en referencia a saltar las barreras políticas en cuanto al tipo de medio que se lee. “A la gente normal la política le importa relativamente poco. No tiene una concepción muy ideologizada de la información y navega de forma muy natural por medios de distintas ideologías”, afirma. Otros estudios recientes han descartado que se esté produciendo el fenómeno o han encontrado pruebas muy escasas y débiles de su magnitud.
Cómo desactivar las cámaras de eco
Desactivar las cámaras de eco puede ser un desafío, pero no es imposible. Una forma de hacerlo es buscar activamente diferentes perspectivas y opiniones. Esto puede implicar seguir a personas y fuentes de información que tienen puntos de vista diferentes a los nuestros, participar en debates respetuosos y estar dispuestos a reconsiderar nuestras creencias. También es importante ser conscientes de nuestros propios sesgos y prejuicios, y estar abiertos a cambiar de opinión cuando la evidencia lo justifique.
Diversificar nuestras fuentes de información
Es importante buscar información de diversas fuentes y no depender únicamente de las redes sociales para obtener noticias e información. Leer periódicos, revistas y sitios web de diferentes tendencias políticas nos ayudará a tener una visión más completa de los temas y a evitar caer en una cámara de eco.
Escuchar y respetar opiniones diferentes
Es fundamental estar dispuestos a escuchar opiniones diferentes y respetar los puntos de vista de los demás. Participar en debates constructivos, donde se intercambien ideas y argumentos basados en hechos, nos ayudará a ampliar nuestra comprensión de los temas y a evitar la polarización.
Fomentar la empatía y comprensión
Es importante recordar que cada persona tiene sus propias experiencias y perspectivas. Practicar la empatía y tratar de entender el razonamiento detrás de las opiniones de los demás nos permitirá tener una visión más amplia y comprensiva de los temas.
Verificar la información antes de compartirla
Antes de compartir información en las redes sociales, es fundamental verificar su veracidad. Existen numerosos sitios web y herramientas que nos ayudan a identificar noticias falsas y desinformación. Tomarse el tiempo para investigar la fuente y corroborar los hechos evitará la propagación de información errónea.
Cultivar la lectura y la educación
Leer libros y artículos de diferentes géneros y perspectivas nos ayudará a ampliar nuestro conocimiento y comprensión del mundo. La lectura nos expone a diferentes ideas y nos permite desarrollar una mentalidad más abierta y crítica. En resumen, las cámaras de eco en las redes sociales pueden tener un impacto significativo en nuestra forma de pensar y percibir el mundo. Sin embargo, al diversificar nuestras fuentes de información, escuchar opiniones diferentes, fomentar la empatía y la comprensión, verificar la información y cultivar la lectura, podemos superar este fenómeno y ampliar nuestras perspectivas. Al hacerlo, estaremos promoviendo un diálogo más saludable y constructivo en la sociedad.
Conclusión
Las redes sociales han transformado la forma en que nos comunicamos y compartimos información, pero también han dado lugar a la aparición de las cámaras de eco. Estos entornos virtuales en los que solo escuchamos voces que refuerzan nuestras propias creencias pueden tener efectos negativos en nuestra sociedad, como la polarización y la desinformación. Sin embargo, también existen efectos positivos, como el sentido de comunidad y la capacidad de generar cambios sociales. Es importante ser conscientes de las cámaras de eco y trabajar activamente para desactivarlas, promoviendo el diálogo y la diversidad de ideas en nuestras interacciones en línea.
Referencias
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Henry Ford Health Staff. (2022, February 11). Why It’s Important To Get Out Of Your Echo Chamber—And How To Do It. Henry Ford Health. https://www.henryford.com/blog/2022/02/why-its-important-to-get-out-of-your-echo-chamber#:~:text=Echo%20chambers%20perpetuate%20what%20psychologists,MacLean.
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Manuel Hernández Pacheco. (2017). Apego y psicopatología: la ansiedad y su origen. Conceptualización y tratamiento de las patologías relacionadas con la ansiedad desde una perspectiva integradora (4a ed.). Desclée de Brouwer, S.A.
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Sofía García-Bullé. (2019, February 15). La cámara de eco y la amenaza al pensamiento crítico-humano. Observatorio / Instituto Para El Futuro de La Educación. https://observatorio.tec.mx/edu-news/camara-eco-pensamiento-critico/
Tal vez esta sea la pregunta que más resuena en nuestras cabezas cuando leemos un título como este.
“¿Cómo pudo pasarme a mi?, “¿cómo no vi las señales?”, “¿cómo pude permitirlo?”, “¿cómo no supe pararlo?”, “¿cómo no pude salir de ahí?”, “¿cómo no me di cuenta?”… O incluso “¿cómo puede mi amigo/a permanecer ahí si no dejo de repetírselo?”, “¿no se da cuenta?”, “¿cómo no me hace caso?”, “¿cómo no lo ve?”
Lo cierto es que, cuando vemos o sufrimos maltrato psicológico o emocional, pocas cosas dependen de nosotros: Lo que quiero decir con esto es que puede pasarle a tu amigo, a tu amiga, a un/a compañero/a de trabajo, del colegio, instituto, universidad, a un familiar, a tu vecino/a, puede pasarte a ti, y también puede pasarme a mi.
Es un proceso paulatino. Lento. Su comienzo no es visible ni notable: Normalmente no continuamos conociendo a una persona cuya presentación ya es darnos un pellizco.
Conocemos a una persona que nos agrada, que nos da valor, que hace que nos sintamos bien, nos hace sentirnos queridos/as, y es entonces cuando empiezan a aparecer, espaciados en el tiempo, pequeños pellizcos que te hacen daño. A lo mejor te hacen dudar de ti, perder tu autonomía, tu capacidad de decisión, te descolocan, no se comunican contigo… entre otras cosas.
“Pero luego se disculpa, o no es para tanto, a lo mejor lo estoy exagerando y no está sucediendo de esta manera, puedo estar interpretándolo mal, también yo podría haber dicho/hecho esto de otra forma, ha tenido un detalle bonito, no es tan grave…”
Todavía estoy en proceso de ubicar lo que pasa: no lo entiendo. Intento comprender. Empatizar. Ponerme en el lugar de la otra persona. No he tenido tiempo de gestionar nada, o de preguntarme si es esto lo que merezco y quiero, si está bien, porque ha reaccionado así como consecuencia de una determinada situación, ahora estamos bien, y tampoco se da en tantas ocasiones.
Entonces los pellizcos empiezan a ser un poco más dolorosos, grandes, y repetidos en el tiempo.
Ya hemos perdido la capacidad de preguntarnos qué necesitamos, porque todo ha comenzado a girar en torno a qué puede necesitar la otra persona. Cómo puedo complacerla. Hemos pasado de ir relajados/as a ir con pies de plomo. Por si acaso.
No ves un entorno seguro en la otra persona. A menudo nos sentimos ignorados/as, menospreciados/as, invalidados/as, rechazados/as, nos despierta inseguridad, marca nuestras debilidades, existe una importante falta de comunicación y afecto, se nos juzga y critica, se nos ignora … etcétera. Empiezo a tener miedo a este tipo de sentimientos, o mejor dicho, a que me haga sentir así.
Y lo peor de todo… es que este proceso, del que sólo he dado pinceladas, ha sucedido sin que nos hayamos dado cuenta.
¿Qué hace que sea tan importante?
A lo largo de estos últimos años, el abuso o maltrato psicológico ha ido adquiriendo más fuerza y atención y, por ende, ha comenzado a identificarse como un tipo de violencia diferenciada y concreta por varias razones que os expongo a continuación (Almendros, Gámez-Guadix, Carrobles, Rodríguez-Carballeira y Porrúa, 2009).
La primera es que el abuso psicológico se ha convertido en un importante predictor de la violencia física, ya que se comprobó que en pocas ocasiones el segundo se da sin la presencia del primero, lo que podría ayudar enormemente a proponer estrategias de identificación y prevención (Almendros, Gámez-Guadix, Carrobles, Rodríguez-Carballeira y Porrúa, 2009).
En segundo lugar, diversos estudios evidenciaron que el impacto en el bienestar y la salud mental de la víctima es equiparable al provocado por el abuso físico (O’Leary, 1999).
Por otra parte, las investigaciones sugieren que el maltrato psicológico es más persistente en el tiempo que otras formas de abuso (Almendros, Gámez-Guadix, Carrobles, Rodríguez-Carballeira y Porrúa, 2009).
Aunque también sería importante tener variables en cuenta como la intensidad o la gravedad, la frecuencia con que se da y la cronicidad a esa exposición (Borjesson, Aarons y Dunn, 2003).
Y, por último, se ha visto que este tipo de maltrato podría ejercer una gran influencia en la percepción que tiene la víctima sobre la relación (culpabilidad, hace las cosas mal, no encontrará nadie mejor…), influyendo de esta manera en la decisión que conlleva abandonar o no la situación abusiva (Almendros, Gámez-Guadix, Carrobles, Rodríguez-Carballeira y Porrúa, 2009).
De hecho, se ha relacionado positivamente este maltrato con el desarrollo de dependencia emocional (Martín y de la Villa Moral, 2019).
Pero, ¿qué es exactamente el maltrato psicológico?
Aunque no hay una revisión clara y concisa por la cantidad de diferentes conductas y emociones que engloban este fenómeno, hay una serie de elementos que se repiten a menudo en la mayoría de investigaciones y que son los más recurrentes: insultos, amenazas, celos, aislamiento, chantaje, actos simbólicos o literales de violencia, conductas de dominación, rechazo, y humillación (Almendros, Gámez-Guadix, Carrobles, Rodríguez-Carballeira y Porrúa, 2009).
Teniendo en cuenta esto, podríamos definir el maltrato psicológico como: “una serie de acciones con intencionalidad, verbal o simbólica, a través de las cuales se pretende generar un daño psicológico y emocional en la otra persona” (Sauceda y Maldonado, 2016).
Que además puede provocar afectaciones en su desarrollo normal ya que las constantes invalidaciones hacia el ser humano víctima de ello van a generar dificultades en el establecimiento de relaciones interpersonales y desempeño adecuado en sus otras áreas de vida. Es común que el maltrato psicológico venga acompañado también de otros componentes de abuso, como físico o sexual, pero esto no es indispensable, ya que puede presentarse de manera independiente (García, Irurtia, Caballo y del Mar Díaz, 2011).
Si bien es cierto que el maltrato psicológico ha sido más estudiado en situaciones o poblaciones concretas yo, como habéis podido comprobar, en este relato no he especificado géneros. Tampoco rango de edad o población. Y el motivo es que, como bien he recalcado al principio, puede pasarnos a todos sin que seamos conscientes de lo que está sucediendo. Ya sea en relaciones románticas, de amistad, o familiar.
Las consecuencias de sufrir o haber sufrido maltrato psicológico pueden ser muy perjudiciales. Si crees que te puede estar pasando, te ha pasado, o una persona de tu alrededor puede estar atravesando una situación de este tipo, no dudes en pedir ayuda.
Bibliografía
Almendros, C., Gámez-Guadix, M., Carrobles, J. A., Rodríguez-Carballeira, Á., & Porrúa, C. (2009). Abuso psicológico en la pareja: aportaciones recientes, concepto y medición. Psicología Conductual, 17(3), 433-451.
Borjesson, W. I., Aarons, G. A. y Dunn, M. E. (2003). Development and confirmatory factor analysis of the Abuse Within Intimate Relationship Scale. Journal of Interpersonal Violence, 18, 295-309.
García, L., Irurtia, M., Caballo, V y del Mar Díaz (2011). Ansiedad social y abuso psicológico. Psicología conductual, 19(1), 223.
Martín, B., y de la Villa Moral, M. (2019). Relación entre dependencia emocional y maltrato psicológico en forma de victimización y agresión en jóvenes. Revista iberoamericana de psicología y salud, 10(2).
O’Leary, K. D. (1999). Psychological abuse: a variable deserving critical attention in domestic violence. Violence & Victims, 14, 3-23.
Sauceda, y Maldonado. (2016). El abuso psicológico al niño en la familia. Revista de la Facultad de Medicina (México), 59(5), 15-25. ç
El economista J.K. Galbraith escribió una vez: “Ante la elección entre cambiar de opinión y demostrar que no hay necesidad de hacerlo, casi todos se ocupan de la prueba”.
En la psicología se ha observado desde hace décadas que las personas reaccionamos fuertemente cuando tratamos de defender nuestras creencias, mostrándonos más inclinados a defenderlas que a cambiarlas. Pero ¿por qué ocurre esto?
Lo importante es sobrevivir
Una de esas razones es que los humanos tenemos un profundo deseo de pertenecer. Según James Clear, “los humanos somos animales de manada. Queremos encajar, vincularnos con los demás y ganarnos el respeto y la aprobación de nuestros compañeros. Tales inclinaciones son esenciales para nuestra supervivencia. Durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva, nuestros antepasados vivieron en tribus.”
De hecho, para nuestros antepasados, separarse de la tribu o ser expulsado, era una sentencia de muerte.
Esto nos lleva a lo siguiente (y no te va a gustar): No siempre creemos las cosas porque son correctas. A veces las creemos simplemente porque nos hacen quedar bien ante las personas que nos importan. Comprender la verdad de una situación es importante, pero también lo es seguir siendo parte de una tribu.
“Si un cerebro anticipa que será recompensado por adoptar una creencia particular, está perfectamente feliz de hacerlo, y no le importa mucho de dónde proviene la recompensa, ya sea pragmática (mejores resultados fruto de mejores decisiones), social (mejor trato de los compañeros o alguna mezcla de las dos”.
Kevin Simler
Los hechos no cambian nuestras creencias. La amistad sí.
Siguiendo con el punto anterior, plantéate lo siguiente: convencer a alguien para que cambie de opinión es en realidad convencer a alguien para que cambie de tribu. Si esta persona abandona sus creencias, corre el riesgo de perder sus lazos sociales.
No puedes esperar que alguien cambie de opinión si esto signfica apartarle de su tribu. Tienes que darle una tribu a la que ir.
Cambiar de opinión ya no es atender a las evidencias. Es cambiar de personalidad y plantearse la posibilidad de plantarse ante el abismo de la soledad, el rechazo y el descontrol. Entonces ¿hay algo que se pueda hacer?
Si alguien a quien conoces, te gusta y en quien confías cree en una idea radical, es más probable que le des mérito, peso o consideración. Ya que estás de acuerdo con éste en la mayoría de las áreas de la vida. Incluso puedes llegar a plantearte cambiar de opinión sobre esto también. Pero si alguien muy diferente a ti propone la misma idea radical, bueno, es fácil descartarle como a un chiflado. La amistad como camino de cambio.
Las creencias son difíciles de cambiar.
Alain de Botton recomienda comer con personas de opiniones diferentes para fomentar la tolerancia y reducir los prejuicios. Sentarse a la misma mesa y compartir la comida con desconocidos dificulta odiarles sin motivo. La proximidad física que supone compartir una comida interrumpe la capacidad de estereotipar y discriminar a las personas por su aspecto o su acento. Este método de fomentar la tolerancia entre vecinos desconfiados mediante cenas conjuntas es más eficaz que las soluciones políticas a gran escala. Este enfoque es similar a la cita de Abraham Lincoln: “No me gusta ese hombre. Debo conocerle mejor”.
Existe otra manera: Leer. Percibiremos como amenazante cualquier idea que sea lo suficientemente diferente a nuestra visión actual del mundo… Y el mejor lugar para reflexionar sobre una creencia amenazante es en un entorno no amenazante. Con un libro, la conversación tiene lugar dentro de la cabeza de nuestra cabeza y sin el riesgo de ser juzgados por otros. Es más fácil tener la mente abierta cuando no te sientes a la defensiva.
Por qué persisten las creencias falsas
Tal y como escribió un empleado de Twitter: “Cada vez que retuiteas o citas a alguien con quien estás enojado, les ayuda“.Ley de la recurrencia de Clear: el número de personas que creen en una idea es directamente proporcional al número de veces que se ha repetido durante el último año, incluso si la idea es falsa.
“Pasa el menor tiempo posible hablando de cómo otras personas están equivocadas”.
Tyler Cowen
¿Por qué criticamos las “malas” creencias? Es sencillo, queremos criticar las malas creencias porque creemos que el mundo estaría mejor si menos personas las creyeran.
La mayoría de la gente argumenta para ganar, no para aprender. Como Julia Galef lo expresa tan acertadamente: las personas a menudo actúan como soldados en lugar de exploradores. Los soldados están en el ataque intelectual, buscando derrotar a las personas que difieren de ellos. La victoria es la emoción operativa. Los exploradores, mientras tanto, tratan lentamente de descubrir el terreno con otros. La curiosidad es la fuerza motriz.
Conclusión: sé amable primero, ten razón después
Según Haruki Murakami, ganar una discusión significa destruir la realidad de la persona contra la que se discute. Perder la propia realidad puede ser una experiencia dolorosa, por eso es importante ser amable incluso cuando se tiene razón.
Nuestras opiniones y actitudes políticas son una parte importante de quiénes somos y cómo construimos nuestras identidades, por lo que estamos mucho más motivados para razonar y argumentar defendiendo nuestros propios puntos de vista -o quizás deberíamos decir los de nuestro grupo- que para cambiarlos.
