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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad, realmente, es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante una posible amenaza o peligro. Es como una alarma interna que se activa (a veces sentimos que con mucha fuerza) cuando percibimos que algo puede salir mal.

Y a pesar de que a menudo se asocia con algo negativo, en realidad la ansiedad es una emoción útil: nos prepara para reaccionar ante situaciones de riesgo o incertidumbre (por ejemplo, para escapar de un peligro o prepararnos para un examen importante).

🔄️¿Cómo funciona la ansiedad?

  1. Percepción de una amenaza
    Algo (real o imaginado) se interpreta como una posible amenaza: un examen, una entrevista, una discusión, o incluso un pensamiento.
  2. Al percibir la amenaza, se activa del sistema nervioso
    El cerebro —especialmente una parte llamada amígdala— envía señales al cuerpo para prepararse y enfrentar ese peligro, sucediéndose una serie de reacciones como:
    • taquicardia (el corazón se acelera)
    • se tensan los músculos
    • se hace más difícil respirar profundamente
    • se produce más sudor
  3. Por lo tanto, se produce la que se conoce como respuesta de lucha o huida (en inglés conocida como“fight or flight”).
  4. Pensamientos ansiosos
    La mente tiene mucho poder en este tipo de situaciones, guiada por el miedo, y empieza a generar pensamientos como:
    • “¿Y si me va mal?”
    • “¿Y si no soy capaz?”
    • “¿Y si pasa algo horrible?”
  5. Estos pensamientos, a su vez, aumentan la ansiedad: y se forma un círculo vicioso.
  6. Conductas de evitación
    Muchas veces, para reducir esa sensación desagradable, evitamos la situación (por ejemplo, no vamos a la entrevista). Esto nos alivia la ansiedad momentáneamente, a corto plazo, pero la mantiene o la empeora a largo plazo…
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⚖️¿Cuándo se vuelve un problema?

La ansiedad se vuelve problemática cuando:

  • Es muy intensa o frecuente
  • Aparece sin una razón clara
  • Interfiere en nuestra vida diaria (trabajo, relaciones, sueño, salud, etc.)

‼️La mayor problemática probablemente es que, hoy en día, la ansiedad aparece más por amenazas imaginarias que reales.

Mientras que nuestro cerebro evolucionó para detectar peligros físicos inmediatos (como un animal salvaje o una pelea), hoy en día vivimos en un mundo mucho más complejo y mental.

👉 Antes:

  • La amenaza era real, visible y presente: un depredador, una guerra, hambre.
  • El cuerpo reaccionaba, resolvía (luchando o huyendo), y la ansiedad bajaba.

👉 Hoy:

  • Las “amenazas” son abstractas, sociales o futuras:
    • ¿Y si pierdo mi trabajo?
    • ¿Y si no gusto?
    • ¿Y si enfermo?
    • ¿Y si todo sale mal mañana?

Estas amenazas no están ocurriendo en este momento, pero nuestro cerebro las percibe como si fueran reales y actuales. Por eso la ansiedad se activa igual que si estuviéramos en peligro.

🌀 Esto genera un problema, de modo que:

  • Vivimos en la mente, anticipando cosas que no han pasado (y en la mayoría de ocasiones, ni pasarán)
  • No hay “acción física” que alivie la ansiedad como antes (no hay nada contra lo que luchar ni de lo que huir)
  • Entonces, la ansiedad se mantiene o se intensifica con pensamientos, preocupaciones, dudas, y evitaciones

🛠️ ¿Cómo podemos aprender a gestionarla? 

No hay una técnica mágica que funcione por igual para todos, ni que sea inmediata. 

