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Nota: Este post aparece hoy no por error. Dicen que “en casa del herrero cuchillo de palo”. No es el caso. No pude sacarlo antes porque precisamente, estaba cuidando mi propia salud mental. Estoy segura de que sabréis entenderlo ¡gracias!

Hoy, 10 de octubre, queríamos celebrar el Día Mundial de la Salud Mental, ¿y qué mejor forma de hacerlo que ofrecerte unas pautas para el autocuidado del día a día?

La celebración del Día Mundial de la Salud Mental el 10 de octubre es una iniciativa de la Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH, en sus siglas en inglés).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, fundada en 1948), la salud mental “es un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad. Es parte fundamental de la salud y el bienestar que sustenta nuestras capacidades individuales y colectivas para tomar decisiones, establecer relaciones y dar forma al mundo en el que vivimos.

La salud mental es, además, un derecho humano fundamental. Y un elemento esencial para el desarrollo personal, comunitario y socioeconómico. Es más que la mera ausencia de trastornos mentales. Se da en un proceso complejo, que cada persona experimenta de una manera diferente, con diversos grados de dificultad y angustia y resultados sociales y clínicos que pueden ser muy diferentes”.

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Autocuidado.

¿Qué cosas puedo hacer para tener en cuenta y cuidar mi salud mental?

1. Cuida tu salud física

Cuidar de tu salud física tiene un impacto muy positivo en tu mente y en tu cuerpo. Aliméntate bien, haz ejercicio físico, cuida las tensiones, contracturas o dolores que puedas sentir en tu cuerpo, realiza alguna actividad física que te guste, que te haga desconectar, y que recargue tu energía y refuerce el autocuidado.

2. Haz cosas que te gratifiquen y produzcan bienestar

Parece simple y evidente, pero en un mundo como este, donde nos gobiernan las prisas y el estrés, a veces se nos olvida dedicarnos esos momentos de paz, tranquilidad, y de autocuidado. Escucha a tu cuerpo y a ti mismo/a. Reflexiona más acerca de aquello que necesitas hacer, en lugar de aquello que crees que deberías hacer.

3. Conecta con tus seres queridos

Permítete escuchar y ser escuchado, abrazar y ser abrazado, apoyar y ser apoyado…

Permítete construir relaciones sanas, donde exista una responsabilidad afectiva que se de por ambas partes.

Acércate a esas personas que sientes que dan bienestar a tu vida, y no temas alejarte de aquellas que perturban y desequilibran esa tranquilidad.

4. Identifica y valida tus emociones

No niegues ni bloquees tus emociones. No las reprimas, no huyas de ellas… No te exijas tener que estar bien, ni tener que poder con todo día a día, y continuamente. Es agotador, e imposible.

Comprender y expresar cómo te sientes es muy importante. Todas las emociones son válidas y surgen para decirte algo.

Apóyate, acompáñate, y sé comprensivo contigo mismo/a.

Practica la asertividad. Sé amable contigo mismo/a, y con los demás. Gestionar las emociones de manera adecuada es un factor significativo del autocuidado.

5. Resalta las cosas buenas y no sólo las malas

Equilibra el peso. Normalmente le damos más importancia o prestamos más atención a las cosas negativas que a las cosas positivas que nos suceden o hacemos.

Un autocuidado eficaz comporta tener en cuenta el agradecimiento.

“Aunque no todos los días sean buenos, podemos encontrar algo bueno todos los días”.

Si crees que necesitas ayuda para cuidar de tu salud mental, no dudes en contactarnos.

Ramírez, W., Vinaccia, S., & Gustavo, R. S. (2004). El impacto de la actividad física y el deporte sobre la salud, la cognición, la socialización y el rendimiento académico: una revisión teórica. Revista de estudios sociales, (18), 67-75.

Davidson, L., & González-Ibáñez, À. (2017). La recuperación centrada en la persona y sus implicaciones en salud mental. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría37(131), 189-205.

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“Quien se traga las emociones, se ahoga”.

Fue una pregunta que ya contestó tiempo atrás una de las personas que dedicó gran parte de su vida al estudio del psicoanálisis, Sigmund Freud:

“Las emociones reprimidas nunca mueren. Son enterradas vivas, y saldrán de la peor manera”.

También concuerda con un refrán español que dice que: “Quien mucho traga, al final se ahoga”, y con el que además está de acuerdo la famosa autora del libro “cómo hacer que te pasen cosas buenas”, Marian Rojas Estapé, que afirma también que “quien se traga las emociones se ahoga”. 

La mayoría de los seres humanos vivimos corriendo. Evitamos, escapamos. Huimos de las emociones que nosotros mismos calificamos como negativas. De la tristeza, del miedo, la ira… u otras más complejas como el dolor, la inseguridad, la frustración, la decepción… 

Lo cierto es que huir de la realidad nunca nos hará felices. Cada cosa que decidimos hacer tiene un impacto en nosotros. Huir y evitar nos supone un gran gasto de energía. Silenciar y bloquear emociones puede provocar que perdamos salud tanto física, como psicológica. Además, hacerlo equivale a no aceptarla. También puede provocar un desequilibrio en nuestros niveles de estrés y el cortisol (comúnmente conocido como “la hormona del estrés”) en exceso es muy tóxico para nuestro organismo.

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Teniendo en cuenta la toxicidad interior que nos pueden ocasionar este tipo de emociones al no ser expresadas, y la cantidad de energía que necesitamos para reprimirlas (conlleva más desgaste físico, mental y emocional suprimirlas, que sentirlas), no es una sorpresa encontrarnos que cada vez hay cifras más altas de personas que, acostumbradas a llevar a cabo esta práctica durante toda su vida, acaban manifestando síntomas somáticos, tales como colon irritable, dolores de estómago, psoriasis, contracturas, migrañas, mareos… que no es más que un intento desesperado de estas emociones por salir a la luz de alguna manera. 

¿Existen de verdad emociones positivas, o negativas?

En realidad, esta es una clasificación que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida porque, está claro y no es discutible, que hay emociones que son más agradables de sentir que otras. Pero lo cierto es que todas las emociones son una respuesta que produce nuestro organismo con el único fin de ayudarnos a sobrevivir. 

Viéndolo de otra manera, emociones como el miedo, el enfado, o la tristeza… ¿son de verdad negativas?

Porque el miedo nos protege de cualquier amenaza y nos ayuda a estar alertas ante situaciones que puedan suponer un daño a nuestra integridad física. El enfado nos permite establecer límites y defender nuestros derechos cuando percibimos que éstos están siendo vulnerados y que nos están haciendo daño. La tristeza nos incita a la reflexión, a valorar…

Hace un tiempo se descubrió que en las lágrimas emocionales había un componente químico que ya he mencionado un poco antes: El cortisol. Por eso, después de llorar por algo que emocionalmente nos ha hecho daño, nos sentimos desahogados. Hemos liberado tensión.

Ahora bien, sabiendo lo que conlleva el cortisol, ¿qué crees que sucede si estamos tristes y lo único que hacemos es reprimir el llanto? Si no lo expresamos, si no lo hablamos con nadie… ni siquiera con nosotros mismos. 

Llorar puede hacernos sentir vulnerables, y eso está bien, porque ya has leído antes que no podemos, ni es sano, estar constantemente en alerta o tensión. Y hay quien dice, que el dolor compartido, es menos dolor. 

¿Qué puedo hacer para “no ahogarme” con mis emociones?

Normalmente lo “malo”, “negativo”, o “desagradable” no son las emociones en sí, sino cómo las interpretamos o gestionamos. Teniendo en cuenta que las emociones son algo natural en nuestro organismo y que además no podemos controlar, puedo asegurar que es contraproducente que intentemos reprimirlas en lugar de aprender a gestionarlas.

Es muy importante detenernos a pensarnos, aprender a escucharnos, comenzar a sentirnos, libres de juicios, para averiguar por qué está surgiendo una emoción, qué quiere enseñarnos, y qué necesitamos. 

Aprende a identificar tus emociones: Pon nombre a lo que sientes (no es lo mismo sentir tristeza que decepción). Conócete. Busca ser asertivo/a, te enseñará cómo expresarte. Empieza a elegir a tu alrededor personas, lugares, cosas… que te proporcionen bienestar y sean sanas para ti.

Si crees que tienes problemas para identificar tus emociones, gestionarlas, o regularlas, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Podemos ayudarte.

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Situaciones en las que puede venirte bien la asertividad:

  1. Mañana trabajas. Quieres irte a descansar temprano. Pero cuando te metes en la cama, resulta que tu tía te llama para quejarse del mal día que ha tenido hoy. Como os lleváis muy bien, tú, por no cortarla, la escuchas. Aunque eso acabe provocando que te acuestes una hora más tarde, y además algo molesta porque ya no tienes tanto tiempo para dormir.
  1. Hoy es el primer día que conoces a tu suegra. Ella, como hace calor, te ofrece una bebida con gas. Tu sabes perfectamente que las bebidas gaseosas te sientan muy mal, pero aún así, como no quieres darle una mala impresión ni hacerla sentir rechazada, la aceptas. 

¿Te resultan familiares este tipo de situaciones?

Si tu respuesta ha sido , te recomiendo continuar leyendo esta entrada para descubrir cómo la ASERTIVIDAD puede ayudarnos a negarnos a este tipo de peticiones sin sentirnos mal por ello, cuidándonos al tener en cuenta nuestras necesidades, mejorando por tanto nuestra autoestima, y guardando un respeto a nosotros y a los que nos rodean.

¿QUÉ ES LA ASERTIVIDAD?

La asertividad se define como la capacidad de expresar de forma clara, directa, honesta y adecuada tanto nuestros pensamientos u opiniones, como nuestros sentimientos, desde el respeto tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás.

La asertividad nos facilita relacionarnos con los demás y también con nosotros mismos. Nos enseña, por ejemplo, a negarnos a hacer algo que no queremos, a gestionar un conflicto, o también a pensar o anteponer un poco esas a menudo tan olvidadas necesidades propias.

Normalmente, según la situación en la que nos encontremos, podemos movernos entre 3 estilos de comportamiento, que se conocen como el comportamiento pasivo, el comportamiento asertivo, y el comportamiento agresivo. 

Cuando tenemos un comportamiento pasivo, nos estamos diciendo a nosotros mismos que no tenemos derechos, pero los demás sí. Por otro lado, el comportamiento agresivo, nos hace pensar que nosotros tenemos derechos, pero los demás no. Y, finalmente, el estilo asertivo dice que tanto nosotros mismos como los demás tenemos derechos. 

Parece evidente cuál es el estilo de comportamiento más adecuado para tratarnos tanto a nosotros mismos como a los demás desde la comprensión, el amor y el respeto (que es, al final, lo que queremos todos), pero entonces, ¿por qué no había escuchado antes la palabra asertividad?, y ¿por qué parece tan difícil ser asertivo?

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La respuesta es muy sencilla, y es simplemente que, normalmente, o no sabemos cómo hacerlo, o las creencias irracionales (como aquellas de las que hablé en la entrada anterior) mediante las que funcionamos nos impiden pasar del estilo pasivo o del estilo agresivo al asertivo. A parte, existen una serie de normas más tradicionales, profundamente arraigadas, que a veces parecen estar en lucha constante con los derechos que todos nosotros tenemos, y eso puede generarnos un conflicto, porque, ¿cómo voy a negarme a hacerle un favor a alguien, si siempre me han dicho que hacerlo es de buena persona?

CREENCIAS IRRACIONALES Y ASERTIVIDAD

Algunas de las enseñanzas y normas tradicionales que vamos aprendiendo desde que somos pequeñitos acaban siendo rígidas, inamovibles y verdaderas en nuestra cabeza. Lo que hace que, además, en un futuro, tengamos problemas para ser asertivos.

Pero, ¿son realmente las adecuadas?, ¿estoy haciendo las cosas que necesito y me hacen feliz, o las cosas que creo que hacen que los demás me consideren una buena persona? 

Veamos algunas de las creencias erróneas pero comúnmente extendidas que probablemente hayas escuchado en algún momento de tu vida, y mostremos a qué tenemos derecho realmente. 

  CREENCIAS ERRÓNEAS                                          MIS DERECHOS

Es ser egoísta anteponer las necesidades propias a las de los demás.Algunas veces, tengo derecho a ser el primero. 
Es vergonzoso cometer errores. Hay que tener una respuesta adecuada para cada ocasión. Tengo derecho a cometer errores y no avergonzarme por ello.
Si no puedo convencer a los demás de que mis sentimientos son razonables, debe ser que estoy equivocado. Tengo derecho a ser el juez último de mis sentimientos y aceptarlos como válidos.
Hay que respetar los puntos de vista de los demás, especialmente si desempeñan algún cargo de autoridad. Guardarme las diferencias de opinión para mi mismo; escuchar y aprender. Tengo derecho a tener mis propias opiniones y convencimientos.
Tengo que intentar ser siempre lógico y consecuente.Tengo derecho a cambiar de opinión o de línea de acción.
Las cosas podrían volverse aún peores de lo que son. No hay que tentar a la suerte. Tengo derecho a intentar un cambio.
No hay que hacer perder a los demás su valioso tiempo con los problemas de uno.Tengo derecho a sentir y expresar el dolor, pedir ayuda o apoyo emocional.
Hay que intentar adaptarse siempre a los demás, de lo contrario, no se encuentran cuando se necesitan.Tienes derecho a decir “no”. 
Si alguien hace una pregunta, hay que darle siempre una respuesta.Tienes derecho a responder o a tomarte tu tiempo para hacerlo. 

