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Cada enero llega con la sensación de “nuevo comienzo”, y con él aparece la necesidad casi universal de crear propósitos de Año Nuevo, reorganizar la vida y convertirnos en una versión más disciplinada, productiva y equilibrada de nosotros mismos. Sin embargo, esta expectativa también provoca un fenómeno poco visibilizado: la presión de las metas de Año Nuevo. Y esta presión puede impactar directamente en nuestra salud emocional, generando ansiedad, frustración y autoexigencia desmedida.

En este artículo te explico por qué ocurre, qué efectos tiene y cómo establecer metas que impulsen tu bienestar en lugar de agotarte.

¿Por qué las metas de Año Nuevo generan tanta presión?🤯

La tendencia a fijar objetivos en enero no es casual. Desde la psicología sabemos que los seres humanos respondemos intensamente a los hitos temporales. Un inicio de año simboliza oportunidad, renovación y cambio.

El problema surge cuando:

  • las metas nacen de la comparación y no de una necesidad real,
  • las expectativas son irreales,
  • o buscamos cambiar demasiado, demasiado rápido.

Esto activa la autoexigencia, la presión y la sensación de estar obligados a mejorar sí o sí.

El efecto de las metas de Año Nuevo en la salud emocional

Establecer objetivos no es negativo; lo dañino es la narrativa con la que los construimos.
Durante las primeras semanas de enero aparecen tres efectos emocionales frecuentes:

🧠 1. Ansiedad por el “inicio perfecto”

Pasamos rápido de la flexibilidad de las fiestas, a intentar funcionar con una disciplina absoluta.
Ese salto genera estrés, culpa, sensación de descontrol y frustración si no cumplimos desde el día uno.

🔄 2. Comparación constante en redes sociales

En enero el contenido de “cambios radicales” o “mi rutina perfecta de 2026” explota.
Esto alimenta la sensación de que “todos pueden menos yo” y deteriora la autoestima.

🎢 3. Expectativas irreales y abandono temprano

El mito del “nuevo yo” provoca un ritmo insostenible.
La consecuencia: muchas personas abandonan sus metas a las pocas semanas, sintiéndose culpables o inadecuadas.

Cómo establecer metas de Año Nuevo sin dañar tu bienestar emocional🌱

La clave no es evitar los objetivos, sino convertirlos en aliados de tu salud mental. Para ello:

1. Enfócate en procesos, no en resultados

En lugar de “perder 10 kilos”, piensa en:

  • “Mover mi cuerpo de forma saludable tres veces por semana.”

Los procesos se pueden sostener. Los resultados, no siempre.

2. Haz que tus metas sean propias

Pregúntate:
¿Qué necesito yo, y no qué espera el mundo de mi?
Las metas ajenas generan ansiedad; las auténticas generan crecimiento.

3. Acepta la imperfección como parte del proceso

La constancia no es lineal.
Permitir errores evita la frustración y facilita la continuidad.

✔ 4. Practica el autocuidado emocional

Pregúntate:

  • ¿Cómo me quiero sentir este año?
  • ¿Qué necesito para ello?

Las metas pueden salir desde ese punto y no desde el “debería”.

5. Celebra los avances que ya tienes

Enero no es un borrón y cuenta nueva.
Tu vida ya tiene avances, habilidades y logros previos.

Reconocerlos aligera la presión del inicio perfecto. Reconocer logros pasados aligera la presión y fortalece la motivación.

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Enero no tiene que ser una prueba; puede ser un punto de partida amable

Los propósitos son útiles cuando nacen desde la conexión, no desde la exigencia. Cuando se convierten en una oportunidad de crecimiento, no en una prueba de valor personal.