Clear, J. (2018, September 10). Why Facts Don’t Change Our Minds. James Clear. https://jamesclear.com/why-facts-dont-change-minds?utm_source=pocket_reader
Ley de la recurrencia de Clear: qué es y cómo describe la comunicación. (2020, January 9). Psicologiaymente.com. https://psicologiaymente.com/social/ley-recurrencia-clear
Pärnamets,Jay, P. (2018, November 20). How Political Opinions Change. Scientific American. https://www.scientificamerican.com/article/how-political-opinions-change/
Moran, G. (2020, January 14). How to find common ground when it seems impossible. Fast Company; Fast Company. https://www.fastcompany.com/90451221/how-to-find-common-ground-when-it-seems-impossible?utm_source=pocket_collection_story
Israel, T. (2020, October 12). How to listen — really listen — to someone you don’t agree with. Ideas.ted.com. https://ideas.ted.com/how-to-listen-really-listen-to-someone-you-dont-agree-with/?utm_source=pocket_collection_story
Gino, F. (2018). Why Hostility Can Bring People Closer Together. Pocket; Pocket. https://getpocket.com/explore/item/why-hostility-can-bring-people-closer-together?utm_source=pocket_collection_story
La Reestructuración Cognitiva es la técnica psicológica mediante la cual el terapeuta se centra en la modificación de aquellos pensamientos o creencias desadaptativas que han sido aprendidas por la persona por otras más sanas y adaptativas, que tengan por objetivo reducir el malestar emocional provocado.
Más concretamente explicado, los pensamientos serán considerados tanto por el terapeuta como por el paciente como hipótesis, y ambos tendrán que recabar datos que autentifiquen o desmientan estas mismas (Bados y García, 2010).
La base de la reestructuración cognitiva se sustenta en tres supuestos básicos (Bados y García, 2010):
La interpretación por parte de las personas de aquellos acontecimientos que nos suceden en nuestro día a día está directamente relacionada con la forma en cómo nos sentimos y por ende en que actuamos. No es lo mismo quedar por primera vez con una persona que nos atrae, y pensar al ver que se retrasa media hora que nos ha dejado plantados o que no le interesamos, a pensar que probablemente haya surgido algún imprevisto que haya provocado el retraso y que es mejor llamar para salir de dudas. La situación es la misma, y sin embargo impresiona lo diferentes que pueden ser las emociones que surgen en nosotros según si percibimos la situación de una manera o de otra.
El psicólogo es capaz, mediante sus herramientas y su experiencia, de ayudar a la persona a identificar esta clase de pensamientos dolorosos, que a veces son conscientes y otras son completamente automáticas.
Existe la posibilidad, con el trabajo y dedicación de ambos, de readaptar las cogniciones de la persona a otras más sanas.
La gran mayoría de nosotros tenemos un esquema o estructura cognitivos. Son individuales, personales y diferentes entre cada persona. Se tratan de nuestros pensamientos y nuestra forma de interpretar. Ya sea por aprendizaje externo y transmitido, o por el aprendizaje interno que hemos realizado de circunstancias vividas. En su formación influyen además una serie de variables como: situacionales, fisiológicas, emocionales, y conductuales junto con el significado que representa todo ello para la persona (Bados y García, 2010).
Estos esquemas cognitivos determinan la forma en la que vemos las cosas, dado que moldean aquello a lo que atendemos, prestamos más atención, recordamos y valoramos (Bennett-Levy, Westbrook et al., 2004).
Reestructuración cognitiva.
Además, el objetivo de la reestructuración cognitiva no es la invalidación total de las emociones. Sabemos que las emociones tienen su función y quieren decirnos algo, no obstante, dentro de un equilibrio. La reestructuración se enfoca en aquellos pensamientos que hacen que una emoción se vuelva desmedida, hasta el punto de resultar dañina para la persona (Bados y García, 2010).
Beneficios
Por lo tanto, algunos de los beneficios que puede proporcionarnos acudir a terapia para trabajar nuestros pensamientos son (Bados y García, 2010):
Aprender a identificar qué tipo de cogniciones inconscientes te están haciendo daño, y están impidiendo que lleves una vida plena.
Comprender el impacto que éstas están teniendo en ti tanto emocional como conductualmente.
Readaptar la forma de ver tus pensamientos de modo que sean algo discutible y que hay que verificar, en lugar de verlos como una verdad absoluta.
Modificar este tipo de pensamientos y reemplazarlos por otros más adaptativos que te lleven a conseguir un cambio tanto emocional como conductual más sano.
Si crees que te mueves a través de ciertos pensamientos que te están provocando malestar y piensas que necesitas ayuda, no dudes en contactar con algún profesional.
Bibliografía
Bados López, A., y García Grau, E. (2010). La técnica de la reestructuración cognitiva. Universidad de Barcelona.
Bennett-Levy, J., Westbrook, D., Fennell, M., Cooper, M., Rof, K. y Hackmann, A. (2004). Behavioural experiments: historical and conceptual underpinnings. Oxford guide to behavioural experiments in cognitive therapy (pp. 1-20). Oxford: Oxford University Press.
Tanto las relaciones como las experiencias que mantenemos con nuestro grupo de iguales son necesarias y contribuyen sobre todo al desarrollo de los niños y adolescentes.
Estas relaciones que mantenemos con los demás nos aportan bienestar, seguridad, y nos ayudan a formar nuestros esquemas sociales, emocionales y cognitivos. Pero, como en cualquier relación que conlleva una interacción con otra persona, también pueden darse conflictos que pueden tener consecuencias positivas o negativas (Lugones y Ramírez, 2017).
En niños y adolescentes una de esas causas negativas que puede darse y que parece adquirir cada día más relevancia es el Bullying (Lugones y Ramírez, 2017).
Dan Olweus fue el psicólogo que realizó el primer estudio sobre bullying en el ámbito escolar, y quien posteriormente lo definió como: una «conducta de persecución física o psicológica que realiza el alumno o alumna contra otro, al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a las víctimas en posiciones de las que difícilmente pueden salir por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas efectos claramente negativos: disminución de su autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que hace difícil su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes» ( Olweus, 1993).
Por supuesto, desde entonces han surgido muchas otras definiciones sobre el bullying, pero si hay algo indiscutible es que la mayoría de ellas tienen, a grandes rasgos, cuatro características en común:
Es un fenómeno de agresividad injustificada, que aunque pueda darse en mayor o menor medida siempre es violento
Puede darse de forma física, verbal, psicológica, social y, más actualmente, mediante ciberbullying
Es una situación que hace surgir diferentes roles entre las personas: víctima, agresor, y espectador/es
Este acto no sólo produce consecuencias psicológicas y emocionales negativas hacia la víctima, sino también hacia el agresor, y hacia los espectadores, afectando a su calidad de vida, su salud, y bienestar
¿Qué consecuencias puede acarrear?
Centrándonos en este último punto, y en el rol de la víctima, algunas de las consecuencias que puede acarrear sufrir bullying son (López, Soto-Rubio, Rico, 2015):
Disminución en el rendimiento académico y, por ende, aumento de malas notas.
Descenso de la motivación.
Pensamientos y sentimientos recurrentes de culpa.
Bajo autoconcepto y autoestima.
Inseguridad.
Desconfianza.
Aislamiento social y sentimientos de soledad.
Ansiedad ante la idea de ir al colegio/instituto/universidad.
Depresión.
Alteraciones del estado de ánimo y de la conducta.
Somatizaciones (dolores físicos, insomnio… ).
Ideación suicida o suicidio.
Entre otras. Pudiendo de hecho prolongarse este tipo de consecuencias a largo plazo, en la vida adulta, tanto en nuestro autoconcepto, como a la hora de relacionarnos con los demás.
En España, se estima que uno de cada cinco alumnos está implicado en el bullying, como agresor, como víctima, o como observador (Ortega, 1994). Y, en esta misma línea, el informe del Defensor del Pueblo UNICEF (2007) informa que el 5,5% de los estudiantes se consideraban víctimas de este fenómeno, y el 5,4% declaraban ser agresores de otros alumnos de forma cibernética.
En este mismo informe, también se expone que una cuarta parte de los estudiantes había presenciado acoso o ciberacoso tanto de manera esporádica como de manera prolongada.
Según otro informe (Cisneros X), la incidencia de la violencia escolar y el acoso escolar en nuestro país es de un 2,4% entre los niños y de un 21,6% entre las niñas, lo que da como resultado un nivel de acoso total escolar a nivel nacional de un 23,3% (Oñate y Piñuel, 2007).
Son cifras preocupantes y las consecuencias demasiado altas como para que esta problemática pase desapercibida. Por eso, desde Més Que Salut Dénia queríamos animar tanto a padres, como a profesores, y a la propia persona que lo sufre, de que si tras leer este artículo piensan que sus hijos, alumnos puedan estar atravesando una situación así, u os habéis sentido identificados, no dudéis en solicitar ayuda, tanto a las personas de vuestro alrededor que os arropan y os dan apoyo, como a un profesional.
Bibliografía
Defensor del pueblo-UNICEF, (2007). Violencia escolar: el maltrato entre iguales en la educación secundaria obligatoria. 1999-2006. Madrid: publicaciones de la oficina del defensor del pueblo.
López, L. M., Soto-Rubio, A., y Rico, G. M., (2015). Bullying e Inteligencia Emocional en niños. Revista calidad de vida y salud, 8 (2).
Lugones Botell, M., y Ramírez Bermúdez, M., (2017). Bullying: aspectos históricos, culturales y sus consecuencias para la salud. Revista cubana de medicina general integral, 33 (1), 154-162.
Olweus, D., (1993). Bullies on the playground: The role of victimization. Children on playgrounds. Research perspectives and applications, 85-128.
Oñate, A., y Piñuel, I., (2007). Informe Cisneros X. Acoso y violencia escolar en España. Instituto de Innovación educativa y desarrollo directivo.
Ortega, R. (1994). Violencia interpersonal en los centros educativos de enseñanza secundaria. Un estudio sobre maltrato e intimidación entre compañeros. Revista de Educación, 304, 253-280.
Según el canalInfosalus, en la población general destaca que la prevalencia se sitúa entre un 1 % y un 11,3 %, y se observa que es más frecuente en mujeres que en hombres. Además, algunas grandes marcas venden a precios extremadamente bajos para que te sientas más obligado a comprarlos cuanto antes. Aunque a veces resulte frustrante, no hay que dejarse llevar por las compras compulsivas.
Con un poco de autorreflexión, mucha paciencia y un poco de ayuda de los demás, te dejamos algunas estrategias para que puedas gestionar mejor este problema.
Detecta los disparadores
Todo comportamiento compulsivo tiene desencadenantes que nos impulsan a realizarlo. En algunas personas son las emociones negativas, como sentirse aburridas, tristes o enfadadas. A otras les provocan determinados momentos del día, lugares o actividades.
Si quieres combatir tus compras compulsivas, es muy importante que seas consciente de los factores que te impulsan a adoptar este comportamiento. Llevar un diario es una buena forma de identificar los factores desencadenantes, éste puede ser una herramienta increíblemente terapéutica para combatir las compras compulsivas pues te ayudará a ser consciente de tus emociones así como romperá el automatismo emoción-conducta.
Compras compulsivas
Ejercicio: excelente para combatir la ansiedad
Hacer ejercicio es otra forma excelente de controlar la ansiedad y disminuir las compras compulsivas. Muchas personas que sufren ansiedad consideran que el ejercicio es una forma excelente de liberar la tensión que puede acumularse en su interior.
Incluso hay estudios que sugieren que el ejercicio puede ser tan eficaz como ciertos medicamentos para tratar la ansiedad. Por lo tanto, si actualmente estás tomando medicación para la ansiedad, añadir una rutina de ejercicio regular puede ayudarte a reducir la dosis que necesitas para seguir sin síntomas. Si no haces ejercicio actualmente, deberías plantearte empezar a hacerlo. No sólo reducirá tu ansiedad, sino que también mejorará tu estado de ánimo y tu salud en general.
Cuando haces ejercicio con regularidad, aumentas el flujo de sangre al cerebro y esto puede ayudarte a pensar con más claridad y creatividad. Puedes hacer ejercicios sencillos como andar, correr, nadar, montar en bicicleta, etc. para combatir tus compras compulsivas, y si no sabes por dónde empezar, el primer paso sería buscar profesionales competentes para que te ayuden con tus necesidades, de una manera individualizada.
Tómate un descanso de las compras
Muchos sentimos la necesidad de comprar cuando estamos aburridos, ansiosos o deprimidos. Si te das cuenta de que gastas demasiado dinero en artículos no esenciales, es posible que padezcas un trastorno de compra compulsiva (eso sí, nunca te autodiagnostiques, ante la duda, acude a un especialista en conducta humana, es decir, un psicólogo). En lugar de comprar cosas que no necesitas, tómate un descanso de las compras.
Una meta tipo puede ser fijarte un número de días a la semana en los que te comprometas a no hacer ninguna compra. Así tendrás tiempo para reflexionar sobre tus hábitos de gasto y sobre los artículos que compras. Quizá te sorprenda darte cuenta de que no necesitas ni la mitad de los artículos que compras habitualmente.
Pida ayuda (profesional)
Si crees que tus compras compulsivas están fuera de control, concierta una cita con un profesional. Puede ayudarte a identificar los factores desencadenantes y a trabajar las emociones que pueden estar provocando tus compras compulsivas. Así como otros factores y situaciones asociados, pues a veces, la conducta de compra puede ser un escape de otra situación.
Un profesional de la psicología también puede proporcionarte herramientas y recursos que te ayuden a superar este trastorno. Contar con un sistema de apoyo para hacer frente a las compras compulsivas puede suponer una gran diferencia. Tener a alguien con quien hablar que no sea tu familia inmediata -y que se encuentre fuera de tu entorno- puede ayudarte a sentirte menos presionado para ocultar su trastorno.
No dejes que las compras compulsivas te hagan descarrilar
Las compras compulsivas pueden ser un trastorno difícil de superar. Puede resultar tentador abandonar los esfuerzos por superar este trastorno. Sin embargo, no dejes que esto ocurra. Recuerda que te ha llevado mucho tiempo llegar a este punto. Es importante que no te rindas. Utiliza las estrategias anteriores para intentar superar las compras compulsivas. Trata de recordar que no lo conseguirás de la noche a la mañana y que puedes tener algún desliz por el camino, pero con práctica y paciencia, podrás superarlas y recuperar el control de tu economía.
Has podido leer este artículo también en Canfali Marina Alta. Si crees que necesitas ayuda, en Més Que Salut Dénia – Psicología, podemos ayudarte.
Nota: Este post aparece hoy no por error. Dicen que “en casa del herrero cuchillo de palo”. No es el caso. No pude sacarlo antes porque precisamente, estaba cuidando mi propia salud mental. Estoy segura de que sabréis entenderlo ¡gracias!
Hoy, 10 de octubre, queríamos celebrar el Día Mundial de la Salud Mental, ¿y qué mejor forma de hacerlo que ofrecerte unas pautas para el autocuidado del día a día?
La celebración del Día Mundial de la Salud Mental el 10 de octubre es una iniciativa de la Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH, en sus siglas en inglés).
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, fundada en 1948), la salud mental “es un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad. Es parte fundamental de la salud y el bienestar que sustenta nuestras capacidades individuales y colectivas para tomar decisiones, establecer relaciones y dar forma al mundo en el que vivimos.
La salud mental es, además, un derecho humano fundamental. Y un elemento esencial para el desarrollo personal, comunitario y socioeconómico.Es más que la mera ausencia de trastornos mentales. Se da en un proceso complejo, que cada persona experimenta de una manera diferente, con diversos grados de dificultad y angustia y resultados sociales y clínicos que pueden ser muy diferentes”.
Autocuidado.
¿Qué cosas puedo hacer para tener en cuenta y cuidar mi salud mental?
1. Cuida tu salud física
Cuidar de tu salud física tiene un impacto muy positivo en tu mente y en tu cuerpo. Aliméntate bien, haz ejercicio físico, cuida las tensiones, contracturas o dolores que puedas sentir en tu cuerpo, realiza alguna actividad física que te guste, que te haga desconectar, y que recargue tu energía y refuerce el autocuidado.
2. Haz cosas que te gratifiquen y produzcan bienestar
Parece simple y evidente, pero en un mundo como este, donde nos gobiernan las prisas y el estrés, a veces se nos olvida dedicarnos esos momentos de paz, tranquilidad, y de autocuidado. Escucha a tu cuerpo y a ti mismo/a. Reflexiona más acerca de aquello que necesitas hacer, en lugar de aquello que crees que deberías hacer.
3. Conecta con tus seres queridos
Permítete escuchar y ser escuchado, abrazar y ser abrazado, apoyar y ser apoyado…
Permítete construir relaciones sanas, donde exista una responsabilidad afectiva que se de por ambas partes.
Acércate a esas personas que sientes que dan bienestar a tu vida, y no temas alejarte de aquellas que perturban y desequilibran esa tranquilidad.
4. Identifica y valida tus emociones
No niegues ni bloquees tus emociones. No las reprimas, no huyas de ellas… No te exijas tener que estar bien, ni tener que poder con todo día a día, y continuamente. Es agotador, e imposible.
Comprender y expresar cómo te sientes es muy importante. Todas las emociones son válidas y surgen para decirte algo.
Apóyate, acompáñate, y sé comprensivo contigo mismo/a.
Practica la asertividad. Sé amable contigo mismo/a, y con los demás. Gestionar las emociones de manera adecuada es un factor significativo del autocuidado.
5. Resalta las cosas buenas y no sólo las malas
Equilibra el peso. Normalmente le damos más importancia o prestamos más atención a las cosas negativas que a las cosas positivas que nos suceden o hacemos.
Un autocuidado eficaz comporta tener en cuenta el agradecimiento.
“Aunque no todos los días sean buenos, podemos encontrar algo bueno todos los días”.
Si crees que necesitas ayuda para cuidar de tu salud mental, no dudes en contactarnos.
Ramírez, W., Vinaccia, S., & Gustavo, R. S. (2004). El impacto de la actividad física y el deporte sobre la salud, la cognición, la socialización y el rendimiento académico: una revisión teórica. Revista de estudios sociales, (18), 67-75.
Davidson, L., & González-Ibáñez, À. (2017). La recuperación centrada en la persona y sus implicaciones en salud mental. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 37(131), 189-205.
Fue una pregunta que ya contestó tiempo atrás una de las personas que dedicó gran parte de su vida al estudio del psicoanálisis, Sigmund Freud:
“Las emociones reprimidas nunca mueren. Son enterradas vivas, y saldrán de la peor manera”.
