Perfeccionismo: La trampa del “todo o nada” y cómo superarla

¿Te has preguntado alguna vez qué pasará si no lo haces perfecto? En la Marina Alta, desde las empresas de Denia hasta los negocios de Jávea, observamos a muchas personas atrapadas en una presión autoimpuesta e invisible. Se nos ha vendido la idea de que el perfeccionismo es una virtud deseable, pero a menudo es una trampa que nos arrebata la paz interior.

El perfeccionismo: Tu armadura contra el miedo

Aunque en las entrevistas de trabajo se diga que es un “defecto positivo”, lo cierto es que el perfeccionismo suele ser un mecanismo de defensa. No es que busques la excelencia porque te apasione, sino que tienes pánico a cometer un error y enfrentarte a la crítica o al juicio de los demás.

Imagina que pasas cinco horas repasando un correo que ya estaba bien a la primera. No lo haces por el correo, lo haces para calmar tu ansiedad. Al revisar una y otra vez, sientes un alivio momentáneo, pero a la larga, el precio que pagas es el agotamiento extremo y la falta de eficiencia.

La explicación técnica: El refuerzo negativo

Para entender por qué nos cuesta tanto soltar estas conductas, la psicología utiliza un concepto llamado reforzamiento negativo. A diferencia de lo que solemos pensar, “negativo” no significa que algo sea malo, sino que una conducta se mantiene porque elimina o pospone algo desagradable.

Cuando revisas un proyecto por quinta vez, tu mente experimenta un alivio inmediato porque esa acción “borra” el miedo al juicio o la culpa por un momento. El problema es que este alivio es una trampa: te atrapa en un ciclo donde solo actúas para dejar de sentirte mal, lo que a largo plazo genera un agotamiento devastador y te vuelve mucho más sensible al mínimo error. No nacemos perfeccionistas, aprendemos a serlo.


perfeccionismo

Las reglas invisibles que nos bloquean

Muchos de nosotros crecemos con “normas mentales” muy rígidas que nos dictan cómo debemos actuar. Lo más curioso es que estas reglas no siempre están “a la vista” ni somos plenamente conscientes de ellas; a menudo operan de forma sibilina bajo la apariencia de valores positivos o simples costumbres.

A veces se disfrazan de “amor por el detalle” o “compromiso con la calidad”, pero en el fondo son instrucciones verbales que hemos ido aprendiendo y que funcionan como una lupa que distorsiona lo que vivimos. Estas reglas nos empujan a actuar bajo el control de frases absolutas que no dejan espacio para la flexibilidad:

  • El látigo de la excelencia: “Si no soy el mejor, soy un fracaso”.
  • La duda sobre la capacidad: “Si cometo un error, demuestro que no soy apto para este puesto”.
  • El miedo al rechazo: “Si alguien me critica, es que no valgo para nada”.
  • El listón imposible: “Solo el 10 es una nota aceptable; cualquier otra cosa es un error”.

💡 Cómo empezar a soltar lastre

Romper con esta obsesión no significa volverse mediocre, sino cambiar por qué hacemos las cosas. El error no es un fracaso, es la fuente de información necesaria para aprender y ajustar nuestra conducta.

La vida no es una foto estática; es movimiento, ensayo y error. Esa armadura tan pesada que te pusiste un día para que nadie te hiciera daño es la que ahora te impide disfrutar del paisaje. ¿Te animas a dejar de intentar que todo sea perfecto para que empiece a ser real?

Cuando estas reglas sutiles toman el mando, dejamos de prestar atención a lo que de verdad está pasando a nuestro alrededor. Por ejemplo, un estudiante puede haber aprendido muchísimo y sacado una nota excelente, pero si su regla invisible le dice que “solo la perfección vale”, se sentirá fatal y anulará todo su progreso. Al final, estas normas funcionan como un escudo contra la autocrítica, convirtiendo tareas que deberían ser un disfrute en una carga pesada.

🔍 Ejercicios prácticos para detectar tus reglas sutiles

Para romper el ciclo, primero debemos identificar esas normas que operan en la sombra. Aquí tienes unos “experimentos” para desenmascararlas:

  • El registro del “Tengo que”: Durante un día, anota cada vez que te digas “tengo que” o “debería”. Analiza si esa orden viene de una necesidad real o de una regla rígida para evitar sentirte mal.
  • Exposición a la errata: Envía un mensaje de WhatsApp o un correo interno con una falta de ortografía a propósito. Observa la ansiedad que aparece y comprueba si, pasado un tiempo, ocurre la “catástrofe” que tu mente predecía.
  • La regla del 80%: Intenta terminar una tarea diaria al 80% de su capacidad y detente ahí. Evalúa el “coste de respuesta”: ¿Cuánta energía y tiempo has ahorrado para otras actividades en la Marina Alta comparado con el esfuerzo de llegar al 100%?.
  • Identifica el motor: Ante una tarea, pregúntate: “¿Hago esto porque me aporta algo positivo o porque tengo miedo a que salga mal?”.
Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
¿Te resultó útil este artículo?No me gustaMe gusta (Ninguna valoración todavía)
Cargando…
Tabla de Contenido