Este año, en lugar de imponerte la obligación de cambiar radicalmente, pregúntate:

“¿Qué puedo cuidar, fortalecer o continuar este año?”🏅

La salud emocional no se encuentra en grandes metas, sino en pequeños hábitos sostenibles que nos acercan, con calma, a una vida más plena.

mi salud también es mental on instagram “#amateatimisma #autoaceptación #autoconocimiento #trabajopersonal #reflexiones #pazinterior #amorpropio #selflove #higienemental…”

🧠Autoestimala relación que tienes contigo mismo

La autoestima es una palabra que escuchamos con frecuencia, pero pocas veces nos detenemos a comprender su verdadero significado. A menudo la asociamos con “tener confianza” o “sentirse bien con uno mismo”, pero en realidad la autoestima es mucho más profunda: implica cómo nos percibimos, cómo nos valoramos y cómo nos tratamos en los distintos momentos de la vida.

Desde la psicología, se considera un componente esencial del bienestar emocional. Una autoestima sana actúa como una base sólida que nos permite afrontar los retos, establecer relaciones equilibradas y mantener una visión realista pero positiva de quiénes somos.

🪞1. ¿Qué es realmente la autoestima?

La autoestima puede entenderse como la evaluación afectiva que hacemos de nosotros mismos. No se trata solo de reconocer nuestras cualidades o limitaciones, sino de aceptarnos de manera incondicional, incluso cuando las cosas no salen como esperamos.

Carl Rogers, uno de los referentes en la psicología humanista, afirmaba que las personas necesitan sentirse valoradas y aceptadas tal como son para poder desarrollarse plenamente. Nathaniel Branden, por su parte, definió la autoestima como la suma de dos componentes: la autoeficacia (creer que somos capaces de afrontar los desafíos de la vida) y la autovalía (sentir que merecemos respeto y felicidad).

Una autoestima saludable no significa pensar que somos perfectos, sino mantener una relación realista, compasiva y respetuosa con nosotros mismos.

⚖️2. Mitos comunes sobre la autoestima


Existen varias ideas erróneas que pueden confundirnos:

  • “La autoestima se construye una vez y ya está.”
    La autoestima es un proceso dinámico. Puede variar según nuestras experiencias, etapas vitales o relaciones. Por eso, requiere atención y cuidado continuos.
  • “Tener autoestima es creerse mejor que los demás.”
    En realidad, la autoestima sana no necesita comparaciones; se basa en el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
  • “Solo las personas exitosas tienen buena autoestima.”
    La autoestima no depende del éxito externo, sino de la percepción interna de valía. Hay personas con grandes logros que se sienten inseguras, y otras con vidas sencillas que se valoran profundamente.

🌱3. Cómo se forma la autoestima

Nuestra autoestima se empieza a construir en la infancia, a partir de las experiencias con nuestras figuras de apego. El modo en que fuimos mirados, escuchados y valorados deja huellas profundas en la forma en que más tarde nos trataremos a nosotros mismos.

Las experiencias de éxito y fracaso, el tipo de mensajes que recibimos (“puedes hacerlo”, “no sirves para eso”…) y el ambiente emocional en el que crecimos contribuyen a moldear nuestro autoconcepto.

Ya en la vida adulta, la autoestima sigue desarrollándose a través del diálogo interno —esa voz con la que nos hablamos por dentro— y de nuestras relaciones. Si cultivamos un trato amable y realista con nosotros mismos, fortalecemos nuestro sentido de valía personal.

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💡4. Cómo fortalecer una autoestima sana


Trabajar la autoestima no significa convencerse de que “todo está bien”, sino aprender a relacionarse con uno mismo de manera más consciente y compasiva. 

Algunas claves psicológicas:

  • Coherencia interna: actuar de acuerdo con lo que pensamos y sentimos refuerza la autoestima, porque nos sentimos auténticos y congruentes.
  • Autoconocimiento: reconocer nuestras fortalezas, limitaciones y valores. Cuanto más nos conocemos, menos dependemos de la aprobación externa.
  • Autocompasión: practicar la amabilidad hacia uno mismo cuando cometemos errores. La psicóloga Kristin Neff ha demostrado que la autocompasión favorece la resiliencia emocional.
  • Evitar comparaciones: cada persona tiene su propio ritmo y contexto. Compararse constantemente solo alimenta la inseguridad.