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC): Teniendo en cuenta que acabamos de explicar que hoy en día la mayoría de los motivos que generan ansiedad son mentales e imaginarios, ayudar a cambiar los pensamientos y conductas que alimentan la ansiedad es imprescindible. Este tipo de terapia, acudiendo a un profesional, te ayudará también a detectar y cambiar los pensamientos ansiosos, te enseñará técnicas de mindfulness,… además de el resto de técnicas que te expongo a continuación.
  • Respiración y relajación: Calman el sistema nervioso. La respiración diafragmática es una técnica ampliamente utilizada, ya que cuando estás ansioso, tu respiración se vuelve más rápida, superficial y torácica (desde el pecho), lo que refuerza la sensación de alarma. En cambio, si respiras de forma lenta y profunda desde el abdomen, activas el sistema nervioso parasimpático, que calma el cuerpo: le envías al cerebro una señal de que “no hay peligro”, cortas el ciclo de ansiedad física-mental.
  • Ejercicio físico: regula el estrés y mejora el estado de ánimo.
  • Exposición gradual: enfrentarse poco a poco a lo que da miedo, sin evitarlo.
  • En algunos casos, medicación: recetada por un profesional.

Si crees que necesitas ayuda para manejar la ansiedad, no dudes en contactarnos. Te escuchamos

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Teoría sobre la personalidad

Entre otras cosas, el psicólogo Carl Gustav Jung formuló una teoría sobre la personalidad, en la que en dos de sus extremos, podíamos encontrar la introversión y la extraversión.

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Gráfica en cuyos extremos se encuentran la introversión, y la extraversión, dejando ver diferentes grados entre ellos.

Jung decía que el introvertido suele dirigir su energía hacia “dentro”, y el extrovertido hacia “fuera”. Más allá de lo social, para él la introversión y la extraversión no eran más que diferentes maneras que tienen las personas de reaccionar a la estimulación. Y con estimulación se refería a los fenómenos subjetivos como el pensamiento y la imaginación, o con los objetos externos a uno mismo (lo que hay o lo que pasa a nuestro alrededor). Siendo así, cómo te relaciones con ambas cosas determinaría, para él, si eres introvertido, o extrovertido. Explicado a grandes rasgos.

Las personas introvertidas son las que prefieren explorar su propia vida mental, y las extrovertidas se sienten más estimuladas por lo que sucede a su alrededor. Los dos extremos son opuestos; azul y rojo. Aunque por suerte, en nuestra vida todo es mucho más fluido, y según las diferentes circunstancias vitales que estemos atravesando, podemos movernos entre el resto de porcentajes; celeste, verde, amarillo, o naranja.

La sociedad en la introversión y en la extroversión 🤔

Pero si Jung parecía explicar esto simplemente como un modo de interacción humana tanto con nosotros mismos como con nuestro entorno, ¿en qué momento empezó la sociedad a “recriminar” la introversión y a “animar” la extroversión”?

Hoy en día, fácilmente se asignan palabras a la persona introvertida como aburrida, tímida, miedosa, prudente, pensativa, solitaria… 

¿No te parecen calificativos con una connotación más bien negativa?

Mientras tanto… los que suelen rodear a la persona extrovertida son espontánea, divertida, alegre, aventurera, despreocupada, amigable… 

Con una connotación más bien positiva.

Da la sensación de que un introvertido no puede ser ninguno de los adjetivos que califican a las personas extrovertidas,… y también viceversa. 

No pretendo decir, ni mucho menos, que esto sea una realidad universal y que todo el mundo piense así. Pero tal vez, tras leer esto, os resuenen un poco algunos comentarios en la cabeza. Sobre todo si os identificáis más con un rasgo que con otro.

La sociedad y la introversión📖

La sociedad hoy en día parece valorar ciertas cosas como la sociabilidad, la rapidez para hablar, el carisma, la participación constante cuando quizá nos encontramos en un grupo… lo que puede llegar a hacer sentir a la persona introvertida incomprendida, pues ellas tienden más a observar, escuchar y pensar antes de hablar…

Siendo esta su forma de actuar, a veces se peca de interpretar su silencio como desinterés, apatía, frialdad, o incluso en ocasiones con arrogancia, cuando los introvertidos sencillamente pueden estar centrándose en escuchar e integrar toda la información.