También concuerda con un refrán español que dice que: “Quien mucho traga, al final se ahoga”, y con el que además está de acuerdo la famosa autora del libro “cómo hacer que te pasen cosas buenas”, Marian Rojas Estapé, que afirma también que “quien se traga las emociones se ahoga”.
La mayoría de los seres humanos vivimos corriendo. Evitamos, escapamos. Huimos de las emociones que nosotros mismos calificamos como negativas. De la tristeza, del miedo, la ira… u otras más complejas como el dolor, la inseguridad, la frustración, la decepción…
Lo cierto es que huir de la realidad nunca nos hará felices. Cada cosa que decidimos hacer tiene un impacto en nosotros. Huir y evitar nos supone un gran gasto de energía. Silenciar y bloquear emociones puede provocar que perdamos salud tanto física, como psicológica. Además, hacerlo equivale a no aceptarla. También puede provocar un desequilibrio en nuestros niveles de estrés y el cortisol (comúnmente conocido como “la hormona del estrés”) en exceso es muy tóxico para nuestro organismo.
Teniendo en cuenta la toxicidad interior que nos pueden ocasionar este tipo de emociones al no ser expresadas, y la cantidad de energía que necesitamos para reprimirlas (conlleva más desgaste físico, mental y emocional suprimirlas, que sentirlas), no es una sorpresa encontrarnos que cada vez hay cifras más altas de personas que, acostumbradas a llevar a cabo esta práctica durante toda su vida, acaban manifestando síntomas somáticos, tales como colon irritable, dolores de estómago, psoriasis, contracturas, migrañas, mareos… que no es más que un intento desesperado de estas emociones por salir a la luz de alguna manera.
¿Existen de verdad emociones positivas, o negativas?
En realidad, esta es una clasificación que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida porque, está claro y no es discutible, que hay emociones que son más agradables de sentir que otras. Pero lo cierto es que todas las emociones son una respuesta que produce nuestro organismo con el único fin de ayudarnos a sobrevivir.
Viéndolo de otra manera, emociones como el miedo, el enfado, o la tristeza… ¿son de verdad negativas?
Porque el miedo nos protege de cualquier amenaza y nos ayuda a estar alertas ante situaciones que puedan suponer un daño a nuestra integridad física. El enfado nos permite establecer límites y defender nuestros derechos cuando percibimos que éstos están siendo vulnerados y que nos están haciendo daño. La tristeza nos incita a la reflexión, a valorar…
Hace un tiempo se descubrió que en las lágrimas emocionales había un componente químico que ya he mencionado un poco antes: El cortisol. Por eso, después de llorar por algo que emocionalmente nos ha hecho daño, nos sentimos desahogados. Hemos liberado tensión.
Ahora bien, sabiendo lo que conlleva el cortisol, ¿qué crees que sucede si estamos tristes y lo único que hacemos es reprimir el llanto? Si no lo expresamos, si no lo hablamos con nadie… ni siquiera con nosotros mismos.
Llorar puede hacernos sentir vulnerables, y eso está bien, porque ya has leído antes que no podemos, ni es sano, estar constantemente en alerta o tensión. Y hay quien dice, que el dolor compartido, es menos dolor.
¿Qué puedo hacer para “no ahogarme” con mis emociones?
Normalmente lo “malo”, “negativo”, o “desagradable” no son las emociones en sí, sino cómo las interpretamos o gestionamos. Teniendo en cuenta que las emociones son algo natural en nuestro organismo y que además no podemos controlar, puedo asegurar que es contraproducente que intentemos reprimirlas en lugar de aprender a gestionarlas.
Es muy importante detenernos a pensarnos, aprender a escucharnos, comenzar a sentirnos, libres de juicios, para averiguar por qué está surgiendo una emoción, qué quiere enseñarnos, y qué necesitamos.
Aprende a identificar tus emociones: Pon nombre a lo que sientes (no es lo mismo sentir tristeza que decepción). Conócete. Busca ser asertivo/a, te enseñará cómo expresarte. Empieza a elegir a tu alrededor personas, lugares, cosas… que te proporcionen bienestar y sean sanas para ti.
Si crees que tienes problemas para identificar tus emociones, gestionarlas, o regularlas, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Podemos ayudarte.
Situaciones en las que puede venirte bien la asertividad:
Mañana trabajas. Quieres irte a descansar temprano. Pero cuando te metes en la cama, resulta que tu tía te llama para quejarse del mal día que ha tenido hoy. Como os lleváis muy bien, tú, por no cortarla, la escuchas. Aunque eso acabe provocando que te acuestes una hora más tarde, y además algo molesta porque ya no tienes tanto tiempo para dormir.
Hoy es el primer día que conoces a tu suegra. Ella, como hace calor, te ofrece una bebida con gas. Tu sabes perfectamente que las bebidas gaseosas te sientan muy mal, pero aún así, como no quieres darle una mala impresión ni hacerla sentir rechazada, la aceptas.
¿Te resultan familiares este tipo de situaciones?
Si tu respuesta ha sido SÍ, te recomiendo continuar leyendo esta entrada para descubrir cómo la ASERTIVIDAD puede ayudarnos a negarnos a este tipo de peticiones sin sentirnos mal por ello, cuidándonos al tener en cuenta nuestras necesidades, mejorando por tanto nuestra autoestima, y guardando un respeto a nosotros y a los que nos rodean.
¿QUÉ ES LA ASERTIVIDAD?
La asertividad se define como la capacidad de expresar de forma clara, directa, honesta y adecuada tanto nuestros pensamientos u opiniones, como nuestros sentimientos, desde el respeto tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás.
La asertividad nos facilita relacionarnos con los demás y también con nosotros mismos. Nos enseña, por ejemplo, a negarnos a hacer algo que no queremos, a gestionar un conflicto, o también a pensar o anteponer un poco esas a menudo tan olvidadas necesidades propias.
Normalmente, según la situación en la que nos encontremos, podemos movernos entre 3 estilos de comportamiento, que se conocen como el comportamiento pasivo, el comportamiento asertivo, y el comportamiento agresivo.
Cuando tenemos un comportamiento pasivo, nos estamos diciendo a nosotros mismos que no tenemos derechos, pero los demás sí. Por otro lado, el comportamiento agresivo, nos hace pensar que nosotros tenemos derechos, pero los demás no. Y, finalmente, el estilo asertivo dice que tanto nosotros mismos como los demás tenemos derechos.
Parece evidente cuál es el estilo de comportamiento más adecuado para tratarnos tanto a nosotros mismos como a los demás desde la comprensión, el amor y el respeto (que es, al final, lo que queremos todos), pero entonces, ¿por qué no había escuchado antes la palabra asertividad?, y ¿por qué parece tan difícil ser asertivo?
La respuesta es muy sencilla, y es simplemente que, normalmente, o no sabemos cómo hacerlo, o las creencias irracionales (como aquellas de las que hablé en la entrada anterior) mediante las que funcionamos nos impiden pasar del estilo pasivo o del estilo agresivo al asertivo. A parte, existen una serie de normas más tradicionales, profundamente arraigadas, que a veces parecen estar en lucha constante con los derechos que todos nosotros tenemos, y eso puede generarnos un conflicto, porque, ¿cómo voy a negarme a hacerle un favor a alguien, si siempre me han dicho que hacerlo es de buena persona?
CREENCIAS IRRACIONALES Y ASERTIVIDAD
Algunas de las enseñanzas y normas tradicionales que vamos aprendiendo desde que somos pequeñitos acaban siendo rígidas, inamovibles y verdaderas en nuestra cabeza. Lo que hace que, además, en un futuro, tengamos problemas para ser asertivos.
Pero, ¿son realmente las adecuadas?, ¿estoy haciendo las cosas que necesito y me hacen feliz, o las cosas que creo que hacen que los demás me consideren una buena persona?
Veamos algunas de las creencias erróneas pero comúnmente extendidas que probablemente hayas escuchado en algún momento de tu vida, y mostremos a qué tenemos derecho realmente.
CREENCIAS ERRÓNEAS MIS DERECHOS
Es ser egoísta anteponer las necesidades propias a las de los demás.
Algunas veces, tengo derecho a ser el primero.
Es vergonzoso cometer errores. Hay que tener una respuesta adecuada para cada ocasión.
Tengo derecho a cometer errores y no avergonzarme por ello.
Si no puedo convencer a los demás de que mis sentimientos son razonables, debe ser que estoy equivocado.
Tengo derecho a ser el juez último de mis sentimientos y aceptarlos como válidos.
Hay que respetar los puntos de vista de los demás, especialmente si desempeñan algún cargo de autoridad. Guardarme las diferencias de opinión para mi mismo; escuchar y aprender.
Tengo derecho a tener mis propias opiniones y convencimientos.
Tengo que intentar ser siempre lógico y consecuente.
Tengo derecho a cambiar de opinión o de línea de acción.
Las cosas podrían volverse aún peores de lo que son. No hay que tentar a la suerte.
Tengo derecho a intentar un cambio.
No hay que hacer perder a los demás su valioso tiempo con los problemas de uno.
Tengo derecho a sentir y expresar el dolor, pedir ayuda o apoyo emocional.
Hay que intentar adaptarse siempre a los demás, de lo contrario, no se encuentran cuando se necesitan.
Tienes derecho a decir “no”.
Si alguien hace una pregunta, hay que darle siempre una respuesta.
Tienes derecho a responder o a tomarte tu tiempo para hacerlo.
LA ASERTIVIDAD SE TRABAJA.
Ser asertivo/a conlleva un trabajo detrás por nuestra parte, a veces también un remodelamiento de nuestras creencias, y de la forma en que nos hablamos a nosotros mismos y a los demás. No es una habilidad que se aprenda de la noche a la mañana, ni de una semana para otra. Es una habilidad que se entrena.
Sobre todo porque lo cierto es que la educación que recibimos desde pequeños no nos enseña a ser asertivos, y a menudo se ha relacionado el pensar en nuestras propias necesidades con el ser egoístas, cuando a veces tenemos derecho a ser los primeros.
Teniendo en cuenta que la asertividad también se conoce como “la capacidad de expresar los derechos y sentimientos personales”, es necesario que nosotros mismos nos detengamos, e indaguemos en nuestro interior para averiguar precisamente eso; cuáles consideramos que son nuestros derechos y sentimientos, con claridad. Que es algo que, en el mundo en el que nos movemos hoy en día, no solemos hacer, porque es más sencillo “coger la vía fácil y correr”, que detenernos a reflexionar.
Ahora bien, tras leer esta entrada, aprender un poco sobre la asertividad, y revisar cuáles son tus derechos asertivos, si volvieras a las situaciones del inicio, ¿actuarías igual?
Si crees que lo necesitas, contáctanos en el 96 506 43 95 o reserva tranquila y cómodamente tu sesión clicando aquí.
Resulta que, aunque no nos guste leerlo, hay algunas ocasiones en la vida en que nos hacemos daño a nosotros mismos, sobre todo en lo que respecta a lo que pensamos, tanto de nuestro entorno, de los acontecimientos que nos suceden, como de nosotros mismos.
Pero, ¿cómo nos hacen daño nuestros pensamientos exactamente?
Nuestros pensamientos nos hacen daño a través de lo que consideramos creencias irracionales, o también conocidas como distorsiones cognitivas.
Pero, ¿qué son las creencias irracionales?
Según Beck, uno de los máximos exponentes de la psicología del siglo XX las distorsiones cognitivas son errores sistemáticos que realizamos durante procesamiento de la información. Es decir, son malinterpretaciones erróneas y desadaptativas que podemos realizar sin llegar a ser conscientes a la hora de percibir nuestro entorno.
“En esta imagen, nuestra forma de interpretar el entorno provocaría un resultado erróneo y desadaptativo, que es el 3, a pesar de que si modificamos nuestra percepción y pensamientos, podríamos dar con un resultado más adecuado y sano (2).”
Nuestro problema es que en la mayoría de ocasiones cometemos el error de creer que todo cuanto nos decimos a nosotros mismos, o interpretamos, es real y verdadero, lo que hace que nos resulte muy costoso romper ese círculo de toxicidad.
Así pues, una vez explicado esto, ¿cuáles son 12 de las creencias irracionales más comunes y qué mayor malestar emocional nos provocan?
1. Las exigencias y el perfeccionismo.
Tal vez os suenen las palabras claves que siguen a esta distorsión, tales como “debería de…”, “tengo que…”, “no debería de…”, “tiene que…”.
Son creencias rígidas y normalmente inflexibles sobre cómo debería ser uno y los demás.
El exigente busca una perfección que es irreal. La perfección convierte los errores en algo intolerable, en lugar de permitirnos verlos como un aprendizaje, que es lo que realmente vamos haciendo durante cada día de nuestra vida; aprender.
Además, caemos en el error de que, cuando somos exigentes con los demás, sentimos rabia cuando vemos que no actúan según nuestras creencias, en lugar de ser comprensivos y saber que cada uno de nosotros somos un mundo, y que todos tenemos derecho percibir las cosas a nuestra manera, y a tener nuestras propias creencias.
Además, las exigencias hacia uno mismo normalmente acaban tornándose en duras autocríticas que solemos creer sin discutir.
2. El catastrofismo.
Catastrofizar significa ver y esperar lo peor aunque realmente el futuro nos es incierto.
Si eres una persona catastrofista, tal vez te suene su palabra estrella, conocida como: “¿Y sí…?”. Que nos provoca una intensa preocupación y un miedo excesivo a la hora de afrontar cualquier situación, olvidándonos de lo más importante y que he destacado en un principio; que no somos adivinos, que no sabemos qué va a pasar en un futuro, y que en la mayoría de ocasiones, el 97% de las cosas que pensamos, ya sean buenas o malas, no pasan tal y como nos las imaginamos.
3. La negación.
Distorsión dirigida por frases como; “no me importa…”, “me da igual”, “no me pasa nada”…
Se trata de negar nuestros errores, problemas o debilidades. De no prestar atención a nuestras emociones.
Algo que hace que nos olvidemos de que precisamente cometer errores, y tener problemas, debilidades y sentimientos es lo que nos hace humanos.
4. La sobregeneralización.
Esta es una de las creencias irracionales más común. Es lo que nos hace pensar que si un día aleatorio, porque pase A, después ha pasado B, entonces todos los días en los que surja A aparecerá luego irremediablemente B.
En otras palabras, es la tendencia que tenemos a pensar que si algo ha sucedido una vez, sucederá otras muchas veces. Sobre todo cuando se trata de una experiencia que nos ha resultado desagradable.
Cuando nos hablamos con este tipo de distorsión, solemos usar palabras extremistas como “siempre”, “nunca”, “todo”, “nada”… Cuando realmente podríamos empezar a preguntarnos qué posibilidades de que eso que pensamos sea cierto.
¿De verdad nunca te sale nada bien?, ¿de verdad siempre te pasa todo a ti?
Tal vez con expresiones más reales como “a veces”, “es posible”, o “a menudo”, nos trataríamos mejor.
5. Las etiquetas globales.
Las palabras que acompañan esta creencia irracional suelen ser “soy un”, “es un”, “son unos”. Es decir, predomina el verbo “ser”, y a veces los prejuicios juegan un papel importante aquí.
Solemos etiquetar a una persona, o a nosotros mismos, con sólo tener uno o dos rasgos de la personalidad, obviando todo el resto.
Podríamos decir por ejemplo; “es un tacaño”, “es una aburrida”… Cuando en realidad podríamos ser más específicos en lugar de generalizar; “a veces se comporta de forma tacaña”, o “cuando salimos de fiesta es aburrida”.
6. La negatividad.
¿Os suena eso de agrandar las cosas negativas y desvalorizar o empequeñecer las positivas?
Esto es lo que hacemos mediante esta distorsión. Tanto si se tratan de acontecimientos sucedidos en el día a día, como si se tratan de méritos propios.
“Seguro que voy a suspender”, “seguro que no le caigo bien”, “seguro que no le gusto”…
Recordemos lo mencionado anteriormente en la distorsión del catastrofismo… “el 97% de las cosas que pensamos, ya sean buenas o malas, no pasan tal y como nos las imaginamos”.
7. El pensamiento polarizado. O blanco o negro, o todo o nada.
“O todo es horrible o todo es maravilloso”.
La realidad se percibe de manera extremista y no se valoran los términos medios. No existen los grises. En lugar de ser conscientes de que estamos siendo extremistas, y darnos cuenta de que tanto las personas como las situaciones no somos totalmente de una forma o de otra, sino que en su lugar nos vamos moviendo a lo largo de un continuo.
Creencias irracionales
8. El razonamiento emocional.
“Si me siento un perdedor es porque soy un perdedor”.
Estas creencias irracionales consisten en creer que lo que sentimos es verdad por el simple hecho de que lo sentimos.
A veces las emociones pueden hacernos emitir juicios sobre los demás, sobre nosotros mismos, o sobre las situaciones que no son del todo ciertas. Hay que tener en cuenta que nuestros sentimientos son producto de nuestra propia interpretación personal, que puede ser diferente a la de la mayoría, porque cada uno de nosotros tenemos nuestra propia percepción, de ahí calificarla como “personal”.
No está de más que reflexionemos acerca de nuestras emociones cuando las sintamos, para identificar si son ciertas o nos están engañando vía creencias irracionales.
9. El sesgo confirmatorio.
Se trata de algo similar a una memoria selectiva.
Esta creencia actúa de manera que, si pensamos que alguien es torpe, tenderé a recordar más aquellas situaciones que confirmen mi juicio, aunque la realidad es que una persona puede mostrarse torpe en algunas situaciones, y en otras no.
Recordamos mejor, de una forma equivocada, las cosas que encajan con nuestras ideas preconcebidas.
10. La interpretación del pensamiento, o lectura del pensamiento.
Creemos saber no sólo lo que piensan los demás, sino también por qué se comportan de la forma en que lo hacen.