❤️ En conclusión

La autoestima no es un destino al que se llega, sino un camino que se recorre cada día. No siempre nos sentiremos seguros o satisfechos, y eso está bien: la clave está en aprender a tratarnos con respeto, paciencia y empatía incluso en los momentos difíciles.

Cultivar una autoestima sana es, en definitiva, aprender a ser nuestro propio refugio, a escucharnos sin juicio y a valorarnos por quienes somos, no solo por lo que logramos.

Si percibes que tienes problemas de autoestima, y que necesitas ayuda psicológica, no dudes en contactar conmigo. Estoy contigo. Estoy aquí para escucharte.

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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad, realmente, es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante una posible amenaza o peligro. Es como una alarma interna que se activa (a veces sentimos que con mucha fuerza) cuando percibimos que algo puede salir mal.

Y a pesar de que a menudo se asocia con algo negativo, en realidad la ansiedad es una emoción útil: nos prepara para reaccionar ante situaciones de riesgo o incertidumbre (por ejemplo, para escapar de un peligro o prepararnos para un examen importante).

🔄️¿Cómo funciona la ansiedad?

  1. Percepción de una amenaza
    Algo (real o imaginado) se interpreta como una posible amenaza: un examen, una entrevista, una discusión, o incluso un pensamiento.
  2. Al percibir la amenaza, se activa del sistema nervioso
    El cerebro —especialmente una parte llamada amígdala— envía señales al cuerpo para prepararse y enfrentar ese peligro, sucediéndose una serie de reacciones como:
    • taquicardia (el corazón se acelera)
    • se tensan los músculos
    • se hace más difícil respirar profundamente
    • se produce más sudor
  3. Por lo tanto, se produce la que se conoce como respuesta de lucha o huida (en inglés conocida como“fight or flight”).
  4. Pensamientos ansiosos
    La mente tiene mucho poder en este tipo de situaciones, guiada por el miedo, y empieza a generar pensamientos como:
    • “¿Y si me va mal?”
    • “¿Y si no soy capaz?”
    • “¿Y si pasa algo horrible?”
  5. Estos pensamientos, a su vez, aumentan la ansiedad: y se forma un círculo vicioso.
  6. Conductas de evitación
    Muchas veces, para reducir esa sensación desagradable, evitamos la situación (por ejemplo, no vamos a la entrevista). Esto nos alivia la ansiedad momentáneamente, a corto plazo, pero la mantiene o la empeora a largo plazo…
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⚖️¿Cuándo se vuelve un problema?

La ansiedad se vuelve problemática cuando:

  • Es muy intensa o frecuente
  • Aparece sin una razón clara
  • Interfiere en nuestra vida diaria (trabajo, relaciones, sueño, salud, etc.)

‼️La mayor problemática probablemente es que, hoy en día, la ansiedad aparece más por amenazas imaginarias que reales.

Mientras que nuestro cerebro evolucionó para detectar peligros físicos inmediatos (como un animal salvaje o una pelea), hoy en día vivimos en un mundo mucho más complejo y mental.

👉 Antes:

  • La amenaza era real, visible y presente: un depredador, una guerra, hambre.
  • El cuerpo reaccionaba, resolvía (luchando o huyendo), y la ansiedad bajaba.

👉 Hoy:

  • Las “amenazas” son abstractas, sociales o futuras:
    • ¿Y si pierdo mi trabajo?
    • ¿Y si no gusto?
    • ¿Y si enfermo?
    • ¿Y si todo sale mal mañana?

Estas amenazas no están ocurriendo en este momento, pero nuestro cerebro las percibe como si fueran reales y actuales. Por eso la ansiedad se activa igual que si estuviéramos en peligro.

🌀 Esto genera un problema, de modo que:

  • Vivimos en la mente, anticipando cosas que no han pasado (y en la mayoría de ocasiones, ni pasarán)
  • No hay “acción física” que alivie la ansiedad como antes (no hay nada contra lo que luchar ni de lo que huir)
  • Entonces, la ansiedad se mantiene o se intensifica con pensamientos, preocupaciones, dudas, y evitaciones

🛠️ ¿Cómo podemos aprender a gestionarla? 