Como mencionaba también al principio de este post, tienen un gran interés por su mundo interior, con lo cual suelen tener una gran profundidad emocional, pero acostumbran a ser algo más reservados al exteriorizarla, lo que a menudo nos puede hacer pecar de verlos como personas que son “difíciles de leer” o distantes emocionalmente hablando.

A parte de todo esto, quizá el gran hándicap para ellos es enfrentarse a la probablemente constante presión para socializar. Esto puede agotar a una persona introvertida, pues para ellos es imprescindible recargar su energía en soledad o en interacciones uno a uno o con poquitas personas, aunque a menudo esto tampoco suele respetarse demasiado, pues a veces parece que es extraño ver que una persona puede disfrutar su tiempo en soledad.

La sociedad y la extroversión🎉

No obstante, y a pesar de que en el penúltimo punto a priori parece que la peor parte se la han llevado los introvertidos, los extrovertidos también tienen que enfrentarse a grandes estigmas y prejuicios en cuanto a su forma de ser (a pesar de que la sociedad parezca valorar más la sociabilidad), como por ejemplo:

A menudo a las personas extrovertidas se las puede tachar de invasivas, superficiales o incluso intensas… sobre todo por las personas más reservadas. Cuando en realidad su forma de actuar es guiada más bien desde el entusiasmo y la energía. Esta asociación injusta con la superficialidad parece asociarse directamente con la incapacidad para tener conversaciones profundas o momentos de introspección, algo que en realidad pueden hacer, aunque quizá vaya más ligado con el hacerlo a través de los demás.

Acostumbran a tener una necesidad más alta de hablar e interactuar con los demás. Pueden llegar a pensar en voz alta o incluso a procesar ideas mediante el diálogo, algo que puede ser visto como impulsividad, falta de filtro, o incapacidad de respetar los silencios.

Esta misma necesidad de hablar y socializar a menudo va acompañada de prejuicios como “quieren llamar la atención”, o “no saben estar solos”, cuando de la misma manera que una persona introvertida necesita la soledad para “recargar la pila”, las personas extrovertidas necesitan la estimulación externa para recargar la suya y equilibrarse emocionalmente.

Dicho todo esto, además su comportamiento va más dirigido a proponer planes, conversar con entusiasmo o tratar de animar a los demás, y a veces, si los demás no responden de la misma forma, y además hay algo de prejuicio de por medio, pueden llegar a experimentar una sensación de soledad (incluso rodeados de gente).

Ni comparar, ni diferenciar🫂

No obstante, el objetivo de este post no es hacer mayor la distinción entre unos y otros, como tampoco lo es comparar. Sino intentar hacer un llamamiento a la comprensión desde la breve exposición de que al final todos, seamos como seamos, tenemos nuestras historias, nuestras heridas… , y podemos sentirnos incomprendidos por ciertas cosas.

Siendo esto así, suena bien trabajar el no juzgar, y fomentar la idea de que todos podemos aprender de todos, pues al final no es bueno mantenernos en los extremos. Así que tal vez el introvertido puede aprender grandes cosas del extrovertido, del mismo modo que el extrovertido puede aprender grandes cosas del introvertido.

Si te has sentido identificado/a con algo de lo escrito en este post, o hay algo que te genere malestar, no dudes en pedir ayuda. Estamos aquí para ayudarte.

Reestructuración cognitiva

¿Qué es?

La Reestructuración Cognitiva es la técnica psicológica mediante la cual el terapeuta se centra en la modificación de aquellos pensamientos o creencias desadaptativas que han sido aprendidas por la persona por otras más sanas y adaptativas, que tengan por objetivo reducir el malestar emocional provocado.

Más concretamente explicado, los pensamientos serán considerados tanto por el terapeuta como por el paciente como hipótesis, y ambos tendrán que recabar datos que autentifiquen o desmientan estas mismas (Bados y García, 2010). 