“Piensa que soy una estúpida”, “seguro que sólo está con él por su dinero”, “lo que está haciendo es reírse de mi”…
Estas creencias irracionales a veces nos hacen olvidar que todo lo que tenemos son hipótesis, y que las hipótesis no se pueden dar como verdaderas hasta que no se tengan claras pruebas de ellas.
11. La personalización.
El sentirnos, como a mi me gusta llamarlo, “el ombligo del mundo”, ya sea para bien o para mal.
A veces esto nos hace pensar que todo lo que las personas de nuestro alrededor hacen o dicen tiene que ver, de alguna manera o de otra, con nosotros mismos.
Así, si de pronto quedamos una tarde con una amiga, que está más seria de lo normal, tenderemos a pensar, “¿habré hecho algo mal?”, “¿estará molesta conmigo por algo?”. Aunque no hayamos dicho o hecho nada para causar en ella una expresión de seriedad o molestia.
Al final, olvidamos que todos tenemos problemas y nuestras propias luchas. La próxima vez, podrías probar a preguntarle directamente a tu amiga si está bien.
12. El filtraje.
El filtraje se produce cuando vemos o escogemos algo negativo de nosotros mismos, de los demás o de las circunstancias, y se excluye todo lo demás.
Por ejemplo, es una de las creencias irracionales que nos lleva a centrarnos en que he suspendido dos asignaturas en el primer año de universidad, y a olvidar que he aprobado 8 de 10.
A veces, las emociones también nos pueden hacer caer en el error del filtraje. Por ejemplo, si un día estoy triste, voy a verlo todo negativo, y voy a tender a pensar que “no podré con ese día”, o “no podré con la semana”, retroalimentando sin ser conscientes ese ciclo de malestar en el que nos encontramos, en lugar de permitirnos sentirnos así, y alentarnos en que nada es eterno y que probablemente mañana nos encontremos mejor.
A veces, según el tipo de pensamientos que tengamos, pueden producirnos unas emociones u otras. Podríamos decir que es una retroalimentación continua entre ambos. Los pensamientos determinan nuestra forma de ver e interpretar nuestro entorno. Estos pensamientos y emociones pueden ser erróneos, o no.
Detectar las creencias irracionales que tenemos como herramientas en nuestro día a día es el primer paso para cambiarlas a otras más adaptativas, reenfocando pensamientos dañinos que nos ayuden a tener una buena salud emocional.
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Para vosotros no es ninguna novedad que os informe de que, a día de hoy, el porcentaje de personas que consumimos pornografía es muy alto. Ya sea por diferentes razones; disfrutar de un buen momento de sexualidad con nosotros mismos, con nuestras parejas, o por qué no, también para aprender o coger algunas ideas sobre cuáles deberían ser esos “truquitos” para hacer disfrutar al máximo tanto a nosotros mismos como a nuestro acompañante en la cama a la hora de tener sexo real.
Pero, después, ¿se parecen en algo el porno y la vida sexual real?
Si ya has experimentado lo que es el consumo de pornografía, y tener una experiencia sexual real, puede que te hayas dado cuenta de algo: No funcionan igual.
Y digo puede… porque en algunos casos ni siquiera es así, y tardas en descubrir cómo funciona en realidad. Sobre todo al principio, cuando empiezas a experimentar sexualmente… y resulta que tu única referencia ha sido el porno.
A falta de una apropiada educación sexual, podemos recurrir a innumerables recursos; libros, páginas webs concretas y especializadas, algún profesional,… Sin embargo, la fuente a la que casi todos acabamos recurriendo es la pornografía.
La pornografía no es ni mala, ni buena, pero debemos tener claro que mayormente es ficción. Una ficción que crea unas altas expectativas que luego nosotros pretendemos aplicar a la realidad, consiguiendo normalmente sólo una cosa; frustración cuando empezamos a descubrir que las cosas no funcionan así.
La comunicación
En el sexo es muy importante la comunicación: Saber qué le gusta a tu pareja sexual, qué no le gusta, oír sus indicaciones, pedirlas si nos encontramos perdidos, aceptar cuándo algo le resulta incómodo, preocuparnos por el disfrute mutuo e individual, tomarnos nuestro tiempo en ello… etcétera.
Sin embargo, comunicar es algo que no acostumbramos a hacer la mayoría, ya sea antes, durante, o después de tener una relación sexual.
Este es uno de los aspectos del sexo real donde la pornografía ha influido mucho. No encontramos esta clase de comunicación en los vídeos porno. Parece que los actores son adivinos y que ya saben qué le gusta y qué no a su pareja sexual. Y todo es excitación, placer, y orgasmos maravillosos y continuos.
El golpe de realidad
Pero claro, ¿qué sucede cuando intentas imitar lo que sucede en la pornografía, en tus relaciones sexuales, y no hay comunicación?
Si vemos que nuestra pareja sexual no está constantemente gimiendo a un volumen considerable, podemos preguntarnos (mentalmente, porque en el sexo no se comunica); “¿le estará gustando?”, “¿por qué no gime más?”, “¿lo estaré haciendo mal?”…
Son preguntas que nos causan inseguridad. Sin pretenderlo nos estamos cargando de una responsabilidad que no nos corresponde, porque no estamos teniendo en cuenta que en la pornografía, mayormente, los actores fingen, y la gran mayoría de las escenasestán editadas.
Inseguridad
Inseguridad es lo que “nos aplasta” y lo que corremos el riesgo de sentir también cuando tenemos como única referencia la pornografía.
Porque claro, ¿qué sucede si mi miembro no me parece tan grande como el de los actores?, ¿o si mis pechos no me parecen tan bonitos como los de la mayoría de las actrices? Porque parece que el tamaño sí que importa… cuando en realidad no.
O ¿qué pasa si no soy capaz de aguantar, y mantener una relación sexual, sin parar, durante “X” tiempo? Cuando en realidad, hay días en los que podemos alargar más, o menos, las relaciones sexuales, según lo que necesitemos, pero eso sí… normalmente con pausas. Porque es muy difícil que no aparezcan molestias por pérdidas de lubricación, y prácticamente irreal que cualquiera de las dos partes aguante con el “mete y saca” durante, al menos, media hora.
¿Y si tengo un “gatillazo”, eyaculo demasiado rápido, o no lubrico lo suficiente? Un pene flácido, o incomodidad por falta de lubricación es algo que nunca suele verse en las películas porno, y si hemos aprendido que así debe ser, que pueda pasar en nuestro dormitorio es vergonzoso. Cuando lo cierto es que es algo normal, y pasa bastante a menudo. En la mayoría de los aspectos, esto tiene que ver con los preliminares; algo muy importante e inexistente en el porno, donde parece que llegan al nivel más alto de excitación con sólo mirarse e intercambiar cuatro palabras. Todo parece instantáneo.
Los preliminares hacen que nos sintamos cómodos, que cojamos confianza. Son los que nos ponen a tono, y los que propician una más satisfactoria experiencia sexual.
El orgasmo
Y la guinda del pastel: ¿Qué nos sucede si nuestra pareja sexual no tiene varios, o un orgasmo a lo largo del sexo,… o incluso al acabar nos confiesa que no lo ha sentido?
Porque en la pornografía el orgasmo siempre llega. Así que probablemente estemos haciendo algo mal: Y de nuevo nos echamos peso e inseguridad a la espalda, cuando eso es algo que desde luego no pasa en el sexo real.
Cuando estás teniendo sexo pueden darse múltiples factores que hagan que no llegues al orgasmo; puede que tu cuerpo no esté en su mejor momento para llegar al orgasmo, puede que los preliminares no hayan durado demasiado, puede que hayas empezado a sentir molestias, puede que no haya habido la suficiente comunicación, que incluso te de un tirón o si lo haces en verano sin aire acondicionado, un golpe de calor.
Por no hablar de que a la mayoría de las mujeres no nos basta simplemente con la penetración para llegar al orgasmo, y que necesitamos también de otros tipos de estimulación.
Hay múltiples factores que pueden propiciar que no siempre llegues al orgasmo y eso es normal. Además, no llegar al orgasmo no siempre conlleva a que ya no hayamos disfrutado esa relación sexual.
En conclusión… debemos tener claro que por mucho que nos guste la pornografía y nos proporcione algunos minutos de placer momentáneo, es muy importante que no olvidemos, para estar en calma con nuestras posteriores relaciones sexuales, que en su mayoría la pornografía es ficción, y que en absoluto podemos compararlo con lo que luego es mantener una relación sexual real con alguien.
La esquizofrenia es un trastorno mental grave que provoca a quien la padece una combinación de delirios y alucinaciones que le hacen interpretar la realidad de una manera diferente, causando además un desequilibrio en el pensamiento y en el comportamiento que afecta al funcionamiento diario de las personas con dicho trastorno.
A pesar de que las causas exactas que provocan la esquizofrenia son desconocidas a día de hoy, los estudios han demostrado que la combinación de la química del cerebro (como por ejemplo un desajuste en los neurotransmisores conocidos como dopamina o glutamato), la genética (antecedentes familiares de esquizofrenia) o el ambiente (situaciones externas estresantes, consumo de ciertas drogas,…) pueden favorecer su desarrollo.
Todo ello hace que la vida de una persona con esquizofrenia resulte complicada ya que, una vez identificado el trastorno y comenzado el tratamiento, ellos son conscientes de que piensan, sienten y se comportan de una manera diferente a los demás.
Además de todas las dificultades a las que con valentía tienen que enfrentarse prácticamente a diario debido a su trastorno, hay otra dificultad a la que normalmente tienen que hacerle frente, que son nuestros prejuicios.
Porque, ¿cuáles crees que serán los primeros pensamientos que te rondarán la cabeza si al conocer a una persona ella te confiesa que tiene esquizofrenia?
A continuación os dejaré los pensamientos (erróneos) más comunes que suele tener la sociedad cuando una persona dice que padece este trastorno, y cuál es la realidad de las personas con esquizofrenia.
Las personas con esquizofrenia suelen ser agresivas.
Según la resumida explicación de este trastorno realizada un poco más arriba, podemos comprobar claramente que no. La esquizofrenia puede producirse en cualquiera de nosotros por determinados factores, pero estos no incluyen la agresividad.
La agresividad es algo que está presente en la persona, independientemente de si padece o no este trastorno. No es desencadenada por el mismo.
De hecho, por sus circunstancias a menudo tienen más probabilidades de convertirse en víctimas de abuso que en abusadores.
Dan miedo porque no comprendo su manera de interpretar el mundo.
A veces convertimos la esquizofrenia en un elemento central a la hora de conocer a la persona que la padece y se nos olvida que son simplemente eso; personas. Personas que, al igual que todos nosotros, quieren sentirse queridas y apreciadas, no apartadas sólo porque sus pensamientos o su forma de interpretar la realidad se escapen a nuestro entender, o porque no sepamos exactamente qué pasa por su mente.
Pero, si te paras a pensarlo ¿es que realmente sabemos qué está pasando por la cabeza de alguien cuando hablamos con ellos?
Además, son personas que están luchando cada día con su realidad, por lo que el apoyo psicosocial es algo que agradecen de verdad. Sé respetuoso, comprensivo, y amable. Recuerda que para esa persona sus creencias o alucinaciones son muy reales.
Las personas con esquizofrenia están locas y son raras.
A veces, la falta de conocimiento que persigue a la esquizofrenia puede llevarnos a sacar esta conclusión. En concreto, a menudo son los síntomas psicóticos que caracterizan este trastorno los que suelen hacernos pensar que las personas que lo padecen “están locas o son raras”.
Los síntomas psicóticos son los hacen que la persona con esquizofrenia piense, actúe y perciba el mundo de una forma diferente. En concreto, estos síntomas son formados por las alucinaciones (cuando una persona ve, oye, huele, saborea o siente cosas que no son reales), los delirios (esas creencias fuertes que no son ciertas y pueden parecer irracionales), los trastornos del pensamiento (esa forma de pensar inusual e ilógica), y los trastornos del movimiento (considerados como anormales, y que pueden ser repetidos una y otra vez).
Señalando de nuevo los factores que provocan este trastorno (como la genética, el ambiente, o la química del cerebro), está bien recordar que en ningún caso es un trastorno que las personas decidan tener, y que para ellos estos síntomas son muy reales, así que debemos movernos hacia ellos mediante el apoyo, la comprensión y la empatía. Además, uno de los principales objetivos del tratamiento de este trastorno es controlar con medicación los síntomas psicóticos.
“Cuando conozco a una persona con esquizofrenia, sólo veo el trastorno, y nada más”.
Si bien es cierto que las personas que padecen este trastorno se ven obligadas a lidiar con él cada día, y que luchan por aprender a vivir con él, intenta que no sea un tema central cuando conozcas a una persona con esquizofrenia.
Es difícil para ellos comprobar que la mayoría de personas por lo primero por lo que se interesan es por conocer cómo conviven con el trastorno, o por saber qué tipo de alucinaciones tienen.
Mejor, podríamos interesarnos por la persona. Por sus gustos, sus intereses, aficiones,… por saber qué les gusta hacer en su tiempo libre o cómo disfrutan de este.
Para ellos ya es demasiado complicado lidiar cada día con los síntomas psicóticos, como para centrarnos también en estos al conocerles.
Está bien conversar e interesarse de vez en cuando sobre su trastorno y por cómo están, pero no debemos dejar que se convierta en la única conversación que tengamos con ellos.
Las personas con esquizofrenia no son inteligentes.
En este trastorno, la inteligencia permanece bien conservada, pero solemos confundirnos por las dificultades que a menudo presentan en aspectos como la concentración, la memoria, la atención… que realmente son provocados por los efectos secundarios de la medicación.
Los efectos secundarios de los antipsicóticos, dependen principalmente de qué medicamento estemos tomando, pero por lo general, todos ellos suele presentar alguno.
Estos fármacos antipsicóticos se distribuyen principalmente entre antipsicóticos de primera, y de segunda generación. Los efectos secundarios de los medicamentos de primera generación se caracterizan por sedación, somnolencia, mareos, la rigidez, el temblor, contracciones musculares involuntarias… Sin embargo, los de segunda generación, aunque son similares a los descritos anteriormente, tienen un factor diferencial muy importante; se produce un incremento de lípidos, colesterol y glucosa en la sangre.
Además, también se dan otros efectos como el aumento de la prolactina, que influye en cuanto a la disfunción sexual masculina se refiere, y en la mujer produce alteraciones en la menstruación, y ciertos tipos de disfunción sexual.
Entre otras cosas, el psicólogo Carl Gustav Jung formuló una teoría sobre la personalidad, en la que en dos de sus extremos, podíamos encontrar la introversión y la extraversión.
Gráfica en cuyos extremos se encuentran la introversión, y la extraversión, dejando ver diferentes grados entre ellos.
Jung decía que el introvertido suele dirigir su energía hacia “dentro”, y el extrovertido hacia “fuera”. Más allá de lo social, para él la introversión y la extraversión no eran más que diferentes maneras que tienen las personas de reaccionar a la estimulación, refiriéndose con esto a los fenómenos subjetivos (pensamientos e imaginación) o los objetos externos a uno mismo (lo que hay o pasa a nuestro alrededor).
Las personas introvertidas son las que prefieren explorar su propia vida mental, y las extrovertidas se sienten más estimuladas por lo que sucede a su alrededor. Los dos extremos son opuestos; azul y rojo. Aunque por suerte, en nuestra vida todo es mucho más fluido, y según las diferentes situaciones o contextos, podemos movernos entre el resto de porcentajes; azul claro, verde, amarillo, o naranja.
La sociedad en la introversión y en la extroversión.
Pero entonces, ¿en qué momento empezó la sociedad a “recriminar” la introversión y a “animar” la extroversión”?
Hoy en día, fácilmente se asignan palabras al introvertido como aburrido, tímido, miedoso, prudente, pensativo, apático…
¿No te parecen calificativos con una valencia más bien negativa?
Mientras tanto… los que suelen rodear al extrovertido son valiente, divertido, amable, alegre, despreocupado, amigable…
Con una valencia más bien positiva.
Da la sensación de que un introvertido no puede ser ninguno de los adjetivos que califican a las personas extrovertidas, o viceversa.
No estoy diciendo que a nivel social o de esa búsqueda de estimulación no haya diferencias entre nosotros, pero, ¿es eso realmente una razón de peso para esa repartición?, ¿es por esa falta de interés en la fiesta y en las multitudes por lo que una persona introvertida, es ya aburrida?
Ni comparar, ni diferenciar.
No obstante, el objetivo de este artículo no es hacer mayor la distinción entre unos y otros, como tampoco lo es comparar.
Más bien, la meta de este escrito es tranquilizar a aquellas personas introvertidas que, por estas razones, han podido llegar a sentirse fuera de lugar, solos, que no encajan, o que no está bien ser como son.
Que piensan de sí mismos que son aburridos porque es, en su mayoría, la palabra que han recibido al rechazar acudir a una fiesta.
Está bien ser introvertido.
Introvertido, tengo algo importante que decirte; está bien. Está bien ser introvertido.
Está bien preferir lugares tranquilos a lugares ruidosos. Está bien si sois más de estar en casa. De leer, de escuchar música, de ver una película o una serie, antes que ir a una fiesta. Está bien preferir quedar con pocos amigos en un lugar tranquilo, que en un lugar multitudinario. Está bien ser más cautelosos a la hora de conocer a nuevas personas. Está bien mirar más “hacia dentro” que “hacia fuera”.
Porque, de hecho, todos deberíamos meternos un poco más a menudo en nuestras cabezas.
Puede que a veces el sentimiento de soledad sea grande, y que quieras tener guardado a buen recaudo todas las ideas o pensamientos profundos que llenan tu cabeza. Y eso está bien. Pero espero que, ocasionalmente, abras tu mente para que otras personas la vean, porque creo que el mundo necesita escuchar esos pensamientos profundos.