LA ASERTIVIDAD SE TRABAJA.

Ser asertivo/a conlleva un trabajo detrás por nuestra parte, a veces también un remodelamiento de nuestras creencias, y de la forma en que nos hablamos a nosotros mismos y a los demás. No es una habilidad que se aprenda de la noche a la mañana, ni de una semana para otra. Es una habilidad que se entrena. 

Sobre todo porque lo cierto es que la educación que recibimos desde pequeños no nos enseña a ser asertivos, y a menudo se ha relacionado el pensar en nuestras propias necesidades con el ser egoístas, cuando a veces tenemos derecho a ser los primeros.

Teniendo en cuenta que la asertividad también se conoce como “la capacidad de expresar los derechos y sentimientos personales”, es necesario que nosotros mismos nos detengamos, e indaguemos en nuestro interior para averiguar precisamente eso; cuáles consideramos que son nuestros derechos y sentimientos, con claridad. Que es algo que, en el mundo en el que nos movemos hoy en día, no solemos hacer, porque es más sencillo “coger la vía fácil y correr”, que detenernos a reflexionar. 

Ahora bien, tras leer esta entrada, aprender un poco sobre la asertividad, y revisar cuáles son tus derechos asertivos, si volvieras a las situaciones del inicio, ¿actuarías igual?



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creencias irracionales

Resulta que, aunque no nos guste leerlo, hay algunas ocasiones en la vida en que nos hacemos daño a nosotros mismos, sobre todo en lo que respecta a lo que pensamos, tanto de nuestro entorno, de los acontecimientos que nos suceden, como de nosotros mismos.

Pero, ¿cómo nos hacen daño nuestros pensamientos exactamente?

Nuestros pensamientos nos hacen daño a través de lo que consideramos creencias irracionales, o también conocidas como distorsiones cognitivas. 

Pero, ¿qué son las creencias irracionales?

Según Beck, uno de los máximos exponentes de la psicología del siglo XX las distorsiones cognitivas son errores sistemáticos que realizamos durante procesamiento de la información. Es decir, son malinterpretaciones erróneas y desadaptativas que podemos realizar sin llegar a ser conscientes a la hora de percibir nuestro entorno.

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“En esta imagen, nuestra forma de interpretar el entorno provocaría un resultado erróneo y desadaptativo, que es el 3, a pesar de que si modificamos nuestra percepción y pensamientos, podríamos dar con un resultado más adecuado y sano (2).”

Nuestro problema es que en la mayoría de ocasiones cometemos el error de creer que todo cuanto nos decimos a nosotros mismos, o interpretamos, es real y verdadero, lo que hace que nos resulte muy costoso romper ese círculo de toxicidad.  

Así pues, una vez explicado esto, ¿cuáles son 12 de las creencias irracionales más comunes y qué mayor malestar emocional nos provocan?

1. Las exigencias y el perfeccionismo.

Tal vez os suenen las palabras claves que siguen a esta distorsión, tales como “debería de…”, “tengo que…”, “no debería de…”, “tiene que…”. 

Son creencias rígidas y normalmente inflexibles sobre cómo debería ser uno y los demás. 

El exigente busca una perfección que es irreal. La perfección convierte los errores en algo intolerable, en lugar de permitirnos verlos como un aprendizaje, que es lo que realmente vamos haciendo durante cada día de nuestra vida; aprender. 

Además, caemos en el error de que, cuando somos exigentes con los demás, sentimos rabia cuando vemos que no actúan según nuestras creencias, en lugar de ser comprensivos y saber que cada uno de nosotros somos un mundo, y que todos tenemos derecho percibir las cosas a nuestra manera, y a tener nuestras propias creencias. 

Además, las exigencias hacia uno mismo normalmente acaban tornándose en duras autocríticas que solemos creer sin discutir.

2. El catastrofismo.

Catastrofizar significa ver y esperar lo peor aunque realmente el futuro nos es incierto. 

Si eres una persona catastrofista, tal vez te suene su palabra estrella, conocida como: “¿Y sí…?”. Que nos provoca una intensa preocupación y un miedo excesivo a la hora de afrontar cualquier situación, olvidándonos de lo más importante y que he destacado en un principio; que no somos adivinos, que no sabemos qué va a pasar en un futuro, y que en la mayoría de ocasiones, el 97% de las cosas que pensamos, ya sean buenas o malas, no pasan tal y como nos las imaginamos.

3. La negación.

Distorsión dirigida por frases como; “no me importa…”, “me da igual”, “no me pasa nada”… 

Se trata de negar nuestros errores, problemas o debilidades. De no prestar atención a nuestras emociones. 

Algo que hace que nos olvidemos de que precisamente cometer errores, y tener problemas, debilidades y sentimientos es lo que nos hace humanos. 

4. La sobregeneralización.

Esta es una de las creencias irracionales más común. Es lo que nos hace pensar que si un día aleatorio, porque pase A, después ha pasado B, entonces todos los días en los que surja A aparecerá luego irremediablemente B.

En otras palabras, es la tendencia que tenemos a pensar que si algo ha sucedido una vez, sucederá otras muchas veces. Sobre todo cuando se trata de una experiencia que nos ha resultado desagradable. 

Cuando nos hablamos con este tipo de distorsión, solemos usar palabras extremistas como “siempre”, “nunca”, “todo”, “nada”… Cuando realmente podríamos empezar a preguntarnos qué posibilidades de que eso que pensamos sea cierto. 

¿De verdad nunca te sale nada bien?, ¿de verdad siempre te pasa todo a ti?

Tal vez con expresiones más reales como “a veces”, “es posible”, o “a menudo”, nos trataríamos mejor. 

5. Las etiquetas globales. 

Las palabras que acompañan esta creencia irracional suelen ser “soy un”, “es un”, “son unos”. Es decir, predomina el verbo “ser”, y a veces los prejuicios juegan un papel importante aquí. 

Solemos etiquetar a una persona, o a nosotros mismos, con sólo tener uno o dos rasgos de la personalidad, obviando todo el resto. 

Podríamos decir por ejemplo; “es un tacaño”, “es una aburrida”… Cuando en realidad podríamos ser más específicos en lugar de generalizar; “a veces se comporta de forma tacaña”, o “cuando salimos de fiesta es aburrida”. 

6. La negatividad.

¿Os suena eso de agrandar las cosas negativas y desvalorizar o empequeñecer las positivas? 

Esto es lo que hacemos mediante esta distorsión. Tanto si se tratan de acontecimientos sucedidos en el día a día, como si se tratan de méritos propios. 

“Seguro que voy a suspender”, “seguro que no le caigo bien”, “seguro que no le gusto”… 

Recordemos lo mencionado anteriormente en la distorsión del catastrofismo… “el 97% de las cosas que pensamos, ya sean buenas o malas, no pasan tal y como nos las imaginamos”. 

7. El pensamiento polarizado. O blanco o negro, o todo o nada.

“O todo es horrible o todo es maravilloso”. 

La realidad se percibe de manera extremista y no se valoran los términos medios. No existen los grises. En lugar de ser conscientes de que estamos siendo extremistas, y darnos cuenta de que tanto las personas como las situaciones no somos totalmente de una forma o de otra, sino que en su lugar nos vamos moviendo a lo largo de un continuo.

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Creencias irracionales

8. El razonamiento emocional.

“Si me siento un perdedor es porque soy un perdedor”. 

Estas creencias irracionales consisten en creer que lo que sentimos es verdad por el simple hecho de que lo sentimos. 

A veces las emociones pueden hacernos emitir juicios sobre los demás, sobre nosotros mismos, o sobre las situaciones que no son del todo ciertas. Hay que tener en cuenta que nuestros sentimientos son producto de nuestra propia interpretación personal, que puede ser diferente a la de la mayoría, porque cada uno de nosotros tenemos nuestra propia percepción, de ahí calificarla como “personal”. 

No está de más que reflexionemos acerca de nuestras emociones cuando las sintamos, para identificar si son ciertas o nos están engañando vía creencias irracionales. 

9. El sesgo confirmatorio.

Se trata de algo similar a una memoria selectiva.

Esta creencia actúa de manera que, si pensamos que alguien es torpe, tenderé a recordar más aquellas situaciones que confirmen mi juicio, aunque la realidad es que una persona puede mostrarse torpe en algunas situaciones, y en otras no. 

Recordamos mejor, de una forma equivocada, las cosas que encajan con nuestras ideas preconcebidas.  

10. La interpretación del pensamiento, o lectura del pensamiento.

Creemos saber no sólo lo que piensan los demás, sino también por qué se comportan de la forma en que lo hacen. 

“Piensa que soy una estúpida”, “seguro que sólo está con él por su dinero”, “lo que está haciendo es reírse de mi”… 

Estas creencias irracionales a veces nos hacen olvidar que todo lo que tenemos son hipótesis, y que las hipótesis no se pueden dar como verdaderas hasta que no se tengan claras pruebas de ellas. 

11. La personalización.

El sentirnos, como a mi me gusta llamarlo, “el ombligo del mundo”, ya sea para bien o para mal. 

A veces esto nos hace pensar que todo lo que las personas de nuestro alrededor hacen o dicen tiene que ver, de alguna manera o de otra, con nosotros mismos. 

Así, si de pronto quedamos una tarde con una amiga, que está más seria de lo normal, tenderemos a pensar, “¿habré hecho algo mal?”, “¿estará molesta conmigo por algo?”. Aunque no hayamos dicho o hecho nada para causar en ella una expresión de seriedad o molestia. 

Al final, olvidamos que todos tenemos problemas y nuestras propias luchas. La próxima vez, podrías probar a preguntarle directamente a tu amiga si está bien. 

12. El filtraje.

El filtraje se produce cuando vemos o escogemos algo negativo de nosotros mismos, de los demás o de las circunstancias, y se excluye todo lo demás. 

Por ejemplo, es una de las creencias irracionales que nos lleva a centrarnos en que he suspendido dos asignaturas en el primer año de universidad, y a olvidar que he aprobado 8 de 10. 

A veces, las emociones también nos pueden hacer caer en el error del filtraje. Por ejemplo, si un día estoy triste, voy a verlo todo negativo, y voy a tender a pensar que “no podré con ese día”, o “no podré con la semana”, retroalimentando sin ser conscientes ese ciclo de malestar en el que nos encontramos, en lugar de permitirnos sentirnos así, y alentarnos en que nada es eterno y que probablemente mañana nos encontremos mejor. 

A veces, según el tipo de pensamientos que tengamos, pueden producirnos unas emociones u otras. Podríamos decir que es una retroalimentación continua entre ambos. Los pensamientos determinan nuestra forma de ver e interpretar nuestro entorno. Estos pensamientos y emociones pueden ser erróneos, o no.

Detectar las creencias irracionales que tenemos como herramientas en nuestro día a día es el primer paso para cambiarlas a otras más adaptativas, reenfocando pensamientos dañinos que nos ayuden a tener una buena salud emocional.



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Para vosotros no es ninguna novedad que os informe de que, a día de hoy, el porcentaje de personas que consumimos pornografía es muy alto. Ya sea por diferentes razones; disfrutar de un buen momento de sexualidad con nosotros mismos, con nuestras parejas, o por qué no, también para aprender o coger algunas ideas sobre cuáles deberían ser esos “truquitos” para hacer disfrutar al máximo tanto a nosotros mismos como a nuestro acompañante en la cama a la hora de tener sexo real.

Pero, después, ¿se parecen en algo el porno y la vida sexual real?

Si ya has experimentado lo que es el consumo de pornografía, y tener una experiencia sexual real, puede que te hayas dado cuenta de algo: No funcionan igual. 

Y digo puede… porque en algunos casos ni siquiera es así, y tardas en descubrir cómo funciona en realidad. Sobre todo al principio, cuando empiezas a experimentar sexualmente… y resulta que tu única referencia ha sido el porno. 

A falta de una apropiada educación sexual, podemos recurrir a innumerables recursos; libros, páginas webs concretas y especializadas, algún profesional,… Sin embargo, la fuente a la que casi todos acabamos recurriendo es la pornografía. 

La pornografía no es ni mala, ni buena, pero debemos tener claro que mayormente es ficción. Una ficción que crea unas altas expectativas que luego nosotros pretendemos aplicar a la realidad, consiguiendo normalmente sólo una cosa; frustración cuando empezamos a descubrir que las cosas no funcionan así.

La comunicación

En el sexo es muy importante la comunicación: Saber qué le gusta a tu pareja sexual, qué no le gusta, oír sus indicaciones, pedirlas si nos encontramos perdidos, aceptar cuándo algo le resulta incómodo, preocuparnos por el disfrute mutuo e individual, tomarnos nuestro tiempo en ello… etcétera.

Sin embargo, comunicar es algo que no acostumbramos a hacer la mayoría, ya sea antes, durante, o después de tener una relación sexual. 

Este es uno de los aspectos del sexo real donde la pornografía ha influido mucho. No encontramos esta clase de comunicación en los vídeos porno. Parece que los actores son adivinos y que ya saben qué le gusta y qué no a su pareja sexual. Y todo es excitación, placer, y orgasmos maravillosos y continuos. 