La base de la reestructuración cognitiva se sustenta en tres supuestos básicos (Bados y García, 2010): 

  1. La interpretación por parte de las personas de aquellos acontecimientos que nos suceden en nuestro día a día está directamente relacionada con la forma en cómo nos sentimos y por ende en que actuamos. No es lo mismo quedar por primera vez con una persona que nos atrae, y pensar al ver que se retrasa media hora que nos ha dejado plantados o que no le interesamos, a pensar que probablemente haya surgido algún imprevisto que haya provocado el retraso y que es mejor llamar para salir de dudas.
    La situación es la misma, y sin embargo impresiona lo diferentes que pueden ser las emociones que surgen en nosotros según si percibimos la situación de una manera o de otra. 
  2. El psicólogo es capaz, mediante sus herramientas y su experiencia, de ayudar a la persona a identificar esta clase de pensamientos dolorosos, que a veces son conscientes y otras son completamente automáticas. 
  3. Existe la posibilidad, con el trabajo y dedicación de ambos, de readaptar las cogniciones de la persona a otras más sanas. 

La gran mayoría de nosotros tenemos un esquema o estructura cognitivos. Son individuales, personales y diferentes entre cada persona. Se tratan de nuestros pensamientos y nuestra forma de interpretar. Ya sea por aprendizaje externo y transmitido, o por el aprendizaje interno que hemos realizado de circunstancias vividas. En su formación influyen además una serie de variables como: situacionales, fisiológicas, emocionales, y conductuales junto con el significado que representa todo ello para la persona (Bados y García, 2010). 

Estos esquemas cognitivos determinan la forma en la que vemos las cosas, dado que moldean aquello a lo que atendemos, prestamos más atención, recordamos y valoramos (Bennett-Levy, Westbrook et al., 2004). 

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Reestructuración cognitiva.

Además, el objetivo de la reestructuración cognitiva no es la invalidación total de las emociones. Sabemos que las emociones tienen su función y quieren decirnos algo, no obstante, dentro de un equilibrio. La reestructuración se enfoca en aquellos pensamientos que hacen que una emoción se vuelva desmedida, hasta el punto de resultar dañina para la persona (Bados y García, 2010). 

Beneficios

Por lo tanto, algunos de los beneficios que puede proporcionarnos acudir a terapia para trabajar nuestros pensamientos son (Bados y García, 2010):

  • Aprender a identificar qué tipo de cogniciones inconscientes te están haciendo daño, y están impidiendo que lleves una vida plena.
  • Comprender el impacto que éstas están teniendo en ti tanto emocional como conductualmente.
  • Readaptar la forma de ver tus pensamientos de modo que sean algo discutible y que hay que verificar, en lugar de verlos como una verdad absoluta.
  • Modificar este tipo de pensamientos y reemplazarlos por otros más adaptativos que te lleven a conseguir un cambio tanto emocional como conductual más sano.

Si crees que te mueves a través de ciertos pensamientos que te están provocando malestar y piensas que necesitas ayuda, no dudes en contactar con algún profesional.

Bibliografía

  • Bados López, A., y García Grau, E. (2010). La técnica de la reestructuración cognitiva. Universidad de Barcelona.
  • Bennett-Levy, J., Westbrook, D., Fennell, M., Cooper, M., Rof, K. y Hackmann, A. (2004). Behavioural experiments: historical and conceptual underpinnings. Oxford guide to behavioural experiments in cognitive therapy (pp. 1-20). Oxford: Oxford University Press.
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“Quien se traga las emociones, se ahoga”.

Fue una pregunta que ya contestó tiempo atrás una de las personas que dedicó gran parte de su vida al estudio del psicoanálisis, Sigmund Freud:

“Las emociones reprimidas nunca mueren. Son enterradas vivas, y saldrán de la peor manera”.

También concuerda con un refrán español que dice que: “Quien mucho traga, al final se ahoga”, y con el que además está de acuerdo la famosa autora del libro “cómo hacer que te pasen cosas buenas”, Marian Rojas Estapé, que afirma también que “quien se traga las emociones se ahoga”. 