Introvertido, recuerda que también puedes ser; valiente, miedoso, amable, cortante, amigable, distante, divertido, apático… Porque puedes ser todo cuanto quieras ser.
Si te ves a ti mismo introvertido, y piensas que es lo peor del mundo, nunca estarás realmente feliz contigo mismo, e intentarás constantemente cambiar sólo por satisfacer a la sociedad. Ver la introversión como algo negativo, y que necesita un cambio, es un error.
Pero si te aceptas como introvertido y eres feliz, no hay nada que te impida alcanzar tus metas y conseguir lo que quieres. Porque al fin y al cabo, ser introvertido no tiene absolutamente nada de malo, diga lo que diga la sociedad.
Si nombro películas como “La Cenicienta”, “Blancanieves”, “La Bella y la Bestia”, “El Diario de Noah” o “Titanic”, probablemente sean títulos que nos suenan a la mayoría de nosotros. Siguen un género romántico que, a pesar de que como espectador nos haga disfrutar mucho durante la película y nos encoja el corazón, ¿es una idea idílica y un poco irreal del amor lo que han acabado dibujando en nuestra cabeza? ¿Una cuestión de mitos?
Por desgracia, sí. Me declaro culpable de haber visto todas y cada una de las películas que he nombrado anteriormente, y es por ello por lo que puedo exponer algunos mitos que he podido observar en ellas, así como rebatirlos.
Mito: En alguna parte del mundo hay una persona que está destinada para nosotros.
Este famoso mito suele hacerse llamar nuestra “media naranja”. Este mito se aferra a la idea de que a lo largo de nuestra vida sólo nos encontramos con una persona que es ideal para nosotros, cuando lo cierto es que a lo largo de nuestra vida, por suerte, nos cruzamos, y vamos conociendo, a muchas personas con las que podemos conectar, o no.
¿No es fantástico saber que tenemos mil y una oportunidades de encajar con alguien con quien construir un vínculo sano, y que esa oportunidad de ser felices no se agota con una única persona?
Mito: El amor es ciego y todo lo puede
Este mito se sustenta en la idea de que si quieres a una persona, debes estar dispuesto o dispuesta a aguantar cualquier cosa en la relación.
La realidad es que en una relación sana existen límites y acuerdos establecidos por cada una de las partes que conforman la relación, y que hacen que, mediante el respeto a esos límites y la comunicación, ésta mejore cada día. Este mito puede causar que ante el primer problema que se presente, queramos o bien tirarlo todo por la borda, o resignarnos y aguantar cosas que no nos gustan.
Cuando en una relación aparece un problema, o algo que nos disgusta, lo más adecuado es sentarnos a hablarlo desde la asertividad y comprensión con nuestra pareja.
Mitos del amor romántico
Mito: Los celos y las pruebas de amor
Los celos pueden ser indicativos de una cosa: de miedo y de inseguridad. Miedo e inseguridad a que esa persona se lleve algo nuestro, algo que nos pertenece. Lo cierto es que nuestra pareja no es una posesión. No es un objeto que es nuestro. Es una persona con la que hemos conectado, y hemos decidido compartir nuestra vida. Disfrutando tanto de los momentos en solitario como de los momentos en su compañía. Es por lo tanto un mito que los celos sean una prueba de amor.
Mito: Tener pareja pero también tener ojos
Enlazando este mito con las películas que he mencionado anteriormente, puedo decir que en la mayoría de ellas pasa una cosa; chico conoce a chica, ya no existe nadie más, y fueron felices y comieron perdices.
La realidad es muy diferente. Como ya he mencionado anteriormente, en nuestra vida vamos conociendo a muchas personas con las que podemos sentir afinidad, o que nos parezcan atractivos/as. Esto no quiere decir que no quieras a tu pareja, sólo que eres humano. En este caso simplemente se trata de tener presentes las reglas de compromiso que hayamos establecido con nuestras parejas.
Mito: La persona adecuada “nos salva”. Llena y complementa todos los aspectos de nuestra vida.
Quizá lo peor de este mito, es que vuelve a sustentarse en la idea de que en nuestra vida, sin una pareja, nos falta algo. De que tenemos que encontrar a alguien con gustos similares con quien disfrutar de las cosas que nos agradan porque va a ser mejor que hacerlo en solitario. Está muy bien tener al lado a alguien que te ayude, te apoye, y con quien disfrutar momentos o planes, no quiero decir lo contrario. Pero no lo necesitamos para hacer que nuestra vida esté completa, y llena.
Actualmente las redes sociales se han convertido en una pieza básica de la comuniación en nuestra sociedad. Generan cambios de opinión, se producen acalorados debates e incluso influyen en elecciones. Pero uno de los peores datos es que empeoran nuestra salud mental y en especial, la de los jóvenes.
En 2017, se recogió en un estudio elaborado por la Royal Society of Public Health (RSPH) y la Universidad de Cambridge recoge que el 91% de la juventud de entre 16 a 24 años usa internet para meterse en redes sociales mientras que las tasas de ansiedad y depresión entre este colectivo ha aumentado un 70%.¿Quiere decir esto que las redes sociales provocan ansiedad y depresión? No exactamente, pero sí que podrían influir y modular (aumentar o disminuir) tanto causas como síntomas que pueden provocar ansiedad y/o depresión.
La red social que más maltrata nuestra salud mental: Instagram
El estudio* elaborado por la Royal Society of Public Health arrojaban las siguientes conclusiones:
Los jóvenes (británicos) de entre 14 y 24 años creían que Facebook, Instagram, Snapchat y Twitter tienen efectos perjudiciales en su bienestar.
En promedio, informaron que estas redes sociales les dieron un margen adicional para la autoexpresión y la construcción de la comunidad.
El uso de las plataformas exacerbó la ansiedad y la depresión, la falta de sueño, les expuso a intimidación/abuso y creó preocupaciones sobre su imagen corporal y “FOMO” (Fear Of Missing Out=miedo a quedarse desconectado del resto).
Privación de sueño y FoMO, principales efectos del uso
Cómo afecta el uso de redes sociales a distintos parámetros psicológicos.
El la tabla de arriba podemos reconocer rápidamente cuáles son los principales efectos perjudiciales del uso de las redes sociales encuestadas (en 2017 todavía no existía Tik-Tok). Podemos observar (efectos que siguen vigentes hoy en día):
Facebook, Snapchat, Instagram y Twitter -en este orden- pueden hacer que los jóvenes duerman menos.
Snapchat es la red social que más FOMO puede provocar.
Facebook facilitaría el bullying.
Instagram influye de manera muy negativa en la imagen corporal.
¿Es todo malo en las redes sociales?
Por supuesto que no. En el polo opuesto, es decir efectos beneficiosos del uso de redes sociales, podemos observar (efectos que siguen vigentes hoy en día):
Instagram y Twitter influyen positivamente en la autoexpresión.
Instagram contribuye a la construcción de la autoidentidad.
Facebook contribuye a recibir soporte emocional.
El tiempo que invierten los adolescentes en los dispositivos electrónicos se relaciona directamente con su infelicidad
En 2019, en la séptima edición del Informe Mundial de la Felicidad -realizado por la ONU- se centraba en la felicidad y la comunidad: cómo había evolucionado la felicidad en los últimos doce años, centrándose en las tecnologías, las normas sociales, los conflictos y las políticas gubernamentales que habían impulsado esos cambios. En el capítulo pertenciente a las nuevas tecnologías, se encontraron las siguientes conclusiones:
Apareció una gran cantidad de tiempo que pasan los jóvenes interactuando con dispositivos electrónicos, lo cual puede tener vínculos directos con la infelicidad. Esto probablemente a causa de una disminución del tiempo dedicado a otras actividades más beneficiosas, con lo que el resultado es menor felicidad.
Marcada disminución en el bienestar de los adolescentes después de 2011, que podría justificarse por el importante cambio en la forma en que los adolescentes pasan actualmente su tiempo libre.
Intervención en À Punt (televisión valenciana) explicando algunas claves entre redes sociales y salud mental en adolescentes.
*Un estudio en calidad de encuesta no permite establecer relaciones causales, por ello, no podemos decir que las redes sociales causen directamente infelicidad, pero sí podemos tener pistas de qué es lo que está ocurriendo.
Gracias a varios estudios científicos se ha podido destapar la existencia del Trastorno de estrés postraumático, un trastorno generado por una situación traumatizante, provocando importantes consecuencias en la persona que lo sufre.
El estrés postraumático puede generar un gran impacto en la calidad de vida, llegando incluso a impedir el desarrollo normal de diferentes actividades debido a las alteraciones que tiene a nivel cognitivo, social y emocional. En este articulo describiremos que es el TEPT, y cómo lo evaluamos en la psicología jurídica.
¿Cómo definimos el trastorno de estrés postraumático?
El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se relaciona con un evento que involucra la presencia de una amenaza a la propia vida o a la de otra persona. También se puede desarrollar ante una situación de violación de la integridad física o moral tanto propia como de terceros. Entre las principales causas se puede incluir el asalto y el abuso sexual o físico.
Hay algunos factores que predisponen a la persona que sufra TEPT, entre ellos factores ambientales, la vulnerabilidad de la persona y el nivel sociocultural en el que vive. La unión de estos factores en combinación con un evento traumático puede dar paso a dicho trastorno.
Por otro lado, se ha encontrado que este cuadro puede implicar cambios que se relacionan con la respuesta del cuerpo ante el estrés. Esto se debe a la modificación del sistema de regulación emocional del cerebro, asociada especialmente a la sensibilidad extrema al peligro y al aumento de la autoprotección con el fin de lograr la supervivencia.
¿Hay alguna población en concreto que sea más propensa a sufrir TEPT?
Dentro de la epidemiología se encuentra que, en la actualidad, alrededor del 3,5% de la población general sufre de un TEPT. Este porcentaje aumenta en poblaciones que presentan una mayor exposición a algún tipo de evento traumático:
Soldados de la guerra
Más común en hombres que en mujeres
En mujeres prevalecen las situaciones de abuso sexual o durante la infancia
Trastorno Estrés Postraumático
¿Qué síntomas puede presentar una persona que sufre TEPT?
Después de haber estado expuesto a una amenaza o una experiencia grave directa o en el que haya participado como observador directo, o una exposición constante y extrema de sucesos traumáticos nos podemos encontrar con la presencia de uno o más síntomas que siempre deben ser asociados al suceso traumático, por ejemplo:
Recuerdos angustiosos
Sueños angustiosos y frecuentes en el que aparece el hecho traumático o contenido relacionado
Reacciones disociativas
Malestar psicológico
Reacciones fisiológicas
En conclusión, es importante entender que el TEPT genera importantes dificultades en la vida diaria de quien lo padece. El hecho de sufrir trauma grave, hace que la persona se sienta insegura y pierda la confianza para hacer cualquier actividad. Por lo tanto, es importante realizar una evaluación cuidadosa de la persona a la hora de relacionar síntomas con el suceso.
¿Cómo evalúa un Psicólogo Jurídico el TEPT en una persona?
Se realizan varias entrevistas con la persona afectada para determinar si hay causalidad entre el malestar psicológico de la persona y el suceso traumático, además de aplicar los cuestionarios adecuados que estén enfocados en detectar sintomatología de TEPT como son por ejemplo:
El cuestionario de Impacto del Trauma (CIT), es una prueba de referencia para la evaluación integral del trastorno de estrés postraumático y la sintomatología asociada en el contexto.
El EGEP-5, un cuestionario con el que se puede hacer una evaluación global del estrés postraumático en víctimas adultas.
Una vez se hayan respondido los cuestionarios correspondientes y realizado las entrevistas necesarias se reúne toda la información y se procede a redactar el informe pericial psicológico con sus debidas conclusiones y consideraciones.
Viernes por la noche, estás agotado. Pero es tu momento, ese momento de relax que llevas pensando toda la semana. Una buena cena, una peli de Netflix y ¡a relajarse! Pero… una y otra vez, te das cuenta de que esto no sucede exactamente así, más bien, la cena se queda fría -o en el mejor de los casos te la has comido a una mano- mientras sigues decidiendo qué ver en Netflix.
El Mindful Eating (Me), (o en español “comer consciente”) nos permite llevar nuestra atención plena a la nutrición para aprender a escuchar nuestras emociones y nuestra sensaciones corporales. El ME se define como la toma de conciencia en el momento de comer, tanto de las señales físicas de hambre y saciedad como de los desencadenantes ambientales y emocionales y así poder ser capaces de alimentarnos de forma más saludable.
El Mindful Eating (ME): Comer consciente
El papel del Mindful Eeating en distintas variables está relacionado con la conducta alimentaria, el Índice de Masa Corporal (IMC), la sintomatología alimentaria (p.ej., atracones) y con los estilos de ingesta disfuncionales (p.ej., comer en respuesta a señales externas, como el olor o la apariencia de los alimentos, independientemente de las señales internas de hambre y saciedad).
Algunos estudios han señalado que el Mindful Eating se relaciona con el consumo de alimentos que es impulsado por señales apropiadas, tales como reconocer y responder ante las señales de saciedad. Así pues, el ME implica altos niveles de conciencia en la conducta de comer, además de ser consciente de las señales externas para comer, y prestar atención a las respuestas emocionales disminuidas hacia la comida.
Pasos básicos para llevar acabo el ME
Existen tres pasos básicos importantes para llevar a cabo el ME:
1) Percibir todas las sensaciones, olores y texturas de la comida mientras se está comiendo;
2) Reconocer hábitos repetitivos, tales como comer mientras se hacen diversas tareas y comer en modo automático sin ser consciente;
3) Ser consciente de los disparadores que inician y finalizan el acto de comer.
Mindful Eating
El ME se ha relacionado con una ingesta más sana, además también influye en la selección de alimentos menos calóricos y la disminución de la sensación de hambre, entre otros. Así pues, desde estudios experimentales, se ha observado que el ME se asocia con una alimentación menos impulsiva y con la elección de tentempiés más saludables (Jordan, Wang, Donatoni, y Meier, 2014).
Trastornos alimentarios y ME
Cabe resaltar la importancia del ME en la sintomatología alimentaria (p.ej., atracones, comportamientos compensatorios, etc.), ya que el ME se asocia con reducciones en dicha sintomatología, y que las personas con tendencia a practicar ME tienen menos probabilidad de padecerla.
La forma de comer contrapuesta al ME es el mindless eating (o en español “comer automático”). Esto puede terminar en un consumo excesivo de alimentos pobres en nutrientes y en calorías, y en una alimentación disfuncional, que puede ocasionar problemas de salud mental y aumento de peso a largo plazo.
ME como estrategia terapéutica
Así pues, el ME se podría incluir como una estrategia terapéutica para reducir la sintomatología alimentaria, y/o para reducir la ingesta de alimentos hipercalóricos o atracones en personas con sobrepeso, con el objetivo de prestar atención a las señales de hambre y saciedad, en lugar de a estímulos externos. De esta manera, se podrían modificar muchos comportamientos alimentarios negativos (p.ej., atracones, comportamientos restrictivos de alimentación, etc.), previniendo en consecuencia, el sobrepeso y la obesidad (Godsey, 2013).
Conclusión
a) A mayor capacidad de detectar señales de hambre y saciedad (p.ej., reconocer cuando se come y no se tiene hambre), menor tendencia a comer por la mera presencia de estímulos externos.
b) Aumentar el ME se asocia con reducciones en los síntomas de trastornos alimentarios
En conclusión, la eficacia de incrementar el ME, a través de una intervención en una persona con un patrón de alimentación compulsiva con trastornos por atracón por ejemplo, tiene un impacto positivo, practicarlo ofrece la capacidad para detectar las señales de hambre y saciedad y prevenir sintomatología alimentaria.
En concreto prestar más atención a las señales del cuerpo, conlleva beneficios para la salud tanto física como mental y crea hábitos de alimentación más saludables en el día a día.
Un informe pericial psicológico es la herramienta principal del psicólogo jurídico-forense. Este instrumento es fundamental para detectar elementos probatorios de aspectos psicológicos o de la salud mental de una persona en el contexto legal.
La simulación en psicología jurídica es una situación que se puede dar a lo largo de un proceso judicial. El entorno cercano de los pacientes ha podido sentirse alguna vez culpables o angustiados por no encontrar un diagnóstico o una solución a un problema que un paciente asegura padece. La simulación significa representar algo, fingiendo o imitando lo que no es, pero esto no es fácil de detectar sin ayuda profesional cualificada.
La fatiga por compasión es un término que comenzó a ser usado en la década de los 90, después de que el psicólogo Charles Figley observara una serie de síntomas que se daban en común entre los profesionales de salud. Algunos de éstos eran: miedo, culpa por no poder ayudar o salvar a los pacientes, ansiedad, estrés, desesperanza, desinterés, falta de atención o anhedonia. Además, también se daban síntomas somáticos como agotamiento, falta de energía, insomnio o dolor.
Brindar terapia online cognitivo conductual (TCC) centrada en el trauma a pacientes con Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) durante y después la pandemia de COVID-19 plantea desafíos que desde Vicente Seguí – Psicología intentamos solventar día a día.
El terapeuta no puede reunirse con el paciente en persona para guiarlo a través del trabajo centrado en el trauma y apoyarlo con otros componentes del tratamiento. Por otra parte, los pacientes tienen restricciones para llevar a cabo las actividades relacionadas con el tratamiento, así como los experimentos conductuales que impliquen contacto con otras personas.
Sin embargo, no todo son malas noticias. Actualmente se han desarrollado tratamientos de TCC (terapia cognitivo conductual) centrados en el trauma online para el TEPT que superan algunas de estas barreras en el sentido de que pueden administrarse de forma remota.
La terapia cognitiva es una terapia centrada en el trauma que es aceptable para los pacientes, conduce a altas tasas de recuperación y se recomienda como tratamiento de primera línea para el trastorno según las pautas internacionales de práctica clínica (APA, 2017; International Society of Traumatic Stress Studies, 2019; National Institute of Health and Clinical Excellence, 2018).
Terapia online, un recurso cada vez más presente.