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El golpe de realidad

Pero claro, ¿qué sucede cuando intentas imitar lo que sucede en la pornografía, en  tus relaciones sexuales, y no hay comunicación?

Si vemos que nuestra pareja sexual no está constantemente gimiendo a un volumen considerable, podemos preguntarnos (mentalmente, porque en el sexo no se comunica); “¿le estará gustando?”, “¿por qué no gime más?”, “¿lo estaré haciendo mal?”… 

Son preguntas que nos causan inseguridad. Sin pretenderlo nos estamos cargando de una responsabilidad que no nos corresponde, porque no estamos teniendo en cuenta que en la pornografía, mayormente, los actores fingen, y la gran mayoría de las escenas están editadas. 

Inseguridad

Inseguridad es lo que “nos aplasta” y lo que corremos el riesgo de sentir también cuando tenemos como única referencia la pornografía. 

Porque claro, ¿qué sucede si mi miembro no me parece tan grande como el de los actores?, ¿o si mis pechos no me parecen tan bonitos como los de la mayoría de las actrices? Porque parece que el tamaño sí que importa… cuando en realidad no

O ¿qué pasa si no soy capaz de aguantar, y mantener una relación sexual, sin parar, durante “X” tiempo? Cuando en realidad, hay días en los que podemos alargar más, o menos, las relaciones sexuales, según lo que necesitemos, pero eso sí… normalmente con pausas. Porque es muy difícil que no aparezcan molestias por pérdidas de lubricación, y prácticamente irreal que cualquiera de las dos partes aguante con el “mete y saca” durante, al menos, media hora. 

¿Y si tengo un “gatillazo”, eyaculo demasiado rápido, o no lubrico lo suficiente? Un pene flácido, o incomodidad por falta de lubricación es algo que nunca suele verse en las películas porno, y si hemos aprendido que así debe ser, que pueda pasar en nuestro dormitorio es vergonzoso. Cuando lo cierto es que es algo normal, y pasa bastante a menudo. En la mayoría de los aspectos, esto tiene que ver con los preliminares; algo muy importante e inexistente en el porno, donde parece que llegan al nivel más alto de excitación con sólo mirarse e intercambiar cuatro palabras. Todo parece instantáneo. 

Los preliminares hacen que nos sintamos cómodos, que cojamos confianza. Son los que nos ponen a tono, y los que propician una más satisfactoria experiencia sexual. 

El orgasmo

Y la guinda del pastel: ¿Qué nos sucede si nuestra pareja sexual no tiene varios, o un orgasmo a lo largo del sexo,… o incluso al acabar nos confiesa que no lo ha sentido?

Porque en la pornografía el orgasmo siempre llega. Así que probablemente estemos haciendo algo mal: Y de nuevo nos echamos peso e inseguridad a la espalda, cuando eso es algo que desde luego no pasa en el sexo real. 

Cuando estás teniendo sexo pueden darse múltiples factores que hagan que no llegues al orgasmo; puede que tu cuerpo no esté en su mejor momento para llegar al orgasmo, puede que los preliminares no hayan durado demasiado, puede que hayas empezado a sentir molestias, puede que no haya habido la suficiente comunicación, que incluso te de un tirón o si lo haces en verano sin aire acondicionado, un golpe de calor. 

Por no hablar de que a la mayoría de las mujeres no nos basta simplemente con la penetración para llegar al orgasmo, y que necesitamos también de otros tipos de estimulación.

Hay múltiples factores que pueden propiciar que no siempre llegues al orgasmo y eso es normal. Además, no llegar al orgasmo no siempre conlleva a que ya no hayamos disfrutado esa relación sexual. 

En conclusión… debemos tener claro que por mucho que nos guste la pornografía y nos proporcione algunos minutos de placer momentáneo, es muy importante que no olvidemos, para estar en calma con nuestras posteriores relaciones sexuales, que en su mayoría la pornografía es ficción, y que en absoluto podemos compararlo con lo que luego es mantener una relación sexual real con alguien. 


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La esquizofrenia es un trastorno mental grave que provoca a quien la padece una combinación de delirios y alucinaciones que le hacen interpretar la realidad de una manera diferente, causando además un desequilibrio en el pensamiento y en el comportamiento que afecta al funcionamiento diario de las personas con dicho trastorno.

A pesar de que las causas exactas que provocan la esquizofrenia son desconocidas a día de hoy, los estudios han demostrado que la combinación de la química del cerebro (como por ejemplo un desajuste en los neurotransmisores conocidos como dopamina o glutamato), la genética (antecedentes familiares de esquizofrenia) o el ambiente (situaciones externas estresantes, consumo de ciertas drogas,…) pueden favorecer su desarrollo.

Todo ello hace que la vida de una persona con esquizofrenia resulte complicada ya que, una vez identificado el trastorno y comenzado el tratamiento, ellos son conscientes de que piensan, sienten y se comportan de una manera diferente a los demás.

Además de todas las dificultades a las que con valentía tienen que enfrentarse prácticamente a diario debido a su trastorno, hay otra dificultad a la que normalmente tienen que hacerle frente, que son nuestros prejuicios.

Porque, ¿cuáles crees que serán los primeros pensamientos que te rondarán la cabeza si al conocer a una persona ella te confiesa que tiene esquizofrenia?

A continuación os dejaré los pensamientos (erróneos) más comunes que suele tener la sociedad cuando una persona dice que padece este trastorno, y cuál es la realidad de las personas con esquizofrenia.

Las personas con esquizofrenia suelen ser agresivas.

Según la resumida explicación de este trastorno realizada un poco más arriba, podemos comprobar claramente que no. La esquizofrenia puede producirse en cualquiera de nosotros por determinados factores, pero estos no incluyen la agresividad.

La agresividad es algo que está presente en la persona, independientemente de si padece o no este trastorno. No es desencadenada por el mismo.

De hecho, por sus circunstancias a menudo tienen más probabilidades de convertirse en víctimas de abuso que en abusadores.

Dan miedo porque no comprendo su manera de interpretar el mundo.

A veces convertimos la esquizofrenia en un elemento central a la hora de conocer a la persona que la padece y se nos olvida que son simplemente eso; personas. Personas que, al igual que todos nosotros, quieren sentirse queridas y apreciadas, no apartadas sólo porque sus pensamientos o su forma de interpretar la realidad se escapen a nuestro entender, o porque no sepamos exactamente qué pasa por su mente.

Pero, si te paras a pensarlo ¿es que realmente sabemos qué está pasando por la cabeza de alguien cuando hablamos con ellos?

Además, son personas que están luchando cada día con su realidad, por lo que el apoyo psicosocial es algo que agradecen de verdad. Sé respetuoso, comprensivo, y amable. Recuerda que para esa persona sus creencias o alucinaciones son muy reales.

Las personas con esquizofrenia están locas y son raras.

A veces, la falta de conocimiento que persigue a la esquizofrenia puede llevarnos a sacar esta conclusión. En concreto, a menudo son los síntomas psicóticos que caracterizan este trastorno los que suelen hacernos pensar que las personas que lo padecen “están locas o son raras”.

Los síntomas psicóticos son los hacen que la persona con esquizofrenia piense, actúe y perciba el mundo de una forma diferente. En concreto, estos síntomas son formados por las alucinaciones (cuando una persona ve, oye, huele, saborea o siente cosas que no son reales), los delirios (esas creencias fuertes que no son ciertas y pueden parecer irracionales), los trastornos del pensamiento (esa forma de pensar inusual e ilógica), y los trastornos del movimiento (considerados como anormales, y que pueden ser repetidos una y otra vez).

Señalando de nuevo los factores que provocan este trastorno (como la genética, el ambiente, o la química del cerebro), está bien recordar que en ningún caso es un trastorno que las personas decidan tener, y que para ellos estos síntomas son muy reales, así que debemos movernos hacia ellos mediante el apoyo, la comprensión y la empatía. Además, uno de los principales objetivos del tratamiento de este trastorno es controlar con medicación los síntomas psicóticos.

“Cuando conozco a una persona con esquizofrenia, sólo veo el trastorno, y nada más”.

Si bien es cierto que las personas que padecen este trastorno se ven obligadas a lidiar con él cada día, y que luchan por aprender a vivir con él, intenta que no sea un tema central cuando conozcas a una persona con esquizofrenia.

Es difícil para ellos comprobar que la mayoría de personas por lo primero por lo que se interesan es por conocer cómo conviven con el trastorno, o por saber qué tipo de alucinaciones tienen.

Mejor, podríamos interesarnos por la persona. Por sus gustos, sus intereses, aficiones,… por saber qué les gusta hacer en su tiempo libre o cómo disfrutan de este.

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Para ellos ya es demasiado complicado lidiar cada día con los síntomas psicóticos, como para centrarnos también en estos al conocerles.

Está bien conversar e interesarse de vez en cuando sobre su trastorno y por cómo están, pero no debemos dejar que se convierta en la única conversación que tengamos con ellos.

Las personas con esquizofrenia no son inteligentes.

En este trastorno, la inteligencia permanece bien conservada, pero solemos confundirnos por las dificultades que a menudo presentan en aspectos como la concentración, la memoria, la atención… que realmente son provocados por los efectos secundarios de la medicación.

Los efectos secundarios de los antipsicóticos, dependen principalmente de qué medicamento estemos tomando, pero por lo general, todos ellos suele presentar alguno.

Estos fármacos antipsicóticos se distribuyen principalmente entre antipsicóticos de primera, y de segunda generación. Los efectos secundarios de los medicamentos de primera generación se caracterizan por sedación, somnolencia, mareos, la rigidez, el temblor, contracciones musculares involuntarias… Sin embargo, los de segunda generación, aunque son similares a los descritos anteriormente, tienen un factor diferencial muy importante; se produce un incremento de lípidos, colesterol y glucosa en la sangre.

Además, también se dan otros efectos como el aumento de la prolactina, que influye en cuanto a la disfunción sexual masculina se refiere, y en la mujer produce alteraciones en la menstruación, y ciertos tipos de disfunción sexual.

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Teoría sobre la personalidad.

Entre otras cosas, el psicólogo Carl Gustav Jung formuló una teoría sobre la personalidad, en la que en dos de sus extremos, podíamos encontrar la introversión y la extraversión.

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Gráfica en cuyos extremos se encuentran la introversión, y la extraversión, dejando ver diferentes grados entre ellos.

Jung decía que el introvertido suele dirigir su energía hacia “dentro”, y el extrovertido hacia “fuera”. Más allá de lo social, para él la introversión y la extraversión no eran más que diferentes maneras que tienen las personas de reaccionar a la estimulación, refiriéndose con esto a los fenómenos subjetivos (pensamientos e imaginación) o los objetos externos a uno mismo (lo que hay o pasa a nuestro alrededor). 

Las personas introvertidas son las que prefieren explorar su propia vida mental, y las extrovertidas se sienten más estimuladas por lo que sucede a su alrededor. Los dos extremos son opuestos; azul y rojo. Aunque por suerte, en nuestra vida todo es mucho más fluido, y según las diferentes situaciones o contextos, podemos movernos entre el resto de porcentajes; azul claro, verde, amarillo, o naranja.

La sociedad en la introversión y en la extroversión.

Pero entonces, ¿en qué momento empezó la sociedad a “recriminar” la introversión y a “animar” la extroversión”?

Hoy en día, fácilmente se asignan palabras al introvertido como aburrido, tímido, miedoso, prudente, pensativo, apático… 

¿No te parecen calificativos con una valencia más bien negativa?

Mientras tanto… los que suelen rodear al extrovertido son valiente, divertido, amable, alegre, despreocupado, amigable… 

Con una valencia más bien positiva.

Da la sensación de que un introvertido no puede ser ninguno de los adjetivos que califican a las personas extrovertidas, o viceversa. 

No estoy diciendo que a nivel social o de esa búsqueda de estimulación no haya diferencias entre nosotros, pero, ¿es eso realmente una razón de peso para esa repartición?, ¿es por esa falta de interés en la fiesta y en las multitudes por lo que una persona introvertida, es ya aburrida?

Ni comparar, ni diferenciar.

No obstante, el objetivo de este artículo no es hacer mayor la distinción entre unos y otros, como tampoco lo es comparar.

Más bien, la meta de este escrito es tranquilizar a aquellas personas introvertidas que, por estas razones, han podido llegar a sentirse fuera de lugar, solos, que no encajan, o que no está bien ser como son. 

Que piensan de sí mismos que son aburridos porque es, en su mayoría, la palabra que han recibido al rechazar acudir a una fiesta.

Está bien ser introvertido.

Introvertido, tengo algo importante que decirte; está bien. Está bien ser introvertido

Está bien preferir lugares tranquilos a lugares ruidosos. Está bien si sois más de estar en casa. De leer, de escuchar música, de ver una película o una serie, antes que ir a una fiesta. Está bien preferir quedar con pocos amigos en un lugar tranquilo, que en un lugar multitudinario. Está bien ser más cautelosos a la hora de conocer a nuevas personas. Está bien mirar más “hacia dentro” que “hacia fuera”.

Porque, de hecho, todos deberíamos meternos un poco más a menudo en nuestras cabezas.

Puede que a veces el sentimiento de soledad sea grande, y que quieras tener guardado a buen recaudo todas las ideas o pensamientos profundos que llenan tu cabeza. Y eso está bien. Pero espero que, ocasionalmente, abras tu mente para que otras personas la vean, porque creo que el mundo necesita escuchar esos pensamientos profundos.