La mayoría de los seres humanos vivimos corriendo. Evitamos, escapamos. Huimos de las emociones que nosotros mismos calificamos como negativas. De la tristeza, del miedo, la ira… u otras más complejas como el dolor, la inseguridad, la frustración, la decepción… 

Lo cierto es que huir de la realidad nunca nos hará felices. Cada cosa que decidimos hacer tiene un impacto en nosotros. Huir y evitar nos supone un gran gasto de energía. Silenciar y bloquear emociones puede provocar que perdamos salud tanto física, como psicológica. Además, hacerlo equivale a no aceptarla. También puede provocar un desequilibrio en nuestros niveles de estrés y el cortisol (comúnmente conocido como “la hormona del estrés”) en exceso es muy tóxico para nuestro organismo.

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Teniendo en cuenta la toxicidad interior que nos pueden ocasionar este tipo de emociones al no ser expresadas, y la cantidad de energía que necesitamos para reprimirlas (conlleva más desgaste físico, mental y emocional suprimirlas, que sentirlas), no es una sorpresa encontrarnos que cada vez hay cifras más altas de personas que, acostumbradas a llevar a cabo esta práctica durante toda su vida, acaban manifestando síntomas somáticos, tales como colon irritable, dolores de estómago, psoriasis, contracturas, migrañas, mareos… que no es más que un intento desesperado de estas emociones por salir a la luz de alguna manera. 

¿Existen de verdad emociones positivas, o negativas?

En realidad, esta es una clasificación que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida porque, está claro y no es discutible, que hay emociones que son más agradables de sentir que otras. Pero lo cierto es que todas las emociones son una respuesta que produce nuestro organismo con el único fin de ayudarnos a sobrevivir. 

Viéndolo de otra manera, emociones como el miedo, el enfado, o la tristeza… ¿son de verdad negativas?

Porque el miedo nos protege de cualquier amenaza y nos ayuda a estar alertas ante situaciones que puedan suponer un daño a nuestra integridad física. El enfado nos permite establecer límites y defender nuestros derechos cuando percibimos que éstos están siendo vulnerados y que nos están haciendo daño. La tristeza nos incita a la reflexión, a valorar…

Hace un tiempo se descubrió que en las lágrimas emocionales había un componente químico que ya he mencionado un poco antes: El cortisol. Por eso, después de llorar por algo que emocionalmente nos ha hecho daño, nos sentimos desahogados. Hemos liberado tensión.

Ahora bien, sabiendo lo que conlleva el cortisol, ¿qué crees que sucede si estamos tristes y lo único que hacemos es reprimir el llanto? Si no lo expresamos, si no lo hablamos con nadie… ni siquiera con nosotros mismos. 

Llorar puede hacernos sentir vulnerables, y eso está bien, porque ya has leído antes que no podemos, ni es sano, estar constantemente en alerta o tensión. Y hay quien dice, que el dolor compartido, es menos dolor. 

¿Qué puedo hacer para “no ahogarme” con mis emociones?

Normalmente lo “malo”, “negativo”, o “desagradable” no son las emociones en sí, sino cómo las interpretamos o gestionamos. Teniendo en cuenta que las emociones son algo natural en nuestro organismo y que además no podemos controlar, puedo asegurar que es contraproducente que intentemos reprimirlas en lugar de aprender a gestionarlas.

Es muy importante detenernos a pensarnos, aprender a escucharnos, comenzar a sentirnos, libres de juicios, para averiguar por qué está surgiendo una emoción, qué quiere enseñarnos, y qué necesitamos. 

Aprende a identificar tus emociones: Pon nombre a lo que sientes (no es lo mismo sentir tristeza que decepción). Conócete. Busca ser asertivo/a, te enseñará cómo expresarte. Empieza a elegir a tu alrededor personas, lugares, cosas… que te proporcionen bienestar y sean sanas para ti.

Si crees que tienes problemas para identificar tus emociones, gestionarlas, o regularlas, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Podemos ayudarte.