Terapia (online o no) para el TEPT
Existen líneas básicas para el tratamiento del TEPT (PTSD siglas en inglés) que pueden realizarse de manera absolutamente normal vía online. Estos son:
Formulación del caso individualizada. NO hay dos terapias iguales.
Recuperar/reconstruir la vida cotidiana de la persona.
Actualizar y modificar los recuerdos traumáticos, vinculándolos a significados menos amenazantes y/o estresantes.
Entrenamiento en discriminación de disparadores (los disparadores son aquellos elementos tanto externos como internos que hacen que los eventos traumáticos vuelvan al presente).
Descartar comportamientos disfuncionales que impiden o retrasan la mejoría.
Terapia online y vínculo terapéutico
La evidencia sugiere que se puede lograr una fuerte alianza terapéutica en terapias online para el TEPT (por ejemplo, Knaevelsrud y Maercker, 2007). Un estilo terapéutico colaborativo en terapia ayuda al cliente a generar confianza y mantener una sensación de control sobre los pasos elegidos en la terapia durante todo el proceso. Es importante que el terapeuta transmita explícitamente el mensaje de que está con el paciente, que lo apoye a través de la terapia, y que sea empático con todos los aspectos del comportamiento, los pensamientos y los sentimientos del paciente.
En Vicente Seguí – Psicología nos esforzamos en fomentar un ambiente de terapia seguro. Además, garantizamos que los pacientes tengan privacidad durante sus sesiones. Aún así, se pueden presentar obstáculos para la privacidad, que pueden ser solventados tratándolos de una manera natural -por ejemplo realizar una sesión vía telefónica o desde el coche-.
Adaptaciones especiales de la terapia online para el TEPT
A parte de las características “troncales” de la terapia, existen algunas adaptaciones que pueden realizarse, para subsanar la no presencia. Son las siguientes:
Comprobar que el paciente tiene privacidad.
Responder a cualquier duda o inquietud que el paciente pueda tener acerca de la terapia online.
Preguntar al paciente que los recordatorios de sesión sean correctos.
Para las sesiones de videoconferencia, ofrecer a la persona revivir o escribir una narración de trauma juntos.
Si se trata de una sesión telefónica, conducir la narrativa.
En la terapia online -tan efectiva como la presencial- se produce el mismo contacto real entre el cliente y el terapeuta, solo que en un espacio virtual. A pesar de que cada día está más implantada, es cierto que a día de hoy todavía existen reticencias para muchas personas cuando se trata de esta modalidad de terapia. Para Muchas personas y terapeutas la utilizan tanto de forma aislada como complementándola a la terapia presencial.
“Primero van todos y después yo” ¿Te suena? El autocuidado es considerado por la OMS como “la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover, prevenir y mantener mantener la salud frente a las enfermedades y discapacidades con o sin el apoyo de un proveedor de atención médica”.
Tras el boom y #pandemia del #coronavirus, y teniendo en cuenta la circunstancia actual que estamos viviendo, el incremento de psicólogos/as o terapeutas como falsos psicólogos y falsos terapeutas ofreciendo sus servicios de terapia online a través de las redes sociales ha experimentado un aumento exponencial.
Es por ello que desde la División de Psicoterapia del Consejo General de la Psicología y la Comisión del Ejercicio Privado Defensa de la Profesión y el Intrusismo Profesional informa:, recibo la siguiente circular que paso a reproducir para transmitir a los ciudadanos una información adecuada que les permita asegurarse de que el profesional que seleccionen y les atienda en la modalidad online, cumpla con los requisitos éticos y profesionales requeridos para el ejercicio de la profesión de psicólogo.
Cómo elegir un psicólogo online on-line cualificado
Siempre será preferible que el/la profesional que atienda on-line haya visto a su cliente/paciente previamente en la consulta, pero entendemos que eso no siempre será posible. En caso de tener un primer contacto telemático recomendamos:
1.-Asegurarse de que es un profesional de la Psicología, habilitado para ejercer la profesión sanitaria. Para ello podemos pedirle su número de colegiación, que puede comprobarse en la página web del Colegio Profesional de Psicólogos de la Comunidad Autónoma a la que pertenezca.
2.-Comprobar que su lugar de consulta es un centro sanitario acreditado por la Consejería de Sanidad de su Comunidad Autónoma. El profesional puede mostrar el permiso de habilitación de centro sanitario.
3.-Infórmese del tipo de enfoque que practica el/la psicólogo/a. En el ejercicio de la psicoterapia existen diversos modelos psicoterapéuticos, algunos enfoques no tienen la suficiente evidencia y han sido catalogados por el Ministerio de Sanidad como pseudoterapias en su Plan de protección de la Salud frente a las Pseudociencias.
4.-Conviene que el enfoque disponga de pruebas científicas que acrediten su efectividad.
5.-Conviene que el/la profesional comunique al paciente que la plataforma con la que trabaja cumple con los requisitos legales, como son la certificación de Seguridad Informática, y la certificación de la ley Orgánica de Protección de datos y Garantía de Derechos Digitales, LOPDGDD.
6.-Obtener garantías de que durante la aplicación del tratamiento existirá una evaluación continua del mismo, una formulación del problema adaptado a las características del cliente y, eventualmente, una indicación del tratamiento a seguir, obedeciendo a criterios diagnósticos formales, y con procedimientos adaptados.
7.-El/la paciente debe sentirse con la confianza y seguridad con su psicólogo/a como para preguntar cualquier duda que pueda tener respecto al tipo de intervención.
8.-Los/as profesionales de la Psicología, cuentan con un Código Deontológico de conductas al que deben atenerse y cumplir en el desarrollo de su profesión, entre las más importantes, el de la confidencialidad entre ellos y sus pacientes.
9.-De acuerdo a la RGPD, aunque el tratamiento de psicoterapia sea online, el/la paciente y el /la terapeuta debe cumplimentar un documento del cumplimiento de la Protección de Datos.
10.-Informarse que sean expertos y con formación en psicoterapia.
Los profesionales de la Psicología que ejercemos en el ámbito privado, estamos expuestos nosotros mismos a una situación de incertidumbre no sólo por el posible contagio del COVID-19, también por la incertidumbre laboral que se nos ha presentado al no poder mantener los niveles de trabajo que estábamos realizando habitualmente.
Como expertos en la resolución de problemas que somos, la primera medida que nos conviene adoptar es generar alternativas a las situaciones que nos preocupan.
La alternativa a la terapia presencial: terapia por videoconferencia
La realidad de estas opciones es que no todos los pacientes/clientes van a querer o poder aceptar este sistema de intervención. En algunos casos requiere de cierta habilidad del terapeuta para animar a probar estos sistemas y darles la opción de continuar o no en base a su experiencia. Plantear esto preferiblemente por teléfono. Así pues, los profesionales tenemos una serie de deberes que debemos cumplir cuando se trata de realizar esta modalidad de intervención:
La intervención telefónica debe ser acordada en tiempo, al igual que la intervención online o presencial. También conviene informar de la tarifa económica.
No usar sistemas de telecomunicación públicos, asegurarse de que estén encriptados.
Si el sistema informático del profesional no está en condiciones, informar al paciente con tiempo y posponer la sesión.
Tener el teléfono a mano a la vez que se desarrolla la sesión, con el fin de no perder el contacto en aquellos momentos que pudiera fallar la conexión.
Recordar a las personas que van a recibir nuestra atención, la importancia de estar a solas y en comodidad en el espacio donde se va a realizar la intervención online.
Aquellas personas que tengan hijos pequeños orientarles a elegir momentos que no estén sujetos a interrupciones.
Las plataformas deben guardar los requisitos de seguridad y estar sujetos a la Ley Orgánica de Protección de Datos y garantía de Derechos Digitales (LOPDGDD) es importante que sea fácil el uso para el paciente, o que personas cercanas de su familia puedan prepararles los dispositivos electrónicos para estar en condiciones de iniciar la sesión.
Igualmente, a pesar de la modalidad, firmar un compromiso de confidencialidad.
Tener localizados números de urgencias u otros servicios sanitarios que el paciente nos debe proporcionar si no estuviera en la localidad donde el terapeuta realiza la intervención. Si se diera en la misma localidad los podemos localizar nosotros mismos, con el fin de no alarmar. Esta medida se debe adoptar sobre todo con población más vulnerable.
Si se trata de pacientes nuevos, dar a conocer nuestro número de colegiado, así como el colegio profesional al que se pertenece.
El resto de los pacientes que no aceptan ninguna intervención durante la cuarentena, dejarles bien claro que pueden entrar en contacto en cualquier momento, y con los que dicen posponer, acordar ya una posible cita en un periodo próximo.
División de Psicoterapia
Consejo General de la Psicología de España
Comisión del Ejercicio Privado, del Intrusismo y Defensa de la Profesión
Consejo General de la Psicología de España
A continuación, os dejo la transcripción de parte de mi intervención en Radio Dénia Cadena Ser el 25 de marzo de 2020 sobre la esperanza.
Esta entrevista fue un poco especial, nos hallábamos ante las puertas de la primera quincena de confinamiento en casa debido a la pandemia del coronavirus y decidí (o percibí) que esta vez tenía que ser algo diferente. Quise que fuese un mensaje sencillo y cálido que, sin tecnicismos, cualquier persona pudiera entender. Un mensaje de esperanza.
Y es que a veces, en psicología, hay que transmitir el mensaje de la manera más humana posible.
Hoy, a 25 de marzo, tras casi 13 días, sabes… no voy a darte más pautas… Y no lo voy a hacer porque creo que en este momento no es lo que necesitamos, no lo percibo así. Sinceramente creo que no son consejos lo que más necesitamos ahora mismo.
Tú, y otras muchas personas como tú, me preguntáis sobre como sentiros mejor, si ya estáis haciendo todo lo que os recomendé la semana pasada.
Querido compañero, en estos momentos no hay mucho más que podamos hacer, y es normal que sientas agobio, incertidumbre e incluso miedo, pero ¿sabes? Estoy seguro de que podremos sacarlo. Es una situación complicada, sí, pero desde luego NO es el final.
Sé que mis palabras ahora te resultarán difíciles de entender, pero también sé, que pasado un tiempo, cobrarán significado para ti.
Querido compañero/a de viaje, quiero decirte que no estás solo, sino que estamos unidos, todos, juntos en esto. Tengamos esperanza.
Quizás nos encontramos en un tiempo de recogimiento, de dolor, de estar con uno mismo. Quizás es tiempo de empezar a ser amable contigo mismo, a tolerarte y comprenderte en tus malos momentos, tal y como haces siempre con los demás.
¿Y los demás? Sí, los demás también. Te decía que es un tiempo de estar con uno mismo, pero también es tiempo de estar con los demás, con los nuestros -y los no que no lo son tanto-, tiempo de ayudarnos, dejar de un lado las diferencias y colaborar para hacer frente a las dificultades que nos unen.
Con un gesto, con una palabra, con una mirada, con ese SENTIR en la distancia.
Por eso, para finalizar, solo quiero decirte que si quieres, juntos, podemos acompañarnos.
Si quieres escuchar la intervención completa en Radio Dénia Cadena Ser 25/03 o pincha AQUÍ
El brote de coronavirus ha sido declarado ya pandemia. Y con ello, el gobierno de España ha declarado el estado de alerta, lo que conlleva -entre otras- las recomendaciones e obligaciones de permanecer en casa. Esta nueva condición es algo que a nivel psicológico puede llevar a síntomas desagradables. En el presente post, desde Vicente Seguí – Psicología queremos aportar nuestro granito de arena para ayudar a sobrellevar esta situación con algunas claves psicológicas y conductuales, así como diferentes recursos (procedentes de fuentes oficiales que pueden ser consultados a través de los enlaces insertados en el texto) que pueden ayudarte a sobrellevar este confinamiento temporal.
Antes de empezar con las pautas, es importante transmitir información desde fuentes oficiales sobre cómo se transmite el coronavirus y donde podemos acudir en caso de duda.
¿Cómo se transmite el coronavirus?
La transmisión se produce por contacto estrecho con las secreciones respiratorias que se generan con la tos o estornudo de las personas enfermas.
Estas secreciones pueden infectar a otra persona si entrasen en contacto con su nariz, ojos y/o boca.
Es poco probable la transmisión por el aire a distancias superiores a uno o dos metros.
¿Dónde informarnos?
Ante cualquier duda, el gobierno ha puesto a nuestra disposición un teléfono gratuito: 900 300 555.
Si has viajado a poblaciones de riesgo últimamente: China, Corea del Sur, Irán, Japón, Singapur o Norte de Italia deberías llamar de inmediato.
Si notamos síntomas: quedarnos en casa, evitar contacto con otras personas y llamar al 900 300 555
Al toser o estornudar, cubrirse la boca, nariz con el codo flexionado
Evitar tocarse la nariz u ojos, ya que las manos facilitan la transmisión
Usar pañuelos desechables siempre que se disponga de ellos
Si se presentan síntomas respiratorios, evitar el contacto con otras personas
Recomendaciones oficiales sobre el coronavirus.
¿Qué efectos psicológicos puede tener el confinamiento?
Limitación significativa de las actividades vitales.
Generación de estrés por confinamiento.
Aumento del aburrimiento.
Sensación de claustrofobia.
Malestar psicológico general.
¿Cómo combatirlo?
A continuación, unas cuantas pautas cognitivo/conductuales. Se trata básicamente de llevar un estilo de vida lo más similar posible al que tendríamos en circunstancias normales, limitado claro está por los condicionantes actuales. De hecho, podemos incluso recuperar viejas costumbres y aprovechar para hacer cosas que hace mucho no teníamos tiempo para dedicarnos a ellas.
A nivel psicológico individual:
Aceptación de lo que está sucediendo. Date tiempo para elaborar y digerir la gravedad de lo que está sucediendo, necesitamos a veces un período para poder adaptarnos a la nueva situación, hazlo sin urgencias.
Hablar con amigos y seres queridos.
Tener en cuenta el autocuidado: higiene personal, vestimenta…
Realizar actividades de relajación
Ejercicios de visualización o imaginación de imágenes agradables.
Simplemente, podemos sentarnos a mirar por la ventana siendo conscientes y observando detalles.
Recordar que son medidas temporales.
Hacer un planning horario y de distribución de tareas a lo largo de los días.
Alternar ocio con actividades. Nos ayudará a llevar el día a día.
Uso de información para evitar la paranoia y/o el pánico:
Acudir SOLO a canales oficiales: web ministerio, telediarios oficiales.
Evitar la sobreinformación (no consumir informativos ni otro tipo de programas de manera indiscriminada).
Planificación de comidas/compras para un uso racional de los recursos.
Uso de nuevas tecnologías:
Jugar a videojuegos de manera limitada y controlada.
Limitar y controlar el tiempo de uso de redes sociales. Tener un horario de consumo de redes sociales (son grandes transmisoras del contagio emocional), evitar el hashtag #coronavirus #covid-19
Restringir temporalmente el acceso a perfiles de profesionales sanitarios (ej. Psicólogos). Elegir uno y restringir el consumo de otros de manera temporal, a fin de minimizar la “obsesión por información”.
Utilizar los programas de videollamadas o llamadas de voz. Debido al estado de alerta, se ha reducido el contacto humano, en la medida de lo posible utilizar los medios que más nos acerquen a él. Llamadas de voz y/o videoconferencia, tanto en pareja como en grupo son una buena alternativa.
Respecto a los niños:
Explicarles con naturalidad la naturaleza de los hechos, sin dramatizar pero sin minimizar. Desde el colegio oficial de psicólogos de Madrid, se ha creado un cuento para ayudar a los padres a explicar a los más pequeños qué está sucediendo.
Explicarles los síntomas.
Recordarles cuáles son las medidas de protección.
Aprovechar para compartir tiempo con los más pequeños de la casa, tan necesario y tan poco disponible en el día a día, atendiéndoles y disfrutando de su compañía.
Realizar un horario de actividades implicándoles, lo más parecido a la vida normal, pero en casa (hacer deberes, repasar, almuerzo, descanso, ocio, ducha, preparar las comidas, juegos de mesa).
¿Qué otras cosas podemos tener en cuenta?
A pesar de las recomendaciones anteriores, también hay otras actividades que podemos realizar:
Búsqueda de actividades gratificantes:
Lectura de libros pendientes
Visionado de series o películas (pendientes o deseadas)
Jugar a juegos de mesa/puzles
Realizar actividades pendientes en el hogar
Tomar el sol (si se dispone de terraza)
Pasear mascotas
Realizar ejercicio físico:
Es el momento de probar todos esos videotutoriales de ejercicio
Videojuegos de fitness
Hablar con tu entrenador personal y seguir sus recomendaciones
Cocinar:
Muy importante mantener un estilo de alimentación saludable
Aprovechar para cocinar postres o platos
Hogar:
Reordenar el hogar
Limpieza a fondo
Desde Vicente Seguí – Psicología esperamos que las anteriores recomendaciones te sean de ayuda y que el paso de esta pandemia deje las menores consecuencias y secuelas posibles tanto en ti como en tus seres queridos.
En el anterior post estuvimos hablando acerca de la ansiedad social como patología. Sin embargo, es frecuente que se confunda -y asocie- esta patología psicológica con los conceptos de timidez e introversión, por lo que vamos a intentar clarificar cuáles son las diferencias entre estos tres conceptos: ansiedad social, introversión y timidez.
Hoy en día se nos hace creer que lo correcto es la extraversión.
Un ejemplo sería el hecho de que ir a una fiesta con música alta y rodeado de personas está mejor visto que quedarse en casa leyendo un libro. Esta segunda situación suele ir asociada a un individuo tímido, antisocial e incluso “bicho raro”. En cambio, la persona que disfruta el hecho de estar de fiesta y rodeada de más gente se relaciona más fácilmente con el éxito, tener más amigos (popularidad), ser más comunicativa y también más persuasiva.