Introvertido, recuerda que también puedes ser; valiente, miedoso, amable, cortante, amigable, distante, divertido, apático… Porque puedes ser todo cuanto quieras ser.

Si te ves a ti mismo introvertido, y piensas que es lo peor del mundo, nunca estarás realmente feliz contigo mismo, e intentarás constantemente cambiar sólo por satisfacer a la sociedad. Ver la introversión como algo negativo, y que necesita un cambio, es un error.

Pero si te aceptas como introvertido y eres feliz, no hay nada que te impida alcanzar tus metas y conseguir lo que quieres. Porque al fin y al cabo, ser introvertido no tiene absolutamente nada de malo, diga lo que diga la sociedad.

Mitos del amor

Si nombro películas como “La Cenicienta”, “Blancanieves”, “La Bella y la Bestia”, “El Diario de Noah” o “Titanic”, probablemente sean títulos que nos suenan a la mayoría de nosotros.  Siguen un género romántico que, a pesar de que como espectador nos haga disfrutar mucho durante la película y nos encoja el corazón, ¿es una idea idílica y un poco irreal del amor lo que han acabado dibujando en nuestra cabeza? ¿Una cuestión de mitos? 

Por desgracia, sí.  Me declaro culpable de haber visto todas y cada una de las películas que he nombrado anteriormente, y es por ello por lo que puedo exponer algunos mitos que he podido observar en ellas, así como rebatirlos. 

Mito: En alguna parte del mundo hay una persona que está destinada para nosotros.

Este famoso mito suele hacerse llamar nuestra “media naranja”.  Este mito se aferra a la idea de que a lo largo de nuestra vida sólo nos encontramos con una persona que es ideal para nosotros, cuando lo cierto es que a lo largo de nuestra vida, por suerte, nos cruzamos, y vamos conociendo, a muchas personas con las que podemos conectar, o no. 

¿No es fantástico saber que tenemos mil y una oportunidades de encajar con alguien con quien construir un vínculo sano, y que esa oportunidad de ser felices no se agota con una única persona? 

Mito: El amor es ciego y todo lo puede

Este mito se sustenta en la idea de que si quieres a una persona, debes estar dispuesto o dispuesta a aguantar cualquier cosa en la relación.

La realidad es que en una relación sana existen límites y acuerdos establecidos por cada una de las partes que conforman la relación, y que hacen que, mediante el respeto a esos límites y la comunicación, ésta mejore cada día.  Este mito puede causar que ante el primer problema que se presente, queramos o bien tirarlo todo por la borda, o resignarnos y aguantar cosas que no nos gustan. 

Cuando en una relación aparece un problema, o algo que nos disgusta, lo más adecuado es sentarnos a hablarlo desde la asertividad y comprensión con nuestra pareja. 

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Mitos del amor romántico

Mito: Los celos y las pruebas de amor

Los celos pueden ser indicativos de una cosa: de miedo y de inseguridad. Miedo e inseguridad a que esa persona se lleve algo nuestro, algo que nos pertenece. Lo cierto es que nuestra pareja no es una posesión. No es un objeto que es nuestro. Es una persona con la que hemos conectado, y hemos decidido compartir nuestra vida. Disfrutando tanto de los momentos en solitario como de los momentos en su compañía. Es por lo tanto un mito que los celos sean una prueba de amor.

Mito: Tener pareja pero también tener ojos

Enlazando este mito con las películas que he mencionado anteriormente, puedo decir que en la mayoría de ellas pasa una cosa; chico conoce a chica, ya no existe nadie más, y fueron felices y comieron perdices. 

La realidad es muy diferente. Como ya he mencionado anteriormente, en nuestra vida vamos conociendo a muchas personas con las que podemos sentir afinidad, o que nos parezcan atractivos/as. Esto no quiere decir que no quieras a tu pareja, sólo que eres humano. En este caso simplemente se trata de tener presentes las reglas de compromiso que hayamos establecido con nuestras parejas.

Mito: La persona adecuada “nos salva”. Llena y complementa todos los aspectos de nuestra vida. 

Quizá lo peor de este mito, es que vuelve a sustentarse en la idea de que en nuestra vida, sin una pareja, nos falta algo. De que tenemos que encontrar a alguien con gustos similares con quien disfrutar de las cosas que nos agradan porque va a ser mejor que hacerlo en solitario. Está muy bien tener al lado a alguien que te ayude, te apoye, y con quien disfrutar momentos o planes, no quiero decir lo contrario. Pero no lo necesitamos para hacer que nuestra vida esté completa, y llena. 

Al final, nosotros mismos somos los protagonistas de nuestra historia y los responsables de  nuestro propio bienestar. 


Referencias:

Jóvenes, infelicidad y redes sociales

Actualmente las redes sociales se han convertido en una pieza básica de la comuniación en nuestra sociedad. Generan cambios de opinión, se producen acalorados debates e incluso influyen en elecciones. Pero uno de los peores datos es que empeoran nuestra salud mental y en especial, la de los jóvenes.

En 2017, se recogió en un estudio elaborado por la Royal Society of Public Health (RSPH) y la Universidad de Cambridge recoge que el 91% de la juventud de entre 16 a 24 años usa internet para meterse en redes sociales mientras que las tasas de ansiedad y depresión entre este colectivo ha aumentado un 70%.¿Quiere decir esto que las redes sociales provocan ansiedad y depresión? No exactamente, pero sí que podrían influir y modular (aumentar o disminuir) tanto causas como síntomas que pueden provocar ansiedad y/o depresión.

La red social que más maltrata nuestra salud mental: Instagram

El estudio* elaborado por la Royal Society of Public Health arrojaban las siguientes conclusiones:

  • Los jóvenes (británicos) de entre 14 y 24 años creían que Facebook, Instagram, Snapchat y Twitter tienen efectos perjudiciales en su bienestar.
  • En promedio, informaron que estas redes sociales les dieron un margen adicional para la autoexpresión y la construcción de la comunidad.
  • El uso de las plataformas exacerbó la ansiedad y la depresión, la falta de sueño, les expuso a intimidación/abuso y creó preocupaciones sobre su imagen corporal y “FOMO” (Fear Of Missing Out=miedo a quedarse desconectado del resto).

Privación de sueño y FoMO, principales efectos del uso

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Cómo afecta el uso de redes sociales a distintos parámetros psicológicos.

El la tabla de arriba podemos reconocer rápidamente cuáles son los principales efectos perjudiciales del uso de las redes sociales encuestadas (en 2017 todavía no existía Tik-Tok). Podemos observar (efectos que siguen vigentes hoy en día):

  • Facebook, Snapchat, Instagram y Twitter -en este orden- pueden hacer que los jóvenes duerman menos.
  • Snapchat es la red social que más FOMO puede provocar.
  • Facebook facilitaría el bullying.
  • Instagram influye de manera muy negativa en la imagen corporal.

¿Es todo malo en las redes sociales?

Por supuesto que no. En el polo opuesto, es decir efectos beneficiosos del uso de redes sociales, podemos observar (efectos que siguen vigentes hoy en día):

  • Instagram y Twitter influyen positivamente en la autoexpresión.
  • Instagram contribuye a la construcción de la autoidentidad.
  • Facebook contribuye a recibir soporte emocional.

El tiempo que invierten los adolescentes en los dispositivos electrónicos se relaciona directamente con su infelicidad

En 2019, en la séptima edición del Informe Mundial de la Felicidad -realizado por la ONU- se centraba en la felicidad y la comunidad: cómo había evolucionado la felicidad en los últimos doce años, centrándose en las tecnologías, las normas sociales, los conflictos y las políticas gubernamentales que habían impulsado esos cambios. En el capítulo pertenciente a las nuevas tecnologías, se encontraron las siguientes conclusiones:

  • Apareció una gran cantidad de tiempo que pasan los jóvenes interactuando con dispositivos electrónicos, lo cual puede tener vínculos directos con la infelicidad. Esto probablemente a causa de una disminución del tiempo dedicado a otras actividades más beneficiosas, con lo que el resultado es menor felicidad.
  • Marcada disminución en el bienestar de los adolescentes después de 2011, que podría justificarse por el importante cambio en la forma en que los adolescentes pasan actualmente su tiempo libre.
Intervención en À Punt (televisión valenciana) explicando algunas claves entre redes sociales y salud mental en adolescentes.

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Referencias:

  • À Punt (minuto 18:57)
  • The Economist
  • Infocop
  • Informe Mundial de la Felicidad
  • *Un estudio en calidad de encuesta no permite establecer relaciones causales, por ello, no podemos decir que las redes sociales causen directamente infelicidad, pero sí podemos tener pistas de qué es lo que está ocurriendo.
TEPT

Gracias a varios estudios científicos se ha podido destapar la existencia del Trastorno de estrés postraumático, un trastorno generado por una situación traumatizante, provocando importantes consecuencias en la persona que lo sufre.

El estrés postraumático puede generar un gran impacto en la calidad de vida, llegando incluso a impedir el desarrollo normal de diferentes actividades debido a las alteraciones que tiene a nivel cognitivo, social y emocional. En este articulo describiremos que es el TEPT, y cómo lo evaluamos en la psicología jurídica.

¿Cómo definimos el trastorno de estrés postraumático?

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se relaciona con un evento que involucra la presencia de una amenaza a la propia vida o a la de otra persona. También se puede desarrollar ante una situación de violación de la integridad física o moral tanto propia como de terceros. Entre las principales causas se puede incluir el asalto y el abuso sexual o físico. 

Hay algunos factores que predisponen a la persona que sufra TEPT, entre ellos factores ambientales, la vulnerabilidad de la persona y el nivel sociocultural en el que vive. La unión de estos factores en combinación con un evento traumático puede dar paso a dicho trastorno. 

Por otro lado, se ha encontrado que este cuadro puede implicar cambios que se relacionan con la respuesta del cuerpo ante el estrés. Esto se debe a la modificación del sistema de regulación emocional del cerebro, asociada especialmente a la sensibilidad extrema al peligro y al aumento de la autoprotección con el fin de lograr la supervivencia.

¿Hay alguna población en concreto que sea más propensa a sufrir TEPT?

Dentro de la epidemiología se encuentra que, en la actualidad, alrededor del 3,5% de la población general sufre de un TEPT. Este porcentaje aumenta en poblaciones que presentan una mayor exposición a algún tipo de evento traumático:

  • Soldados de la guerra
  • Más común en hombres que en mujeres
  • En mujeres prevalecen las situaciones de abuso sexual o durante la infancia
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Trastorno Estrés Postraumático

¿Qué síntomas puede presentar una persona que sufre TEPT?

 Después de haber estado expuesto a una amenaza o una experiencia grave directa o en el que haya participado como observador directo, o una exposición constante y extrema de sucesos traumáticos nos podemos encontrar con la presencia de uno o más síntomas que siempre deben ser asociados al suceso traumático, por ejemplo:

  • Recuerdos angustiosos
  • Sueños angustiosos y frecuentes en el que aparece el hecho traumático o contenido relacionado
  • Reacciones disociativas
  • Malestar psicológico
  • Reacciones fisiológicas

En conclusión, es importante entender que el TEPT genera importantes dificultades en la vida diaria de quien lo padece. El hecho de sufrir trauma grave, hace que la persona se sienta insegura y pierda la confianza  para hacer cualquier actividad.  Por lo tanto, es importante realizar una evaluación cuidadosa de la persona a la hora de relacionar síntomas con el suceso. 

¿Cómo evalúa un Psicólogo Jurídico el TEPT en una persona?

Se realizan varias entrevistas con la persona afectada para determinar si hay causalidad entre el malestar psicológico de la persona y el suceso traumático, además de aplicar los cuestionarios adecuados que estén enfocados en detectar sintomatología de TEPT como son por ejemplo:

  •  El cuestionario de Impacto del Trauma (CIT), es una prueba de referencia para la evaluación integral del trastorno de estrés postraumático y la sintomatología asociada en el contexto.
  • El EGEP-5, un cuestionario con el que se puede hacer una evaluación global del estrés postraumático en víctimas adultas. 

Una vez se hayan respondido los cuestionarios correspondientes y realizado las entrevistas necesarias se reúne toda la información y se procede a redactar el informe pericial psicológico con sus debidas conclusiones y consideraciones.

paradoja de la elección netflix

Viernes por la noche, estás agotado. Pero es tu momento, ese momento de relax que llevas pensando toda la semana. Una buena cena, una peli de Netflix y ¡a relajarse! Pero… una y otra vez, te das cuenta de que esto no sucede exactamente así, más bien, la cena se queda fría -o en el mejor de los casos te la has comido a una mano- mientras sigues decidiendo qué ver en Netflix.

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mindful eating

El Mindful Eating (Me), (o en español “comer consciente”) nos permite llevar nuestra atención plena a la nutrición para aprender a escuchar nuestras emociones y nuestra sensaciones corporales. El ME se define como la toma de conciencia en el momento de comer, tanto de las señales físicas de hambre y saciedad como de los desencadenantes ambientales y emocionales y así poder ser capaces de alimentarnos de forma más saludable.

El Mindful Eating (ME): Comer consciente

El papel del Mindful Eeating en distintas variables está relacionado con la conducta alimentaria, el Índice de Masa Corporal (IMC), la sintomatología alimentaria (p.ej., atracones) y con los estilos de ingesta disfuncionales (p.ej., comer en respuesta a señales externas, como el olor o la apariencia de los alimentos, independientemente de las señales internas de hambre y saciedad).