Y lo cierto es que estas creencias -sociales e individuales- pueden generar una carga añadida a las personas con características más introvertidas, haciéndoles creer que sus conductas reservadas no son lo correcto y provocando que sientan la necesidad de forzarse a ser alguien que realmente no son.
¿Qué es la introversión?
La introversión es un rasgo de personalidad que incluye la tendencia a orientarse hacia el interior.No se trata de un problema ni una patología. Las personas introvertidas pueden parecer distantes, son menos propensas a buscar nuevas experiencias y tienden a tener restringida su expresión emocional, lo que hace que parezcan deprimidas o infelices.
Los introvertidos no suelen disfrutar en compañía de grupos grandes y prefieren pasar tiempo solos o en grupos pequeños.
Debemos tener claro que la introversión no es un problema ni una patología.
Frecuentemente los introvertidos tienen buenas habilidades de escucha y suelen tener cuidado para procesar y producir mensajes, por lo que pueden ser excelentes comunicadores.
Rasgos de personalidad: introversión vs extraversión
Carl Jung fue el primer autor en trabajar con los conceptos introversión y extraversión. Jung habla de dos tipos de actitudes que definen a la persona: aquella cuyos intereses están enfocados hacia afuera y la esfera de lo social, y aquellos orientados hacia el ámbito de lo privado.
Según Jung, la principal diferencia entre un extrovertido y un introvertido es su manera de “cargar las pilas” o en otras palabras, de conseguir la estimulación que necesitan para sentirse bien. Es decir, por un lado, el extravertido se “carga” en ambientes sociales mientras que, por otro, la persona introvertida genera su propia energía con estimulación interna, con lo cual ambientes muy enérgicos le saturan y le acaban agotando. Una persona introvertida puede estar cómoda hablando en público y más si está tratando un tema que cree que domina.
La persona extrovertida tiende a buscar situaciones en las que haya mucha gente, música alta, o sensaciones extremas. No será raro encontrar a esta gente como el centro de atención de un grupo, rodeado de amigos o encima de un escenario.
Por otro lado, otro influyente autor, Eysenck hablaba sobre la personalidad fijándose especialmente en las bases biológicas y genéticas; plantea la relación introversión-extraversión como una dimensión del temperamento presente en todas las personas y que está definida desde la fisiología por niveles de excitación e inhibición. Según su teoría, el introvertido vive en un permanente estado de excitación o “nerviosismo”, y por eso los estímulos que experimenta dejan una mayor huella psicológica en él, mientras que las personas extrovertidas tienen “asignado” un estado de relativa inhibición crónica de la actividad cerebral, y su reacción ante los estímulos es menor.
Aunque la timidez y la introversión puedan parecer lo mismo, la timidez hace referencia más bien a un estado de ánimo que puede ser explicado como una conducta aprendida al estimar que la relación con los demás puede tener consecuencias negativas, mientras que la introversión es una disposición biológica que va mucho más allá de nuestras relaciones con los demás. A pesar de esto, aún es motivo de investigación si los patrones de excitación cerebral se deben sólo a la carga genética.
Una persona introvertida puede estar cómoda hablando en público y más si está tratando un tema que cree que domina.
Ventajas de la introversión
Sin embargo, no todo son complicaciones ni desventajas, como hemos ido viendo, ser una persona introvertida va asociado a una serie de características que pueden resultar muy ventajosas y adaptativas para la persona. A saber:
Buenas habilidades comunicativas.
Buenas habilidades de escucha.
Buena capacidad imaginativa.
Gran capacidad para la introspección.
Temperamento tranquilo y reflexivo.
¿Qué hay de la timidez?
La timidez no se considera un trastorno patológico (aunque comparte rasgos con la fobia social).
Es necesario, por lo tanto, ser capaces de diferenciar lo patológico de lo normativo. La principal diferencia con la ansiedad social es que la persona que únicamente es tímida sí que es capaz de exponerse a situaciones sociales (aunque esto le resulte incómodo) sin necesidad de recurrir al alcohol o las drogas, es decir, con sus propios recursos. En otras palabras, son capaces de enfrentarse a sus sentimientos de malestar durante el proceso.
Otra diferencia a tener en cuenta es la generalización de los síntomas que puede ocurrir cuando hablamos de ansiedad social.
Una persona tímida podrá disfrutar de ciertos tipos de relaciones sociales, mientras que una persona que sufra de fobia social sentirá malestar en casi todas aquellas situaciones en las que esté expuesta a la crítica de otros.
El DSM-V define la timidez normal como “La timidez (esto es, la reticencia social) es un rasgo de la personalidad común y no es patológico en sí mismo. En algunas sociedades, la timidez incluso se evalúa de forma positiva”.
También podemos encontrarnos con muchas personas extravertidas que sean a la vez tímidas, por lo que tampoco podemos identificar la introversión con este patrón de comportamiento.
Una persona tímida podrá disfrutar de ciertos tipos de relaciones sociales, mientras que una persona que sufra de fobia social sentirá malestar en casi todas aquellas situaciones en las que está expuesta a la crítica de otros.
Post escrito en colaboración con los estudiantes de prácticas María Pous Montoya y Jordi Araque Cantó
Noto que me sudan las manos cuando estoy en público. Me pongo nervioso al hablar. Me gustaría dirigirme a esa persona, pero tengo miedo de que piense mal de mi…
¿Te ha ocurrido alguna vez?
El trastorno de ansiedad social no es ninguna fobia rara, más bien es un tipo común de trastorno de ansiedad. Las personas con este trastorno tienen síntomas de ansiedad o miedo en ciertas o todas las situaciones sociales que tratan de hacer cosas sencillas frente a otras personas. Comer o beber delante de otros, usar un baño público, les puede causar ansiedad o temor, ya que tienen miedo de ser humilladas, juzgadas y rechazadas.
Sin embargo, como en muchas ocasiones, cuando hablamos de ansiedad, existe la parte de la autovaloración percibida negativa, es decir, como creemos que somos. En estos casos tendemos a valorarnos de manera negativa.
Una característica esencial del trastorno de ansiedad social, es un marcado e intenso miedo o ansiedad a las situaciones sociales en la que el individuo puede ser analizado por los demás.
El temor que tienen las personas con este trastorno en situaciones sociales es tan fuerte que piensan que controlarlo está más allá de su capacidad.
En los peores casos, el temor se interpone con su capacidad para ir al trabajo, asistir a la escuela o hacer cosas cotidianas, evitar determinadas situaciones puede convertirse entonces en una estrategia efectiva a corto plazo, pero dañina a largo plazo puede ser:
generalizada (p. ej., rechazo a ir a fiestas, a la escuela)
sutil (p. ej., preparar demasiadas veces el texto de un discurso, desviar la atención a los demás para limitar el contacto visual).
Estas valoraciones o ideas negativas sobre nosotros mismos generan sufrimiento, disminuyen la autoestima y cambian el autoconcepto, por lo que es importante trabajarlas e intentar modificarlas.
Algunas consecuencias de estas ideas pueden ser los siguientes síntomas o conductas observables:
Evitar los lugares donde hay otras personas.
Tener náuseas o malestar estomacal.
Mostrar una postura corporal rígida, poco contacto visual o hablar con una voz sumamente baja.
Ser demasiado conscientes de uno mismo frente a otras personas y sentirse avergonzado y/o torpe.
Enrojecerse, sudar, temblar, o sentir que el corazón late muy rápido o que la mente “se pone en blanco”.
Tener mucho miedo de que otras personas nos juzguen.
Sentirse asustado o incomodado al estar con otras personas, especialmente si son desconocidas o semi-desconocidas, teniendo dificultades para hablar con ellas por más que uno mismo quiera hacerlo.
Evitar determinadas situaciones puede convertirse entonces en una estrategia efectiva a corto plazo, pero dañina a largo plazo: puede ser generalizada (p. ej., rechazo a ir a fiestas, a la escuela) o sutil (p. ej., preparar demasiadas veces el texto de un discurso, desviar la atención a los demás para limitar el contacto visual).
Existen varias situaciones comunes en las cuales podemos detectar que tenemos dificultades -de manera significativa- y que pueden estar dándonos “pistas” sobre si podemos estar padeciendo ansiedad social, como por ejemplo:
Hablar en público
Charla informal/reuniones
Acudir a fiestas
Mantener una conversación
Iniciar una conversación
Comer/beber en público
Escribir en público
Utilizar un lavabo público
¿Significa necesariamente que sentir una dificultad sea que estamos padeciendo un trastorno de ansiedad social?.
El miedo, la ansiedad o la evitación son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.
El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses.
El miedo, la ansiedad o la evitacióncausa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
El miedo, la ansiedad o la evitaciónno se pueden atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica.
El miedo, la ansiedad o la evitaciónno se explican mejor por los síntomas de otro trastorno mental, como el trastorno de pánico, el trastorno dismórfico corporal o un trastorno del espectro autista.
Si existe otra enfermedad (p. ej., enfermedad de Parkinson, obesidad, desfiguración debida a quemaduras o lesiones), el miedo, la ansiedad o la evitación deben estar claramente no relacionados con ésta o ser excesivos.
Una característica esencial del trastorno de ansiedad social es un marcado o intenso miedo o ansiedad a las situaciones sociales en las que el individuo puede ser analizado por los demás.
¿Cómo superar la ansiedad social?
El TAS suele presentar una buena respuesta a la terapia cognitivo-conductual (TCC). Es fundamental que los mismos sean llevados a cabo por personal altamente entrenado, profesionales de la psicología (la ansiedad social, no puede ni debe ser tratada por profesionales del ámbito del coaching si éstos no poseen la titulación oficial en psicología).
En adolescentes, el tratamiento puede requerir la implicación de los padres en terapia para ayudarle a superar el trastorno, aunque no siempre es necesario.
En algunos casos está indicado incluir adicionalmente un tratamiento psicofarmacológico, ya que éste puede contribuir a lograr respuestas en casos resistentes a la TCC.
Comorbilidad
Otros trastornos con los que puede cursar la ansiedad social son:
Agorafobia
Trastorno de pánico
Trastorno de ansiedad generalizada
Trastorno de ansiedad por separación
Mutismo selectivo
Trastorno depresivo mayor
Trastorno dismórfico corporal
Trastorno delirante
Trastorno del espectro autista
Trastornos de la personalidad
El trastorno de la ansiedad social puede cursar también con timidez e introversión, pero ninguno de estos conceptos son trastornos.
“Necesito ir al psicólogo”. Si alguna vez has tenido la duda, si tienes un problema y no sabes si necesitas realmente acudir al psicólogo, esta triple entrada te ayudará a clarificar tu situación. A pesar de que en los últimos años se ha avanzado mucho contra el estigma y los prejuicios que pesan sobre la terapia psicológica, todavía queda mucho por hacer.
A día de hoy en nuestra sociedad, todavía no es tan natural ir al psicólogo como lo puede ser ir al nutricionista, dentista o al fisioterapeuta. En el modelo de sociedad actual, la extrema competitividad en la que nos hallamos inmersos, la negación del fracaso o del error y la repetición constante de la idea de que la felicidad sólo se consigue a través del éxito forman creencias o mitos sociales que pesan sobre nosotros, que nos impiden aceptar con naturalidad nuestro derecho a recibir ayuda cuando nos vemos superados por los problemas. Estas creencias provocan que nos sintamos limitados a pedir ayuda profesional.
A continuación, algunas de las razones más esgrimidas y comunes:
“Ir al psicólogo es para locos”
Nada más lejos de la realidad. A pesar de que los psicólogos, en ciertos ámbitos sí que tratamos con personas que padecen psicopatologías graves, el mero hecho de acudir a un profesional de la psicología no significa que debamos padecer una patología severa, como tampoco nos convierte automáticamente en un “loco”. Simplemente nos convierte en personas que tienen un problema y han tomado la sabia decisión de solucionarlo.
“Yo tengo carrera en la Universidad de la Vida”
Si bien es cierto que las experiencias vitales pueden ayudar mucho a superar dificultades y situaciones problemáticas, no hay que caer en la trampa mental de creer que siempre va a ser suficiente. En ocasiones, sin que uno mismo se de cuenta, empleamos patrones de conducta de afrontamiento (como por ejemplo la evitación permanente del conflicto) de problemas que no son los adecuados, que no sólo no consiguen solucionar el problema, sino que lo cronifican, agravan, y pueden generar o derivar en otros nuevos. El psicólogo puede ayudarte a encontrar nuevas formas de afrontar tus dificultades, dotándote de más riqueza y recursos personales para encontrar nuevas soluciones a viejos problemas.
“Es caro ir al psicólogo”
Supongamos el siguiente ejemplo. Una persona con un problema de ludopatía -adicción al juego- puede gastarse unos 600 o 700€ cada vez que acude al casino para sofocar su impulso. A final de mes (y con el paso de los meses), esta persona podría haber gastado entre 2000 y 3000€ en su adicción, dando lugar esto a que acabase teniendo graves problemas económicos, además de sociales y familiares y de la propia salud mental. Si hubiese acudido a terapia, el psicólogo podría haberle ayudado a controlar su adicción, reducir o eliminar el gasto en juego y mejorar su situación personal, familiar y económica. Por otra parte, hay ciertos “gastos” que no son materiales, pero sí reales, como por ejemplo el deterioro emocional y personal que sufre un ser humano cuando atraviesa una situación problemática que le supera. ¿Porqué no invertir en nuestro bienestar personal a corto, medio y largo plazo?
“Yo no necesito ir al psicólogo…”
En ocasiones, una persona puede encontrarse que el problema no es suyo realmente, sino de alguien ajeno que le provoca estar así ¿Qué podemos hacer entonces? Aquí el psicólogo podría ayudar a que esa persona reenfocase la situación, aprendiese a trabajar la aceptación -que no resignación- y encontrase soluciones y recursos para salir de esta, mejorando su bienestar psíquico y emocional.
“Me da miedo ir al psicólogo”
Acudir a consulta no es siempre algo cómodo, de hecho, se acude a consulta porque existe un problema que nos supera, y necesitamos ayuda. Confrontar nuestros temores en consulta, bajo la supervisión de un profesional titulado, es sin duda una buena manera de superar las barreras y las creencias limitantes que nos imponemos, que nos impiden avanzar. El psicólogo nos guiará a través de este camino que supone la superación y el crecimiento personal.
A pesar de que en los últimos años se ha avanzado mucho contra el estigma y los prejuicios que pesan sobre la terapia psicológica, todavía queda mucho por hacer.
“¿Qué dirán cuando les diga que necesito ir al psicólogo?”
Esta razón es una trampa mental (una contradicción) muy común, plantearnos dejar de estar bien, o de intentar ser felices o simplemente no hacer nada por nosotros por lo que puedan opinar los demás, no nos hará sentirnos mejor, ni más felices, más bien todo lo contrario, sólo conseguiremos que el problema no se solucione, y además se perpetúe.
“Si necesito ir al psicólogo es que he fracasado”
La sensación de fracaso es algo natural, pero también subjetiva. El hecho de acudir a un psicólogo no implica fracaso alguno, más bien implica que la persona está dispuesta a hacer algo para solucionar sus problemas.
La mayoría de las personas, en algún momento de su vida, se han planteado la posibilidad de buscar ayuda profesional para superar sus problemas. Unos terminamos haciéndolo, otros no. ¿Cómo saber cuándo es necesario?
En primer lugar, hay que señalar que no es necesario sufrir un trastorno o patología grave para decir: “necesito ir al psicólogo”. Simplemente basta con que haya un problema que nos supere, que no sepamos cómo resolver o simplemente, se haya cronificado en el tiempo. Para arrojar un poco más de luz, unas definiciones:
Enfermedad mental: Las enfermedades mentales abarcan una amplia variedad de trastornos, cada uno de ellos con características distintas. En líneas generales, se manifiestan como alteraciones en los procesos del razonamiento, el comportamiento, la facultad de reconocer la realidad, las emociones o las relaciones con los demás, consideradas como anormales con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo.
No tienen una única causa, sino que son el resultado de una compleja interacción entre factores biológicos, sociales y psicológicos, y con frecuencia es posible identificar y tratar una causa orgánica subyacente.
La ansiedad nos hace pasar ratos desagradables.
Problema psicológico: Desde la perspectiva subjetiva o intrapsíquica, el sujeto manifiesta comportamientos (verbales o no verbales) respecto a su situación que tienen que ver con infelicidad, sufrimiento, disgusto, incapacidad para afrontar un problema o encontrar una posible solución. A consecuencia de esto, se producen situaciones como retraimiento social, comportamientos eficaces e incapacitantes, malestar físico y otro tipo de síntomas.
“Necesito ir al psicólogo” es en realidad, una de las mejores cosas que puedes decirte.
Cabe no confundir esta sintomatología con lo que podría ser una situación de reacción normal al estrés, en cuyo caso, el profesional debería ayudarte a valorar la necesidad -o no- de terapia. No es necesario sufrir un trastorno o patología grave para acudir al psicólogo.
En general, podemos tomar los siguientes criterios guía para saber si necesitamos ayuda profesional:
Sentimos tristeza, apatía general y falta de ilusión ante la vida.
Sentimos que la vida carece de sentido.
Somos incapaces de encontrar algo positivo en nuestras vivencias cotidianas.
Percibimos que nos sentimos solos o incomprendidos.
Sentimos períodos prolongados e incontrolados de ansiedad.
Tenemos los nervios a flor de piel, haciendo que reaccionemos de manera extrema cuando la situación no lo requiere.
Nuestra mente está ocupada de pensamientos desagradables que nos llevan a sentir malestar o desasosiego.
Tenemos comportamientos extraños y/o anormales.
Sentimos que hemos perdido el control.
Tenemos dificultades para conciliar el sueño o tenemos una calidad de sueño deficiente.
Necesitamos una opinión objetiva sobre el estado de nuestra situación.
Sentimos que estamos ante una situación límite.
Si te encuentras con algunos de estos síntomas, quizás es el momento de consultar con un profesional de la psicología.
Con frecuencia, la gente se pregunta qué clase de trabajo realiza un psicólogo, ¿qué cosas hace el psicólogo dentro de la consulta? ¿qué me dirá? ¿tengo que contarlo todo?
La terapia debe ser vista como un proceso en el cual la persona que acude a consulta quiere revertir su situación o estado, y caminar hacia uno nuevo, más placentero y donde su bienestar personal aumente.
La función del psicólogo en este caso es guiar a la persona a través de su situación, dotarla de herramientas y técnicas -ya sean puramente cognitivas o también conductuales- que le permitan aumentar sus recursos personales para enfrentarse con eficacia a su problema, ayudándole a superarlo.
Así pues, el psicólogo ejerce de guía, y no de “solucionador” de problemas, ya que, en realidad, es el propio paciente el que soluciona su problemática. Desde este punto de vista, la terapia psicológica es un recurso de desarrollo personal.
Pero… ¿qué hace un psicólogo?
Al inicio de una terapia, los pasos principales suelen ser los siguientes:
Evaluación inicial: El psicólogo se entrevista con la persona que acude a consulta, recaba información y pasa las baterías y pruebas pertinentes.
Informe de estado/diagnóstico: Pasada la fase de diagnóstico, el psicólogo devolverá al paciente un informe (que puede ser verbal o escrito) en el cual éste plantea su hipótesis del problema, líneas de terapia y objetivos a trabajar. Esta fase siempre se realiza con el beneplácito y la aceptación del paciente.
Desarrollo de la terapia: La terapia propiamente dicha. El psicólogo ayuda a analizar y gestionar -enseñando y dotando de técnicas- las situaciones, pensamientos, emociones o conductas que pueda padecer el cliente, ayudándole a superarlas y/o afrontarlas con garantías.
“La terapia psicológica es un recurso de desarrollo personal”.
Ahora bien, desde el punto de vista de la problemática, las cuestiones a trabajar en consulta pueden ser muy dispares, aquí, una pequeña lista de los objetivos más comunes:
Asertividad
El concepto de asertividad suele definirse como un comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos.
Es también una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.
Resolución de problemas
Como bien indica su nombre, una de las cosas que hace un psicólogo es ayudarte a aprender resolución de problemas, consiste en definir y evaluar los distintos problemas que padece el paciente y definirlos, para luego buscar soluciones y alternativas, teniendo en cuenta las ventajas y desventajas de cada una de ellas. Normalmente va asociada a otro tipo de técnicas.
Corrección de distorsiones de pensamiento
Cuando una persona acude en busca de ayuda, suele ser porque tiene pensamientos que le causan malestar. Esto normalmente se debe a unos filtros que todas las personas tenemos, y que hacen que interpretemos la realidad percibida de una determinada manera.
Este tipo de filtros llamados “distorsiones cognitivas” pueden ser corregidos o modificados con ayuda de un profesional de la psicología, haciendo que interpretemos la realidad de una manera muy distinta, provocando una mejora de nuestro bienestar.
¿Qué hace un psicólogo? El psicólogo ejerce de guía, y no de ‘solucionador’ de problemas, ya que, en realidad, es el propio paciente el que soluciona su problemática”.
Superación de duelo
El duelo suele ser un proceso doloroso en el cual se atraviesan distintas etapas, y no siempre tiene que ver con el fallecimiento de un ser. Por ejemplo, la ruptura de una pareja, la terminación de una amistad o la pérdida de un bien material (como el hogar) puede llevar a las personas a atravesar situaciones de dolor, en las que se precise ayuda profesional.
En este caso, el psicólogo ayudará al paciente a aprender a gestionar este tipo de situaciones, emociones y sentimientos, con el fin de que la etapa no se cronifique y tampoco derive en otro tipo de problemas.
Control de activación
Se conoce como control de activación a la capacidad que tenemos los seres humanos de afrontar la manera en la que reaccionamos ante diferentes situaciones, excitándonos o relajándonos.
En ocasiones, las personas pueden sufrir un exceso de activación (como por ejemplo al hablar en público) ante una determinada situación, haciendo que ésta se perciba como algo desagradable. La terapia psicológica nos ayudará a controlar nuestros niveles de activación mediante diversas técnicas.
Entrenamiento en habilidades sociales
El entrenamiento en habilidades sociales se refiere a técnicas de autoexpresión y conducta para pacientes con inhibición social (timidez), aunque también puede ser utilizado con personas que se encuentran en el polo opuesto -agresividad social-.
Gestión de las emociones
La inteligencia emocional es un pilar fundamental a día de hoy, no solo de la psicología, sino de la sociedad actual. Aprender a saber gestionar nuestras emociones en cada momento, y adecuar nuestros comportamientos en consonancia a éstas, es una habilidad que nos ayudará a superar con éxito no solo el día a día, sino también los problemas que puedan acontecer en nuestra trayectoria vital. Enseñar a gestionar correctamente las emociones también es algo que hace un psicólogo.
Si te has sentido identificado con algunas de estas situaciones o sientes que estás sufriendo otras que no aparecen en el listado, no dudes en acudir a un profesional de la psicología que sepa valorar tu situación y ayudarte a superar tus problemas.
-Control de pensamientos- Imagínate que eres la conductora de un autobús con muchos pasajeros. Es un autobús con una única puerta de entrada, y solo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y además, tienen una apariencia peligrosa.
Imagina que mientras conduces, algunos pasajeros comienzan a amenazarte diciéndote lo que tienes que hacer, dónde tienes que ir, si tienes que girar a la derecha, si ahora más rápido, si luego más despacio, etcétera. Incluso te insultan y desaniman; “¡eres un mal conductora!”, “¡fracasada!”, “nadie te quiere…”
Todo esto te hace sentir muy mal e intentas hacer casi de todo para pedirles que se callen, se vayan al fondo del autobús durante un rato y así puedas conducir tranquilamente.
Algunos días te cansas de sus amenazas e insultos, y quieres echarlos del autobús, pero no puedes, discutes y discutes, te enfrentas y te enfrentas con ellos. Sin darte cuenta, la primera cosa que has hecho es parar, dejar de conducir y por lo tanto, dejar de ir a ninguna parte. Los pasajeros son muy fuertes y resisten, no puedes bajarlos del autobús, así que, resignado, vuelves a tu asiento y conduces por donde ellos te mandan, solamente para aplacarlos y hacer que te dejen en paz un rato.
Algunos días te cansas de sus amenazas e insultos, y quieres echarlos del autobús, pero no puedes, discutes y discutes, te enfrentas y te enfrentas con ellos.
De este modo, para que no te molesten y para no sentirte mal, empiezas a hacer todo lo que te indican, a dirigir el autobús por donde te dicen, todo para no tener que discutir con ellos…
¡Haces lo que te gritan! cada vez antes, cada vez más rápido, para poder sacarlos del autobús y tener un rato de paz. Muy pronto, casi sin darte cuenta, ellos, los pasajeros, ni siquiera tendrán que decirte por dónde ir ni qué hacer, ya que lo harás tú misma automáticamente, para evitar que éstos se echen encima de ti y te amedrenten.
Empezarás a justificar tus decisiones de modo que casi creerás que ellos ya no están en el autobús, convenciéndote de que estás llevando el autobús por la única dirección posible.
Quizás no te has dado cuenta, pero el poder de los pasajeros se basa en amenazas tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires y te sientas mal”.
Quizás no te hayas dado cuenta de que realmente, eso es lo único que pueden hacer.
Quizás no hayas caído en que estos pasajeros son en realidad tus pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida.
Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros –pensamientos y sentimientos muy negativos-, piensas que pueden hacerte mucho daño, y por eso aceptas el trato y haces lo que te dicen para que te dejen tranquilo y se vayan al final del autobús donde no les puedas ver. Es verdad que intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad has perdido la dirección del autobús o de tu vida, pero ¡ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno, ni deciden dónde parar! No olvides que la conductora eres tú. Que no decidan tus pasajeros por ti.
La Real Academia define metáfora como: “Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión”.
La metáfora en psicología
Las metáforas son ideas, conceptos e incluso imágenes que representan un hecho o idea en forma de fábula o historia, de manera que resulte mucho más comprensible para el espectador.
Muchas veces en consulta, los psicólogos nos enfrentamos a la situación de tener que explicar conceptos -ya sean más o menos concretos- a las personas, con el fin de que estas puedan seguir avanzando en su proceso terapéutico (lo llamamos psicoeducación). Sin embargo, a veces las personas pueden presentar dificultades para comprender tales conceptos, es entonces cuando la metáfora como recurso realiza su papel.
La anterior metáfora “El conductor de autobús” es una metáfora bien conocida dentro de la Terapia de aceptación y compromiso (en inglés ACT). En esta metáfora se trata de explicar el papel que ejercen los pensamientos negativos -o mejor dicho, desadaptativos- sobre los sentimientos, conductas y pensamientos propios. Además, habla también de los efectos que tiene el hecho de intentar controlarlos sin más: “De este modo, para que no te molesten y para no sentirte mal, empiezas a hacer todo lo que te indican, a dirigir el autobús por donde te dicen, todo para no tener que discutir con ellos…”.
¿Controlas tus pensamientos o tus pensamientos te controlan a ti? La clave del des-control
El control de pensamientos es algo de lo que se ha hablado y se habla actualmente en psicología. Es normal que te preocupe tener pensamientos negativos ya que estos te hacen sentir mal. Sin embargo, el problema puede no ser tanto los pensamientos sino el hecho de tener la sensación de falta de control sobre ellos.
El problema puede no ser tanto los pensamientos sino el hecho de tener la sensación de falta de control sobre ellos.
Debemos ser realistas, una no puede sentirse siempre bien. Este tipo de pensamiento hedonista-felicidad-permanente -con el que la sociedad no para de bombardearnos- está fuera de la realidad, ya sea objetiva o subjetiva.
La aceptación de la idea de que una misma puede permitirse tener momentos de desasosiego, de tristeza, de ansiedad e incluso de depresión es clave. Dicho de otra forma, no se trata de intentar huir de las emociones desagradables, sino de aceptarlas tal y como son.
En cierto modo, la clave no es intentar controlar, sino algo distinto, aceptar el des-control.
Pero volvamos a la anterior metáfora, donde también se brindan principios de soluciones: “Quizás no te hayas dado cuenta de que realmente, eso es lo único que pueden hacer”. Una vez más, perder el temor, aceptar que podemos sentirnos mal (a pesar de la aparente paradoja) y no sobreestimar el poder de los pensamientos, puede ayudarnos a sentirnos mejor.
Permitirte estar triste también es una forma de autocuidado y de respeto hacia una misma. No olvides que la conductora eres tú. Que no decidan tus pasajeros por ti.
La pasada semana realicé una publicación sobre una encuesta que trataba la depresión, la enfermedad mental y el sistema nacional de salud. Cual fue mi sorpresa y curiosidad cuando ví por internet -hace años que no veo la tele- que circulaba. Esto nos da pistas sobre el tamaño del tabú del trastorno mental. Se calcula que solo aproximadamente un 20% de las personas que mueren por suicidio dejan una nota, lo cual significa que pueden haber suicidios enmascarados en forma de otro tipo de muertes.
2.500.000 personas sufren actualmente en España un trastorno mental. 42.905 muertes por suicidio registradas entre los años 2000 y 2012. La depresión será en 2030 la principal causa de incapacidad. Un 15% de las personas deprimidas llegan a tener en algún momento conductas o intentos de suicidio. Un 7-8% de éstas mueren por suicidio.
Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), declaró: “Cogiendo bien los datos de los Institutos de Medicina Legal en toda España, quizá se registrarían 1.000 suicidios más cada año”. Esto nos da pistas sobre el tamaño del tabú del trastorno mental. Se calcula que sólo aproximadamente un 20% de las personas que mueren por suicidio dejan una nota, lo cual significa que pueden haber suicidios enmascarados en forma de otro tipo de muertes.
La depresión es un trastorno mental frecuente y una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo,(OMS).
El suicidio es, con mucha diferencia, la principal causa de muerte no natural.
La depresión es un trastorno mental frecuente y una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo. Afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo, con mayor prevalencia en las mujeres que en los hombres (OMS).
En el tratamiento de la depresión se deben tener en cuenta los aspectos psicosociales y se deben determinar los factores que pueden causar estrés, como las dificultades económicas, los problemas en el trabajo y el maltrato físico o psicológico, así como las fuentes de apoyo, como los familiares y amigos. El mantenimiento o la recuperación de las redes y las actividades sociales son también importantes (OMS). Como se puede observar, algo más que tomar medicación.
El estigma de la depresión
La enfermedad mental ha venido marcada a través de la historia por la ignorancia y el miedo, siendo las personas con frecuencia objeto de abandono, exclusión social o persecución (Foucault, 1997). Siglos después el estigma y la discriminación asociados a la enfermedad mental siguen siendo importantes obstáculos para un abordaje normalizado de salud pública.
La vinculación social entre EM y conductas agresivas y su vinculación con el suicidio añaden obstáculos para afrontar un problema de salud pública de primera magnitud. De hecho, el 90% de los suicidios están ligados a uno o varios trastornos mentales, entre los que la depresión es el más frecuente. La ocurrencia de un suicidio marca y estigmatiza una familia, y cuando ocurre en la infancia o la adolescencia las consecuencias se multiplican (Pitman y cols., 2017; World Health Organization, 2017).
¿Quién puede presentar trastornos mentales?
Cualquier persona. Los determinantes de la salud mental y de los trastornos mentales incluyen no solo características individuales tales como la capacidad para gestionar nuestros pensamientos, emociones, comportamientos e interacciones con los demás, sino también factores sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales, como las políticas nacionales, la protección social, el nivel de vida, las condiciones laborales o los apoyos sociales de la comunidad.
Otros factores que pueden causar trastornos mentales son el estrés, la herencia genética, la alimentación, las infecciones perinatales y la exposición a riesgos ambientales.
Los pacientes deben tener acceso a la atención médica y los servicios sociales que les puedan ofrecer el tratamiento que necesitan. Además, es fundamental que reciban apoyo social.
Tanto las fobias como las ansiedades, así como la ansiedad social, se resuelven afrontándolas.
No es fácil, pero si se va paso a paso, poco a poco, la mayoría de la gente aprende a lidiar con los temores y ansiedades, e incluso a superarlos.
El doctor Suma Chand, un psicólogo clínico que ayuda a la gente fobias, dice:
“Lo más razonable que le puedo decir a alguien sobre el miedo es esto: todas las emociones cambian. No vas a permanecer en estado de pánico por el resto de tu vida. Persevera, y el temor se disolverá”. El temor y la ansiedad son emociones que pueden atraparte, el doctor Chand dice al respecto:
“Cuanto más lo alimentas, más crece ya que el miedo atrapa a la gente. Te mete en una caja y tu mundo se vuelve más y más pequeño.
Pasado un tiempo, estás evitando la incomodidad del miedo en sí, en lugar de lo que temes. Cuando evitas las cosas que temas te sientes seguro y cómodo, y entonces no te apetece hacer nada que te saque de ese capullo de confort, sin embargo, pagas un alto precio -tu libertad para vivir tu vida como tu realmente la quieres vivir-”.
“Lo más razonable que le puedo decir a alguien sobre el miedo es esto: todas las emociones cambian. No vas a permanecer en estado de pánico por el resto de tu vida. Persevera, y el temor se disolverá”.
Una de los pacientes del doctor Chand tuvo exactamente esta experiencia:
“Tuve a una anciana que se cayó y se rompió una cadera, fue muy traumático para ella. Después de que se recuperara, no quería que esta experiencia se repitiese.
Se volvió muy cautelosa y evito andar por ningún lugar en el que hubiese posibilidad de caer. Aunque su miedo fue inicialmente se había traducido en intentos racionales de comportarse con cautela, acabó convirtiéndose en evitación.
La evitación le hacía sentirse segura pero causó que el miedo creciese.
Dejó de ir a la tienda, al centro comercial y a yoga, todas aquellas actividades que ella disfrutaba. Sus interacciones sociales se redujeron y empezó a estar más tiempo en casa, evitando sus actividades favoritas, se volvió extremadamente miedosa a las caídas. Comenzó a sentirse desesperanzada y aislada en su existencia.
Si bien el tratamiento es básicamente enfrentar el miedo, se realiza de manera que no abrume al paciente”.
Al realizar un enfoque progresivo y gradual del miedo, la anciana se sentía menos abrumada al enfrentarlo.Cuando vió que empezaba a tener éxito al afrontar su miedo, fue como si se encendiese un interruptor en ella, y empezó a avanzar cada vez más rápido. Pronto ella estuvo bien, y volvió a realizar sus viejas actividades otra vez”.
El Dr. Chand describe cuándo abordar los temores:
“El tiempo para abordar un miedo es cuando encuentras que te está causando mucha angustia y está afectando tu vida de una manera significativamente negativa. Por ejemplo, muchas personas temen a las serpientes, que por supuesto pueden ser peligrosas, pero no están preocupadas por este miedo y no encuentran que está deteriorando mucho sus vidas. Por otro lado, algunas personas temen a los gatos, que es improbable que les causen mucho daño. Pueden entrar regularmente en pánico por las visitas a las casas de aquellos amigos que tienen gatos, y así comenzar a evitar tales situaciones.
Las fobias sociales son extremadamente comunes y las personas que lo experimentan a menudo se sienten muy ansiosas por todo tipo de situaciones sociales.
Finalmente, el Dr. Chand dice:
“Tuve una paciente que tenía fobia social […]. Le pedí que mirara sus opciones. Si elegía entrar en las situaciones que ella temió en etapas graduales había una posibilidad de que realizase sus sueños. Sin embargo, si optaba por la opción de evitarlos, le garanticé que nada cambiaría.
La buena noticia es que optó por enfrentar sus miedos y desafiar sus pensamientos temerosos.
Hoy está saliendo con alguien y están bien en su camino a una relación a largo plazo”.
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