Algunos estudios han señalado que el Mindful Eating se relaciona con el consumo de alimentos que es impulsado por señales apropiadas, tales como reconocer y responder ante las señales de saciedad. Así pues, el ME implica altos niveles de conciencia en la conducta de comer, además de ser consciente de las señales externas para comer, y prestar atención a las respuestas emocionales disminuidas hacia la comida.

Pasos básicos para llevar acabo el ME

Existen tres pasos básicos importantes para llevar a cabo el ME: 

1) Percibir todas las sensaciones, olores y texturas de la comida mientras se está comiendo;

 2) Reconocer  hábitos repetitivos, tales como comer mientras se hacen diversas tareas y comer en modo automático sin ser consciente;

3) Ser consciente de los disparadores que inician y finalizan el acto de comer.

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Mindful Eating

El ME se ha relacionado con una ingesta más sana, además también influye en la selección de alimentos menos calóricos y la disminución de la sensación de hambre, entre otros. Así pues, desde estudios experimentales, se ha observado que el ME se asocia con una alimentación menos impulsiva y con la elección de tentempiés más saludables (Jordan, Wang, Donatoni, y Meier, 2014).

Trastornos alimentarios y ME

Cabe resaltar la importancia del ME en la sintomatología alimentaria (p.ej., atracones, comportamientos compensatorios, etc.), ya que el ME se asocia con reducciones en dicha sintomatología, y que las personas con tendencia a practicar ME tienen menos probabilidad de padecerla. 

La forma de comer contrapuesta al ME es el mindless eating (o en español “comer automático”). Esto puede terminar en un consumo excesivo de alimentos pobres en nutrientes y en calorías, y en una alimentación disfuncional, que puede ocasionar problemas de salud mental y aumento de peso a largo plazo.

ME como estrategia terapéutica

Así pues, el ME se podría incluir como una estrategia terapéutica para reducir la sintomatología alimentaria, y/o para reducir la ingesta de alimentos hipercalóricos o atracones en personas con sobrepeso, con el objetivo de prestar atención a las señales de hambre y saciedad, en lugar de a estímulos externos. De esta manera, se podrían modificar muchos comportamientos alimentarios negativos (p.ej., atracones, comportamientos restrictivos de alimentación, etc.), previniendo en consecuencia, el sobrepeso y la obesidad (Godsey, 2013).

Conclusión

a) A mayor capacidad de detectar señales de hambre y saciedad (p.ej., reconocer cuando se come y no se tiene hambre), menor tendencia a comer por la mera presencia de estímulos externos. 

b) Aumentar el ME se asocia con reducciones en los síntomas de trastornos alimentarios

En conclusión, la eficacia de incrementar el ME, a través de una intervención en una persona con un patrón de alimentación compulsiva con trastornos por atracón por ejemplo, tiene un impacto positivo, practicarlo ofrece la capacidad para detectar las señales de hambre y saciedad y prevenir sintomatología alimentaria.

En concreto prestar más atención a las señales del cuerpo, conlleva beneficios  para la salud tanto física como mental y crea hábitos de alimentación más saludables en el día a día.

Referencias

Jordan, C.H., Wang, W., Donatoni, L.,y Meiet, B.P. (2014). Mindful eating: Trait and state mindfulness predict healthier eating behavior. Personality and Individual Differences.

Godsey, J. (2013). The role of Mindfulness based interventions in the treatment of obesity and eating disorders: an integrative review. Complement therapies in medicine.

simulacion

La simulación en psicología jurídica es una situación que se puede dar a lo largo de un proceso judicial. El entorno cercano de los pacientes ha podido sentirse alguna vez culpables o angustiados por no encontrar un diagnóstico o una solución a un problema que un paciente asegura padece. La simulación significa representar algo, fingiendo o imitando lo que no es, pero esto no es fácil de detectar sin ayuda profesional cualificada.

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fatiga por compasión

La fatiga por compasión es un término que comenzó a ser usado en la década de los 90, después de que el psicólogo Charles Figley observara una serie de síntomas que se daban en común entre los profesionales de salud. Algunos de éstos eran: miedo, culpa por no poder ayudar o salvar a los pacientes, ansiedad, estrés, desesperanza, desinterés, falta de atención o anhedonia. Además, también se daban síntomas somáticos como agotamiento, falta de energía, insomnio o dolor.

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vicente segui psicologo terapia online skype

¿Qué es?

En la terapia online -tan efectiva como la presencial- se produce el mismo contacto real entre el cliente y el terapeuta, solo que en un espacio virtual. A pesar de que cada día está más implantada, es cierto que a día de hoy todavía existen reticencias para muchas personas cuando se trata de esta modalidad de terapia. Para Muchas personas y terapeutas la utilizan tanto de forma aislada como complementándola a la terapia presencial.

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vicente segui psicologo denia autocuidado

“Primero van todos y después yo” ¿Te suena? El autocuidado es considerado por la OMS como “la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover, prevenir y mantener mantener la salud frente a las enfermedades y discapacidades con o sin el apoyo de un proveedor de atención médica”.

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Tras el boom y #pandemia del #coronavirus, y teniendo en cuenta la circunstancia actual que estamos viviendo, el incremento de psicólogos/as o terapeutas como falsos psicólogos y falsos terapeutas ofreciendo sus servicios de terapia online a través de las redes sociales ha experimentado un aumento exponencial.

Es por ello que desde la División de Psicoterapia del Consejo General de la Psicología y la Comisión del Ejercicio Privado Defensa de la Profesión y el Intrusismo Profesional informa:, recibo la siguiente circular que paso a reproducir para transmitir a los ciudadanos  una información adecuada que les permita asegurarse de que el profesional que seleccionen  y  les atienda en la modalidad online, cumpla con los requisitos éticos y profesionales requeridos para el ejercicio de la profesión de psicólogo.

Cómo elegir un psicólogo online on-line cualificado

Siempre será preferible que el/la profesional que atienda on-line haya visto a su cliente/paciente previamente en la consulta, pero entendemos que eso no siempre será posible. En caso de tener un primer contacto telemático recomendamos:

1.-Asegurarse de que es un profesional de la Psicología, habilitado para ejercer la profesión sanitaria. Para ello podemos pedirle su número de colegiación, que puede comprobarse en la página web del Colegio Profesional de Psicólogos de la Comunidad Autónoma a la que pertenezca.

2.-Comprobar que su lugar de consulta es un centro sanitario acreditado por la Consejería de Sanidad de su Comunidad Autónoma. El profesional puede mostrar el permiso de habilitación de centro sanitario.

3.-Infórmese del tipo de enfoque que practica el/la psicólogo/a.  En el ejercicio de la psicoterapia existen diversos modelos psicoterapéuticos, algunos enfoques no tienen la suficiente evidencia y han sido catalogados por el Ministerio de Sanidad como pseudoterapias en su Plan de protección de la Salud frente a las Pseudociencias.

4.-Conviene que el enfoque disponga de pruebas científicas que acrediten su efectividad.

5.-Conviene que el/la profesional comunique al paciente que la plataforma con la que trabaja cumple con los requisitos legales, como son la certificación de Seguridad Informática, y la certificación de la ley Orgánica de Protección de datos y Garantía de Derechos Digitales, LOPDGDD.

6.-Obtener garantías de que durante la aplicación del tratamiento existirá una evaluación continua del mismo, una formulación del problema adaptado a las características del cliente y, eventualmente, una indicación del tratamiento a seguir, obedeciendo a criterios diagnósticos formales, y con procedimientos adaptados.

7.-El/la paciente debe sentirse con la confianza y seguridad con su psicólogo/a como para preguntar cualquier duda que pueda tener respecto al tipo de intervención.

8.-Los/as profesionales de la Psicología, cuentan con un Código Deontológico de conductas al que deben atenerse y cumplir en el desarrollo de su profesión, entre las más importantes, el de la confidencialidad entre ellos y sus pacientes.

9.-De acuerdo a la RGPD, aunque el tratamiento de psicoterapia sea online, el/la paciente y el /la terapeuta debe cumplimentar un documento del cumplimiento de la Protección de Datos.

10.-Informarse que sean expertos y con formación en psicoterapia.

Los profesionales de la Psicología que ejercemos en el ámbito privado, estamos expuestos nosotros mismos a una situación de incertidumbre no sólo por el posible contagio del COVID-19, también por la incertidumbre laboral que se nos ha presentado al no poder mantener los niveles de trabajo que estábamos realizando habitualmente.

Como expertos en la resolución de problemas que somos, la primera medida que nos conviene adoptar es generar alternativas a las situaciones que nos preocupan.

La alternativa a la terapia presencial: terapia por videoconferencia

La realidad de estas opciones es que no todos los pacientes/clientes van a querer o poder aceptar este sistema de intervención. En algunos casos requiere de cierta habilidad del terapeuta para animar a probar estos sistemas y darles la opción de continuar o no en base a su experiencia. Plantear esto preferiblemente por teléfono. Así pues, los profesionales tenemos una serie de deberes que debemos cumplir cuando se trata de realizar esta modalidad de intervención:

  • La intervención telefónica debe ser acordada en tiempo, al igual que la intervención online o presencial. También conviene informar de la tarifa económica.
  • No usar sistemas de telecomunicación públicos, asegurarse de que estén encriptados.
  • Si el sistema informático del profesional no está en condiciones, informar al paciente con tiempo y posponer la sesión.

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  • Tener el teléfono a mano a la vez que se desarrolla la sesión, con el fin de no perder el contacto en aquellos momentos que pudiera fallar la conexión.
  • Recordar a las personas que van a recibir nuestra atención, la importancia de estar a solas y en comodidad en el espacio donde se va a realizar la intervención online.
  • Aquellas personas que tengan hijos pequeños orientarles a elegir momentos que no estén sujetos a interrupciones.
  • Las plataformas deben guardar los requisitos de seguridad y estar sujetos a la Ley Orgánica de Protección de Datos y garantía de Derechos Digitales (LOPDGDD) es importante que sea fácil el uso para el paciente, o que personas cercanas de su familia puedan prepararles los dispositivos electrónicos para estar en condiciones de iniciar la sesión.
  • Igualmente, a pesar de la modalidad, firmar un compromiso de confidencialidad.
  • Tener localizados números de urgencias u otros servicios sanitarios que el paciente nos debe proporcionar si no estuviera en la localidad donde el terapeuta realiza la intervención. Si se diera en la misma localidad los podemos localizar nosotros mismos, con el fin de no alarmar. Esta medida se debe adoptar sobre todo con población más vulnerable.
  • Si se trata de pacientes nuevos, dar a conocer nuestro número de colegiado, así como el colegio profesional al que se pertenece.
  • El resto de los pacientes que no aceptan ninguna intervención durante la cuarentena, dejarles bien claro que pueden entrar en contacto en cualquier momento, y con los que dicen posponer, acordar ya una posible cita en un periodo próximo.

División de Psicoterapia
Consejo General de la Psicología de España

Comisión del Ejercicio Privado, del Intrusismo y Defensa de la Profesión
Consejo General de la Psicología de España

Recuerda que cuidar tu salud mental es fundamental para tu bienestar, ya sea presencial u online. Aquí, algunos motivos.

la esperanza tambien cuenta

A continuación, os dejo la transcripción de parte de mi intervención en Radio Dénia Cadena Ser el 25 de marzo de 2020 sobre la esperanza.

Esta entrevista fue un poco especial, nos hallábamos ante las puertas de la primera quincena de confinamiento en casa debido a la pandemia del coronavirus y decidí (o percibí) que esta vez tenía que ser algo diferente. Quise que fuese un mensaje sencillo y cálido que, sin tecnicismos, cualquier persona pudiera entender. Un mensaje de esperanza.

Y es que a veces, en psicología, hay que transmitir el mensaje de la manera más humana posible.

La esperanza y tú , querido oyente:

La semana pasada estuve hablándote acerca de qué pautas y consejos podías seguir durante el confinamiento para poder adaptarte mejor, me pareció que en ese momento era lo más adecuado.

Hoy, a 25 de marzo, tras casi 13 días, sabes… no voy a darte más pautas… Y no lo voy a hacer porque creo que en este momento no es lo que necesitamos, no lo percibo así. Sinceramente creo que no son consejos lo que más necesitamos ahora mismo.

Tú, y otras muchas personas como tú, me preguntáis sobre como sentiros mejor, si ya estáis haciendo todo lo que os recomendé la semana pasada.

Querido compañero, en estos momentos no hay mucho más que podamos hacer, y es normal que sientas agobio, incertidumbre e incluso miedo, pero ¿sabes? Estoy seguro de que podremos sacarlo. Es una situación complicada, sí, pero desde luego NO es el final.

Sé que mis palabras ahora te resultarán difíciles de entender, pero también sé, que pasado un tiempo, cobrarán significado para ti.

Querido compañero/a de viaje, quiero decirte que no estás solo, sino que estamos unidos, todos,  juntos en esto. Tengamos esperanza.

Quizás nos encontramos en un tiempo de recogimiento, de dolor, de estar con uno mismo. Quizás es tiempo de empezar a ser amable contigo mismo, a tolerarte y comprenderte en tus malos momentos, tal y como haces siempre con los demás.

¿Y los demás? Sí, los demás también. Te decía que es un tiempo de estar con uno mismo, pero también es tiempo de estar con los demás, con los nuestros -y los no que no lo son tanto-, tiempo de ayudarnos, dejar de un lado las diferencias y colaborar para hacer frente a las dificultades que nos unen.

Con un gesto, con una palabra, con una mirada, con ese SENTIR en la distancia.

Por eso, para finalizar, solo quiero decirte que si quieres, juntos, podemos acompañarnos.

Si quieres escuchar la intervención completa en Radio Dénia Cadena Ser 25/03 o pincha AQUÍ

coronavirus confinamiento en casa

El brote de coronavirus ha sido declarado ya pandemia. Y con ello, el gobierno de España ha declarado el estado de alerta, lo que conlleva -entre otras- las recomendaciones e obligaciones de permanecer en casa. Esta nueva condición es algo que a nivel psicológico puede llevar a síntomas desagradables. En el presente post, desde Vicente Seguí – Psicología queremos aportar nuestro granito de arena para ayudar a sobrellevar esta situación con algunas claves psicológicas y conductuales, así como diferentes recursos (procedentes de fuentes oficiales que pueden ser consultados a través de los enlaces insertados en el texto) que pueden ayudarte a sobrellevar este confinamiento temporal.

Antes de empezar con las pautas, es importante transmitir información desde fuentes oficiales sobre cómo se transmite el coronavirus y donde podemos acudir en caso de duda.

¿Cómo se transmite el coronavirus?

La transmisión se produce por contacto estrecho con las secreciones respiratorias que se generan con la tos o estornudo de las personas enfermas.

Estas secreciones pueden infectar a otra persona si entrasen en contacto con su nariz, ojos y/o boca.

Es poco probable la transmisión por el aire a distancias superiores a uno o dos metros.

¿Dónde informarnos?

Ante cualquier duda, el gobierno ha puesto a nuestra disposición un teléfono gratuito: 900 300 555.

Si has viajado a poblaciones de riesgo últimamente: China, Corea del Sur, Irán, Japón, Singapur o Norte de Italia deberías llamar de inmediato.

Si notamos síntomas: quedarnos en casa, evitar contacto con otras personas y llamar al 900 300 555

Recomendaciones a nivel general:

  • Acudir SIEMPRE a fuentes oficiales
  • Lavarse frecuentemente las manos
  • Al toser o estornudar, cubrirse la boca, nariz con el codo flexionado
  • Evitar tocarse la nariz u ojos, ya que las manos facilitan la transmisión
  • Usar pañuelos desechables siempre que se disponga de ellos
  • Si se presentan síntomas respiratorios, evitar el contacto con otras personas

recomendaciones coronavirus
Recomendaciones oficiales sobre el coronavirus.

¿Qué efectos psicológicos puede tener el confinamiento?

  • Limitación significativa de las actividades vitales.
  • Generación de estrés por confinamiento.
  • Aumento del aburrimiento.
  • Sensación de claustrofobia.
  • Malestar psicológico general.

¿Cómo combatirlo?

A continuación, unas cuantas pautas cognitivo/conductuales. Se trata básicamente de llevar un estilo de vida lo más similar posible al que tendríamos en circunstancias normales, limitado claro está por los condicionantes actuales. De hecho, podemos incluso recuperar viejas costumbres y aprovechar para hacer cosas que hace mucho no teníamos tiempo para dedicarnos a ellas.

A nivel psicológico individual:

  • Aceptación de lo que está sucediendo. Date tiempo para elaborar y digerir la gravedad de lo que está sucediendo, necesitamos a veces un período para poder adaptarnos a la nueva situación, hazlo sin urgencias.
  • Hablar con amigos y seres queridos.
  • Tener en cuenta el autocuidado: higiene personal, vestimenta…
  • Realizar actividades de relajación
    1. Ejercicios de visualización o imaginación de imágenes agradables.
    2. Simplemente, podemos sentarnos a mirar por la ventana siendo conscientes y observando detalles.
  • Recordar que son medidas temporales.
  • Hacer un planning horario y de distribución de tareas a lo largo de los días.
  • Alternar ocio con actividades. Nos ayudará a llevar el día a día.

Uso de información para evitar la paranoia y/o el pánico:

  • Acudir SOLO a canales oficiales: web ministerio, telediarios oficiales.
  • Evitar la sobreinformación (no consumir informativos ni otro tipo de programas de manera indiscriminada).
  • Planificación de comidas/compras para un uso racional de los recursos.

Uso de nuevas tecnologías:

  • Jugar a videojuegos de manera limitada y controlada.
  • Limitar y controlar el tiempo de uso de redes sociales. Tener un horario de consumo de redes sociales (son grandes transmisoras del contagio emocional), evitar el hashtag #coronavirus #covid-19
  • Restringir temporalmente el acceso a perfiles de profesionales sanitarios (ej. Psicólogos). Elegir uno y restringir el consumo de otros de manera temporal, a fin de minimizar la “obsesión por información”.
  • Utilizar los programas de videollamadas o llamadas de voz. Debido al estado de alerta, se ha reducido el contacto humano, en la medida de lo posible utilizar los medios que más nos acerquen a él. Llamadas de voz y/o videoconferencia, tanto en pareja como en grupo son una buena alternativa.

colegiado psicología

Respecto a los niños:

  • Explicarles con naturalidad la naturaleza de los hechos, sin dramatizar pero sin minimizar. Desde el colegio oficial de psicólogos de Madrid, se ha creado un cuento para ayudar a los padres a explicar a los más pequeños qué está sucediendo.
  • Explicarles los síntomas.
  • Recordarles cuáles son las medidas de protección.
  • Aprovechar para compartir tiempo con los más pequeños de la casa, tan necesario y tan poco disponible en el día a día, atendiéndoles y disfrutando de su compañía.
  • Realizar un horario de actividades implicándoles, lo más parecido a la vida normal, pero en casa (hacer deberes, repasar, almuerzo, descanso, ocio, ducha, preparar las comidas, juegos de mesa).

que le digo a los niños del coronavirus

¿Qué otras cosas podemos tener en cuenta?

A pesar de las recomendaciones anteriores, también hay otras actividades que podemos realizar:

  • Búsqueda de actividades gratificantes:
    • Lectura de libros pendientes
    • Visionado de series o películas (pendientes o deseadas)
    • Jugar a juegos de mesa/puzles
    • Realizar actividades pendientes en el hogar
    • Tomar el sol (si se dispone de terraza)
    • Pasear mascotas
  • Realizar ejercicio físico:
    • Es el momento de probar todos esos videotutoriales de ejercicio
    • Videojuegos de fitness
    • Hablar con tu entrenador personal y seguir sus recomendaciones
  • Cocinar:
    • Muy importante mantener un estilo de alimentación saludable
    • Aprovechar para cocinar postres o platos
  • Hogar:
    • Reordenar el hogar
    • Limpieza a fondo

Desde Vicente Seguí – Psicología esperamos que las anteriores recomendaciones te sean de ayuda y que el paso de esta pandemia deje las menores consecuencias y secuelas posibles tanto en ti como en tus seres queridos.

ansiedad social ii vicente segui psicologo

En el anterior post estuvimos hablando acerca de la ansiedad social como patología. Sin embargo, es frecuente que se confunda -y asocie- esta patología psicológica con los conceptos de timidez e introversión, por lo que vamos a intentar clarificar cuáles son las diferencias entre estos tres conceptos: ansiedad social, introversión y timidez.

Hoy en día se nos hace creer que lo correcto es la extraversión.

Un ejemplo sería el hecho de que ir a una fiesta con música alta y rodeado de personas está mejor visto que quedarse en casa leyendo un libro. Esta segunda situación suele ir asociada a un individuo tímido, antisocial e incluso “bicho raro”. En cambio, la persona que disfruta el hecho de estar de fiesta y rodeada de más gente se relaciona más fácilmente con el éxito, tener más amigos (popularidad), ser más comunicativa y también más persuasiva.

Y lo cierto es que estas creencias -sociales e individuales- pueden generar una carga añadida a las personas con características más introvertidas, haciéndoles creer que sus conductas reservadas no son lo correcto y provocando que sientan la necesidad de forzarse a ser alguien que realmente no son.

¿Qué es la introversión?

La introversión es un rasgo de personalidad que incluye la tendencia a orientarse hacia el interior.  No se trata de un problema ni una patología. Las personas introvertidas pueden parecer distantes, son menos propensas a buscar nuevas experiencias y tienden a tener restringida su expresión emocional, lo que hace que parezcan deprimidas o infelices.

Los introvertidos no suelen disfrutar en compañía de grupos grandes y prefieren pasar tiempo solos o en grupos pequeños.

Debemos tener claro que la introversión no es un problema ni una patología.

Frecuentemente los introvertidos tienen buenas habilidades de escucha y suelen tener cuidado para procesar y producir mensajes, por lo que pueden ser excelentes comunicadores.

Rasgos de personalidad: introversión vs extraversión

Carl  Jung  fue  el  primer  autor  en  trabajar  con  los  conceptos  introversión  y  extraversión.  Jung habla de dos tipos de actitudes que definen a la persona:  aquella cuyos intereses están enfocados hacia afuera y la esfera de lo social, y aquellos orientados hacia el ámbito de lo privado.

Según Jung, la principal diferencia entre un extrovertido y un introvertido es su manera de “cargar las pilas” o en otras palabras, de conseguir la estimulación que necesitan para sentirse bien. Es decir, por un lado, el extravertido se “carga” en ambientes sociales mientras que, por otro, la persona introvertida genera su propia energía con estimulación interna, con lo cual ambientes muy enérgicos le saturan y le acaban agotando. Una persona introvertida puede estar cómoda hablando en público y más si está tratando un tema que cree que domina.

La persona extrovertida tiende a buscar situaciones en las que haya mucha gente, música alta, o sensaciones extremas. No será raro encontrar a esta gente como el centro de atención de un grupo, rodeado de amigos o encima de un escenario.

Por otro lado, otro influyente autor, Eysenck hablaba  sobre  la  personalidad  fijándose  especialmente  en  las  bases  biológicas  y  genéticas; plantea la relación introversión-extraversión como una dimensión del temperamento  presente en todas las personas y que está definida desde la fisiología por niveles de excitación  e inhibición. Según su teoría, el introvertido vive en un permanente estado de excitación o “nerviosismo”, y por eso los estímulos que experimenta dejan una mayor huella psicológica en él, mientras que las personas extrovertidas tienen “asignado” un estado de relativa inhibición crónica de la actividad cerebral, y su reacción ante los estímulos es menor.

Aunque la timidez y la introversión puedan parecer lo mismo, la timidez hace referencia más bien a un estado de ánimo que puede ser explicado como una conducta aprendida al estimar que la relación con los demás puede tener consecuencias negativas, mientras que la introversión es una disposición biológica que va mucho más allá de nuestras relaciones con los demás.  A pesar de esto, aún es motivo de investigación si los patrones de excitación cerebral se deben sólo a la carga genética.

Una persona introvertida puede estar cómoda hablando en público y más si está tratando un  tema que cree que domina.

Ventajas de la introversión

Sin embargo, no todo son complicaciones ni desventajas, como hemos ido viendo, ser una persona introvertida va asociado a una serie de características que pueden resultar muy ventajosas y adaptativas para la persona. A saber:

  • Buenas habilidades comunicativas.
  • Buenas habilidades de escucha.
  • Buena capacidad imaginativa.
  • Gran capacidad para la introspección.
  • Temperamento tranquilo y reflexivo.

¿Qué hay de la timidez?

La timidez no se considera un trastorno patológico (aunque comparte rasgos con la fobia social).

Es necesario, por lo tanto, ser capaces de diferenciar lo patológico de lo normativo. La principal diferencia con la ansiedad social es que la persona que únicamente es tímida sí que es capaz de exponerse a situaciones sociales (aunque esto le resulte incómodo) sin necesidad de recurrir al alcohol o las drogas, es decir, con sus propios recursos. En otras palabras, son capaces de enfrentarse a sus sentimientos de malestar durante el proceso.

Otra diferencia a tener en cuenta es la generalización de los síntomas que puede ocurrir cuando hablamos de ansiedad social.

Una persona tímida podrá disfrutar de ciertos tipos de relaciones sociales, mientras que una persona que sufra de fobia social sentirá malestar en casi todas aquellas situaciones en las que esté expuesta a la crítica de otros.

El DSM-V define la timidez normal como “La timidez (esto es, la reticencia social) es un rasgo de la personalidad común y no es patológico en sí mismo. En algunas sociedades, la timidez incluso se evalúa de forma positiva”.

También podemos encontrarnos con muchas personas extravertidas que sean a la vez tímidas, por lo que tampoco podemos identificar la introversión con este patrón de comportamiento.

Una persona tímida podrá disfrutar de ciertos tipos de relaciones sociales, mientras que una persona que sufra de fobia social sentirá malestar en casi todas aquellas situaciones en las que está expuesta a la crítica de otros.

Post escrito en colaboración con los estudiantes de prácticas María Pous Montoya y Jordi Araque Cantó

ansiedad social vicente segui

Noto que me sudan las manos cuando estoy en público. Me pongo nervioso al hablar. Me gustaría dirigirme a esa persona, pero tengo miedo de que piense mal de mi…

¿Te ha ocurrido alguna vez?

El trastorno de ansiedad social no es ninguna fobia rara, más bien es un tipo común de trastorno de ansiedad. Las personas con este trastorno tienen síntomas de ansiedad o miedo en ciertas o todas las situaciones sociales que tratan de hacer cosas sencillas frente a otras personas. Comer o beber delante de otros, usar un baño público, les puede causar ansiedad o temor, ya que tienen miedo de ser humilladas, juzgadas y rechazadas.

Sin embargo, como en muchas ocasiones, cuando hablamos de ansiedad, existe la parte de la autovaloración percibida negativa, es decir, como creemos que somos. En estos casos tendemos a valorarnos de manera negativa.

Una característica esencial del trastorno de ansiedad social, es un marcado e intenso miedo o ansiedad a las situaciones sociales en la que el individuo puede ser analizado por los demás.

El temor que tienen las personas con este trastorno en situaciones sociales es tan fuerte que piensan que controlarlo está más allá de su capacidad.

En los peores casos, el temor se interpone con su capacidad para ir al trabajo, asistir a la escuela o hacer cosas cotidianas, evitar determinadas situaciones puede convertirse entonces en una estrategia efectiva a corto plazo, pero dañina a largo plazo puede ser:

  1. generalizada (p. ej., rechazo a ir a fiestas, a la escuela)
  2. sutil (p. ej., preparar demasiadas veces el texto de un discurso, desviar la atención a los demás para limitar el contacto visual).

Estas valoraciones o ideas negativas sobre nosotros mismos generan sufrimiento, disminuyen la autoestima y cambian el autoconcepto, por lo que es importante trabajarlas e intentar modificarlas.

Algunas consecuencias de estas ideas pueden ser los siguientes síntomas o conductas observables:

  • Evitar los lugares donde hay otras personas.
  • Tener náuseas o malestar estomacal.
  • Mostrar una postura corporal rígida, poco contacto visual o hablar con una voz sumamente baja.
  • Ser demasiado conscientes de uno mismo frente a otras personas y sentirse avergonzado y/o torpe.
  • Enrojecerse, sudar, temblar, o sentir que el corazón late muy rápido o que la mente “se pone en blanco”.
  • Tener mucho miedo de que otras personas nos juzguen.
  • Sentirse asustado o incomodado al estar con otras personas, especialmente si son desconocidas o semi-desconocidas, teniendo dificultades para hablar con ellas por más que uno mismo quiera hacerlo.

Evitar determinadas situaciones puede convertirse entonces en una estrategia efectiva a corto plazo, pero dañina a largo plazo: puede ser generalizada (p. ej., rechazo a ir a fiestas, a la escuela) o sutil (p. ej., preparar demasiadas veces el texto de un discurso, desviar la atención a los demás para limitar el contacto visual).

Existen varias situaciones comunes en las cuales podemos detectar que tenemos dificultades -de manera significativa- y que pueden estar dándonos “pistas” sobre si podemos estar padeciendo ansiedad social, como por ejemplo:

  • Hablar en público
  • Charla informal/reuniones
  • Acudir a fiestas
  • Mantener una conversación
  • Iniciar una conversación
  • Comer/beber en público
  • Escribir en público
  • Utilizar un lavabo público

¿Significa necesariamente que sentir una dificultad  sea que estamos padeciendo un trastorno de ansiedad social?.

El DSM-V o manual de diagnósticos estadísticos de los trastornos mentales, nos propone los siguientes criterios:
  1. El miedo, la ansiedad o la evitación son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.
  2. El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses.
  3. El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
  4. El miedo, la ansiedad o la evitación no se pueden atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica.
  5. El miedo, la ansiedad o la evitación no se explican mejor por los síntomas de otro trastorno mental, como el trastorno de pánico, el trastorno dismórfico corporal o un trastorno del espectro autista.
  6. Si existe otra enfermedad (p. ej., enfermedad de Parkinson, obesidad, desfiguración debida a quemaduras o lesiones), el miedo, la ansiedad o la evitación deben estar claramente no relacionados con ésta o ser excesivos.

Una característica esencial del trastorno de ansiedad social es un marcado o intenso miedo o ansiedad a las situaciones sociales en las que el individuo puede ser analizado por los demás.

¿Cómo superar la ansiedad social?

El TAS suele presentar una buena respuesta a la terapia cognitivo-conductual (TCC). Es fundamental que los mismos sean llevados a cabo por personal altamente entrenado, profesionales de la psicología (la ansiedad social, no puede ni debe ser tratada por profesionales del ámbito del coaching si éstos no poseen la titulación oficial en psicología).

En adolescentes, el tratamiento puede requerir la implicación de los padres en terapia para ayudarle a superar el trastorno, aunque no siempre es necesario.

En algunos casos está indicado incluir adicionalmente un tratamiento psicofarmacológico, ya que éste puede contribuir a lograr respuestas en casos resistentes a la TCC.

Comorbilidad

Otros trastornos con los que puede cursar la ansiedad social son:

  • Agorafobia
  • Trastorno de pánico
  • Trastorno de ansiedad generalizada
  • Trastorno de ansiedad por separación
  • Mutismo selectivo
  • Trastorno depresivo mayor
  • Trastorno dismórfico corporal
  • Trastorno delirante
  • Trastorno del espectro autista
  • Trastornos de la personalidad
El trastorno de la ansiedad social puede cursar también con timidez e introversión, pero ninguno de estos conceptos son trastornos.
necesito ir al psicologo i

“Necesito ir al psicólogo”. Si alguna vez has tenido la duda, si tienes un problema y no sabes si necesitas realmente acudir al psicólogo, esta triple entrada te ayudará a clarificar tu situación. A pesar de que en los últimos años se ha avanzado mucho contra el estigma y los prejuicios que pesan sobre la terapia psicológica, todavía queda mucho por hacer.

A día de hoy en nuestra sociedad, todavía no es tan natural ir al psicólogo como lo puede ser ir al nutricionista, dentista o al fisioterapeuta. En el modelo de sociedad actual, la extrema competitividad en la que nos hallamos inmersos, la negación del fracaso o del error y la repetición constante de la idea de que la felicidad sólo se consigue a través del éxito forman creencias o mitos sociales que pesan sobre nosotros, que nos impiden aceptar con naturalidad nuestro derecho a recibir ayuda cuando nos vemos superados por los problemas. Estas creencias provocan que nos sintamos limitados a pedir ayuda profesional.

A continuación, algunas de las razones más esgrimidas y comunes:

“Ir al psicólogo es para locos”

Nada más lejos de la realidad. A pesar de que los psicólogos, en ciertos ámbitos sí que tratamos con personas que padecen psicopatologías graves, el mero hecho de acudir a un profesional de la psicología no significa que debamos padecer una patología severa, como tampoco nos convierte automáticamente en un “loco”. Simplemente nos convierte en personas que tienen un problema y han tomado la sabia decisión de solucionarlo.

“Yo tengo carrera en la Universidad de la Vida”

Si bien es cierto que las experiencias vitales pueden ayudar mucho a superar dificultades y situaciones problemáticas, no hay que caer en la trampa mental de creer que siempre va a ser suficiente. En ocasiones, sin que uno mismo se de cuenta, empleamos patrones de conducta de afrontamiento (como por ejemplo la evitación permanente del conflicto) de problemas que no son los adecuados, que no sólo no consiguen solucionar el problema, sino que lo cronifican, agravan, y pueden generar o derivar en otros nuevos. El psicólogo puede ayudarte a encontrar nuevas formas de afrontar tus dificultades, dotándote de más riqueza y recursos personales para encontrar nuevas soluciones a viejos problemas.

“Es caro ir al psicólogo”

Supongamos el siguiente ejemplo. Una persona con un problema de ludopatía -adicción al juego- puede gastarse unos 600 o 700€ cada vez que acude al casino para sofocar su impulso. A final de mes (y con el paso de los meses), esta persona podría haber gastado entre 2000 y 3000€ en su adicción, dando lugar esto a que acabase teniendo graves problemas económicos, además de sociales y familiares y de la propia salud mental. Si hubiese acudido a terapia, el psicólogo podría haberle ayudado a controlar su adicción, reducir o eliminar el gasto en juego y mejorar su situación personal, familiar y económica. Por otra parte, hay ciertos “gastos” que no son materiales, pero sí reales, como por ejemplo el deterioro emocional y personal que sufre un ser humano cuando atraviesa una situación problemática que le supera. ¿Porqué no invertir en nuestro bienestar personal a corto, medio y largo plazo?

“Yo no necesito ir al psicólogo…”

En ocasiones, una persona puede encontrarse que el problema no es suyo realmente, sino de alguien ajeno que le provoca estar así ¿Qué podemos hacer entonces? Aquí el psicólogo podría ayudar a que esa persona reenfocase la situación, aprendiese a trabajar la aceptación -que no resignación- y encontrase soluciones y recursos para salir de esta, mejorando su bienestar psíquico y emocional.

“Me da miedo ir al psicólogo”

Acudir a consulta no es siempre algo cómodo, de hecho, se acude a consulta porque existe un problema que nos supera, y necesitamos ayuda. Confrontar nuestros temores en consulta, bajo la supervisión de un profesional titulado, es sin duda una buena manera de superar las barreras y las creencias limitantes que nos imponemos, que nos impiden avanzar. El psicólogo nos guiará a través de este camino que supone la superación y el crecimiento personal.

A pesar de que en los últimos años se ha avanzado mucho contra el estigma y los prejuicios que pesan sobre la terapia psicológica, todavía queda mucho por hacer.

necesito ir al psicologo i

“¿Qué dirán cuando les diga que necesito ir al psicólogo?”

Esta razón es una trampa mental (una contradicción) muy común, plantearnos dejar de estar bien, o de intentar ser felices o simplemente no hacer nada por nosotros por lo que puedan opinar los demás, no nos hará sentirnos mejor, ni más felices, más bien todo lo contrario, sólo conseguiremos que el problema no se solucione, y además se perpetúe.

“Si necesito ir al psicólogo es que he fracasado”

La sensación de fracaso es algo natural, pero también subjetiva. El hecho de acudir a un psicólogo no implica fracaso alguno, más bien implica que la persona está dispuesta a hacer algo para solucionar sus problemas.

…En el próximo post “¿NECESITO IR AL PSICÓLOGO? (II)”: ¿Cuándo debo acudir al psicólogo?

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¿Cómo sé si necesito ir al psicólogo?

La mayoría de las personas, en algún momento de su vida, se han planteado la posibilidad de buscar ayuda profesional para superar sus problemas. Unos terminamos haciéndolo, otros no. ¿Cómo saber cuándo es necesario?

En primer lugar, hay que señalar que no es necesario sufrir un trastorno o patología grave para decir: “necesito ir al psicólogo”. Simplemente basta con que haya un problema que nos supere, que no sepamos cómo resolver o simplemente, se haya cronificado en el tiempo. Para arrojar un poco más de luz, unas definiciones:

Enfermedad mental: Las enfermedades mentales abarcan una amplia variedad de trastornos, cada uno de ellos con características distintas. En líneas generales, se manifiestan como alteraciones en los procesos del razonamiento, el comportamiento, la facultad de reconocer la realidad, las emociones o las relaciones con los demás, consideradas como anormales con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo.

No tienen una única causa, sino que son el resultado de una compleja interacción entre factores biológicos, sociales y psicológicos, y con frecuencia es posible identificar y tratar una causa orgánica subyacente.

necesito ir al psicologo ii
La ansiedad nos hace pasar ratos desagradables.

Problema psicológico: Desde la perspectiva subjetiva o intrapsíquica, el sujeto manifiesta comportamientos (verbales o no verbales) respecto a su situación que tienen que ver con infelicidad, sufrimiento, disgusto, incapacidad para afrontar un problema o encontrar una posible solución. A consecuencia de esto, se producen situaciones como retraimiento social, comportamientos eficaces e incapacitantes, malestar físico y otro tipo de síntomas.

“Necesito ir al psicólogo” es en realidad, una de las mejores cosas que puedes decirte.

Cabe no confundir esta sintomatología con lo que podría ser una situación de reacción normal al estrés, en cuyo caso, el profesional debería ayudarte a valorar la necesidad -o no- de terapia. No es necesario sufrir un trastorno o patología grave para acudir al psicólogo.

En general, podemos tomar los siguientes criterios guía para saber si necesitamos ayuda profesional:

  • Sentimos tristeza, apatía general y falta de ilusión ante la vida.
  • Sentimos que la vida carece de sentido.
  • Somos incapaces de encontrar algo positivo en nuestras vivencias cotidianas.
  • Percibimos que nos sentimos solos o incomprendidos.
  • Sentimos períodos prolongados e incontrolados de ansiedad.
  • Tenemos los nervios a flor de piel, haciendo que reaccionemos de manera extrema cuando la situación no lo requiere.
  • Nuestra mente está ocupada de pensamientos desagradables que nos llevan a sentir malestar o desasosiego.
  • Tenemos comportamientos extraños y/o anormales.
  • Sentimos que hemos perdido el control.
  • Tenemos dificultades para conciliar el sueño o tenemos una calidad de sueño deficiente.
  • Necesitamos una opinión objetiva sobre el estado de nuestra situación.
  • Sentimos que estamos ante una situación límite.

Si te encuentras con algunos de estos síntomas, quizás es el momento de consultar con un profesional de la psicología.

…En el próximo post de ¿NECESITO IR AL PSICÓLOGO? (III): ¿Qué puede hacer el psicólogo por mi?

Bibliografía:
«Enfermedad mental». Wikipedia, la enciclopedia libre, 27 de julio de 2016. https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Enfermedad_mental&oldid=92551880.

control pensamientos negativos

-Control de pensamientos- Imagínate que eres la conductora de un autobús con muchos pasajeros. Es un autobús con una única puerta de entrada, y solo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y además, tienen una apariencia peligrosa.

Imagina que mientras conduces, algunos pasajeros comienzan a amenazarte diciéndote lo que tienes que hacer, dónde tienes que ir, si tienes que girar a la derecha, si ahora más rápido, si luego más despacio, etcétera. Incluso te insultan y desaniman; “¡eres un mal conductora!”, “¡fracasada!”, “nadie te quiere…”

Todo esto te hace sentir muy mal e intentas hacer casi de todo para pedirles que se callen, se vayan al fondo del autobús durante un rato y así puedas conducir tranquilamente.

Algunos días te cansas de sus amenazas e insultos, y quieres echarlos del autobús, pero no puedes, discutes y discutes, te enfrentas y te enfrentas con ellos. Sin darte cuenta, la primera cosa que has hecho es parar, dejar de conducir y por lo tanto, dejar de ir a ninguna parte. Los pasajeros son muy fuertes y resisten, no puedes bajarlos del autobús, así que, resignado, vuelves a tu asiento y conduces por donde ellos te mandan, solamente para aplacarlos y hacer que te dejen en paz un rato.

control pensamientos negativos

Algunos días te cansas de sus amenazas e insultos, y quieres echarlos del autobús, pero no puedes, discutes y discutes, te enfrentas y te enfrentas con ellos.
De este modo, para que no te molesten y para no sentirte mal, empiezas a hacer todo lo que te indican, a dirigir el autobús por donde te dicen, todo para no tener que discutir con ellos…

¡Haces lo que te gritan! cada vez antes, cada vez más rápido, para poder sacarlos del autobús y tener un rato de paz. Muy pronto, casi sin darte cuenta, ellos, los pasajeros, ni siquiera tendrán que decirte por dónde ir ni qué hacer, ya que lo harás tú misma automáticamente, para evitar que éstos se echen encima de ti y te amedrenten.

Empezarás a justificar tus decisiones de modo que casi creerás que ellos ya no están en el autobús, convenciéndote de que estás llevando el autobús por la única dirección posible.

  1. Quizás no te has dado cuenta, pero el poder de los pasajeros se basa en amenazas tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires y te sientas mal”.
  2. Quizás no te hayas dado cuenta de que realmente, eso es lo único que pueden hacer.
  3. Quizás no hayas caído en que estos pasajeros son en realidad tus pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida.

Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros –pensamientos y sentimientos muy negativos-, piensas que pueden hacerte mucho daño, y por eso aceptas el trato y haces lo que te dicen para que te dejen tranquilo y se vayan al final del autobús donde no les puedas ver. Es verdad que intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad has perdido la dirección del autobús o de tu vida, pero ¡ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno, ni deciden dónde parar! No olvides que la conductora eres tú. Que no decidan tus pasajeros por ti.

La Real Academia define metáfora como: “Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión”.

La metáfora en psicología

Las metáforas son ideas, conceptos e incluso imágenes que representan un hecho o idea en forma de fábula o historia, de manera que resulte mucho más comprensible para el espectador.

Muchas veces en consulta, los psicólogos nos enfrentamos a la situación de tener que explicar conceptos -ya sean más o menos concretos- a las personas, con el fin de que estas puedan seguir avanzando en su proceso terapéutico (lo llamamos psicoeducación). Sin embargo, a veces las personas pueden presentar dificultades para comprender tales conceptos, es entonces cuando la metáfora como recurso realiza su papel.

La anterior metáfora “El conductor de autobús” es una metáfora bien conocida dentro de la Terapia de aceptación y compromiso (en inglés ACT). En esta metáfora se trata de explicar el papel que ejercen los pensamientos negativos -o mejor dicho, desadaptativos- sobre los sentimientos, conductas y pensamientos propios. Además, habla también de los efectos que tiene el hecho de intentar controlarlos sin más: “De este modo, para que no te molesten y para no sentirte mal, empiezas a hacer todo lo que te indican, a dirigir el autobús por donde te dicen, todo para no tener que discutir con ellos…”.

¿Controlas tus pensamientos o tus pensamientos te controlan a ti? La clave del des-control

El control de pensamientos es algo de lo que se ha hablado y se habla actualmente en psicología. Es normal que te preocupe tener pensamientos negativos ya que estos te hacen sentir mal. Sin embargo, el problema puede no ser tanto los pensamientos sino el hecho de tener la sensación de falta de control sobre ellos.

El problema puede no ser tanto los pensamientos sino el hecho de tener la sensación de falta de control sobre ellos.

Debemos ser realistas, una no puede sentirse siempre bien. Este tipo de pensamiento hedonista-felicidad-permanente -con el que la sociedad no para de bombardearnos- está fuera de la realidad, ya sea objetiva o subjetiva.

La aceptación de la idea de que una misma puede permitirse tener momentos de desasosiego, de tristeza, de ansiedad e incluso de depresión es clave. Dicho de otra forma, no se trata de intentar huir de las emociones desagradables, sino de aceptarlas tal y como son.

En cierto modo, la clave no es intentar controlar, sino algo distinto, aceptar el des-control.

Pero volvamos a la anterior metáfora, donde también se brindan principios de soluciones: “Quizás no te hayas dado cuenta de que realmente, eso es lo único que pueden hacer”. Una vez más, perder el temor, aceptar que podemos sentirnos mal (a pesar de la aparente paradoja) y no sobreestimar el poder de los pensamientos, puede ayudarnos a sentirnos mejor.

Permitirte estar triste también es una forma de autocuidado y de respeto hacia una misma. No olvides que la conductora eres tú. Que no decidan tus pasajeros por ti.

1 de cada 5 depresión, psicología y sociedad

La pasada semana realicé una publicación sobre una encuesta que trataba la depresión, la enfermedad mental y el sistema nacional de salud. Cual fue mi sorpresa y curiosidad cuando ví por internet -hace años que no veo la tele- que circulaba. Esto nos da pistas sobre el tamaño del tabú del trastorno mental. Se calcula que solo aproximadamente un 20% de las personas que mueren por suicidio dejan una nota, lo cual significa que pueden haber suicidios enmascarados en forma de otro tipo de muertes.

2.500.000 personas sufren actualmente en España un trastorno mental. 42.905 muertes por suicidio registradas entre los años 2000 y 2012. La depresión será en 2030 la principal causa de incapacidad. Un 15% de las personas deprimidas llegan a tener en algún momento conductas o intentos de suicidio. Un 7-8% de éstas mueren por suicidio.

Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), declaró: “Cogiendo bien los datos de los Institutos de Medicina Legal en toda España, quizá se registrarían 1.000 suicidios más cada año”. Esto nos da pistas sobre el tamaño del tabú del trastorno mental. Se calcula que sólo aproximadamente un 20% de las personas que mueren por suicidio dejan una nota, lo cual significa que pueden haber suicidios enmascarados en forma de otro tipo de muertes.
La depresión es un trastorno mental frecuente y una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo,(OMS).
El suicidio es, con mucha diferencia, la principal causa de muerte no natural.

La depresión es un trastorno mental frecuente y una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo. Afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo, con mayor prevalencia en las mujeres que en los hombres (OMS).

En el tratamiento de la depresión se deben tener en cuenta los aspectos psicosociales y se deben determinar los factores que pueden causar estrés, como las dificultades económicas, los problemas en el trabajo y el maltrato físico o psicológico, así como las fuentes de apoyo, como los familiares y amigos. El mantenimiento o la recuperación de las redes y las actividades sociales son también importantes (OMS). Como se puede observar, algo más que tomar medicación.

El estigma de la depresión

La enfermedad mental ha venido marcada a través de la historia por la ignorancia y el miedo, siendo las personas con frecuencia objeto de abandono, exclusión social o persecución (Foucault, 1997). Siglos después el estigma y la discriminación asociados a la enfermedad mental siguen siendo importantes obstáculos para un abordaje normalizado de salud pública.

La vinculación social entre EM y conductas agresivas y su vinculación con el suicidio añaden obstáculos para afrontar un problema de salud pública de primera magnitud. De hecho, el 90% de los suicidios están ligados a uno o varios trastornos mentales, entre los que la depresión es el más frecuente. La ocurrencia de un suicidio marca y estigmatiza una familia, y cuando ocurre en la infancia o la adolescencia las consecuencias se multiplican (Pitman y cols., 2017; World Health Organization, 2017).

¿Quién puede presentar trastornos mentales?

Cualquier persona. Los determinantes de la salud mental y de los trastornos mentales incluyen no solo características individuales tales como la capacidad para gestionar nuestros pensamientos, emociones, comportamientos e interacciones con los demás, sino también factores sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales, como las políticas nacionales, la protección social, el nivel de vida, las condiciones laborales o los apoyos sociales de la comunidad.

Otros factores que pueden causar trastornos mentales son el estrés, la herencia genética, la alimentación, las infecciones perinatales y la exposición a riesgos ambientales.
Los pacientes deben tener acceso a la atención médica y los servicios sociales que les puedan ofrecer el tratamiento que necesitan. Además, es fundamental que reciban apoyo social.

Los trastornos mentales, son una cuestión de todos.

Fuente: INE.

como afrontar la ansiedad y el miedo

Tanto las fobias como las ansiedades, así como la ansiedad social, se resuelven afrontándolas.

No es fácil, pero si se va paso a paso, poco a poco, la mayoría de la gente aprende a lidiar con los temores y ansiedades, e incluso a superarlos.

El doctor Suma Chand, un psicólogo clínico que ayuda a la gente fobias, dice:
“Lo más razonable que le puedo decir a alguien sobre el miedo es esto: todas las emociones cambian. No vas a permanecer en estado de pánico por el resto de tu vida. Persevera, y el temor se disolverá”. El temor y la ansiedad son emociones que pueden atraparte, el doctor Chand dice al respecto:

“Cuanto más lo alimentas, más crece ya que el miedo atrapa a la gente. Te mete en una caja y tu mundo se vuelve más y más pequeño.
Pasado un tiempo, estás evitando la incomodidad del miedo en sí, en lugar de lo que temes. Cuando evitas las cosas que temas te sientes seguro y cómodo, y entonces no te apetece hacer nada que te saque de ese capullo de confort, sin embargo, pagas un alto precio -tu libertad para vivir tu vida como tu realmente la quieres vivir-”.

“Lo más razonable que le puedo decir a alguien sobre el miedo es esto: todas las emociones cambian. No vas a permanecer en estado de pánico por el resto de tu vida. Persevera, y el temor se disolverá”.

como afrontar la ansiedad y el miedo

Una de los pacientes del doctor Chand tuvo exactamente esta experiencia:

“Tuve a una anciana que se cayó y se rompió una cadera, fue muy traumático para ella. Después de que se recuperara, no quería que esta experiencia se repitiese.
Se volvió muy cautelosa y evito andar por ningún lugar en el que hubiese posibilidad de caer. Aunque su miedo fue inicialmente se había traducido en intentos racionales de comportarse con cautela, acabó convirtiéndose en evitación.
La evitación le hacía sentirse segura pero causó que el miedo creciese.
Dejó de ir a la tienda, al centro comercial y a yoga, todas aquellas actividades que ella disfrutaba. Sus interacciones sociales se redujeron y empezó a estar más tiempo en casa, evitando sus actividades favoritas, se volvió extremadamente miedosa a las caídas. Comenzó a sentirse desesperanzada y aislada en su existencia.
Si bien el tratamiento es básicamente enfrentar el miedo, se realiza de manera que no abrume al paciente”.

Al realizar un enfoque progresivo y gradual del miedo, la anciana se sentía menos abrumada al enfrentarlo.Cuando vió que empezaba a tener éxito al afrontar su miedo, fue como si se encendiese un interruptor en ella, y empezó a avanzar cada vez más rápido. Pronto ella estuvo bien, y volvió a realizar sus viejas actividades otra vez”.

El Dr. Chand describe cuándo abordar los temores:
“El tiempo para abordar un miedo es cuando encuentras que te está causando mucha angustia y está afectando tu vida de una manera significativamente negativa. Por ejemplo, muchas personas temen a las serpientes, que por supuesto pueden ser peligrosas, pero no están preocupadas por este miedo y no encuentran que está deteriorando mucho sus vidas. Por otro lado, algunas personas temen a los gatos, que es improbable que les causen mucho daño. Pueden entrar regularmente en pánico por las visitas a las casas de aquellos amigos que tienen gatos, y así comenzar a evitar tales situaciones.

Las fobias sociales son extremadamente comunes y las personas que lo experimentan a menudo se sienten muy ansiosas por todo tipo de situaciones sociales.

Finalmente, el Dr. Chand dice:

“Tuve una paciente que tenía fobia social […]. Le pedí que mirara sus opciones. Si elegía entrar en las situaciones que ella temió en etapas graduales había una posibilidad de que realizase sus sueños. Sin embargo, si optaba por la opción de evitarlos, le garanticé que nada cambiaría.
La buena noticia es que optó por enfrentar sus miedos y desafiar sus pensamientos temerosos.
Hoy está saliendo con alguien y están bien en su camino a una relación a largo plazo”.

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