No hay una técnica mágica que funcione por igual para todos, ni que sea inmediata. 

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC): Teniendo en cuenta que acabamos de explicar que hoy en día la mayoría de los motivos que generan ansiedad son mentales e imaginarios, ayudar a cambiar los pensamientos y conductas que alimentan la ansiedad es imprescindible. Este tipo de terapia, acudiendo a un profesional, te ayudará también a detectar y cambiar los pensamientos ansiosos, te enseñará técnicas de mindfulness,… además de el resto de técnicas que te expongo a continuación.
  • Respiración y relajación: Calman el sistema nervioso. La respiración diafragmática es una técnica ampliamente utilizada, ya que cuando estás ansioso, tu respiración se vuelve más rápida, superficial y torácica (desde el pecho), lo que refuerza la sensación de alarma. En cambio, si respiras de forma lenta y profunda desde el abdomen, activas el sistema nervioso parasimpático, que calma el cuerpo: le envías al cerebro una señal de que “no hay peligro”, cortas el ciclo de ansiedad física-mental.
  • Ejercicio físico: regula el estrés y mejora el estado de ánimo.
  • Exposición gradual: enfrentarse poco a poco a lo que da miedo, sin evitarlo.
  • En algunos casos, medicación: recetada por un profesional.

Si crees que necesitas ayuda para manejar la ansiedad, no dudes en contactarnos. Te escuchamos

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Teoría sobre la personalidad

Entre otras cosas, el psicólogo Carl Gustav Jung formuló una teoría sobre la personalidad, en la que en dos de sus extremos, podíamos encontrar la introversión y la extraversión.

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Gráfica en cuyos extremos se encuentran la introversión, y la extraversión, dejando ver diferentes grados entre ellos.

Jung decía que el introvertido suele dirigir su energía hacia “dentro”, y el extrovertido hacia “fuera”. Más allá de lo social, para él la introversión y la extraversión no eran más que diferentes maneras que tienen las personas de reaccionar a la estimulación. Y con estimulación se refería a los fenómenos subjetivos como el pensamiento y la imaginación, o con los objetos externos a uno mismo (lo que hay o lo que pasa a nuestro alrededor). Siendo así, cómo te relaciones con ambas cosas determinaría, para él, si eres introvertido, o extrovertido. Explicado a grandes rasgos.

Las personas introvertidas son las que prefieren explorar su propia vida mental, y las extrovertidas se sienten más estimuladas por lo que sucede a su alrededor. Los dos extremos son opuestos; azul y rojo. Aunque por suerte, en nuestra vida todo es mucho más fluido, y según las diferentes circunstancias vitales que estemos atravesando, podemos movernos entre el resto de porcentajes; celeste, verde, amarillo, o naranja.

La sociedad en la introversión y en la extroversión 🤔

Pero si Jung parecía explicar esto simplemente como un modo de interacción humana tanto con nosotros mismos como con nuestro entorno, ¿en qué momento empezó la sociedad a “recriminar” la introversión y a “animar” la extroversión”?

Hoy en día, fácilmente se asignan palabras a la persona introvertida como aburrida, tímida, miedosa, prudente, pensativa, solitaria… 

¿No te parecen calificativos con una connotación más bien negativa?

Mientras tanto… los que suelen rodear a la persona extrovertida son espontánea, divertida, alegre, aventurera, despreocupada, amigable… 

Con una connotación más bien positiva.

Da la sensación de que un introvertido no puede ser ninguno de los adjetivos que califican a las personas extrovertidas,… y también viceversa. 

No pretendo decir, ni mucho menos, que esto sea una realidad universal y que todo el mundo piense así. Pero tal vez, tras leer esto, os resuenen un poco algunos comentarios en la cabeza. Sobre todo si os identificáis más con un rasgo que con otro.

La sociedad y la introversión📖

La sociedad hoy en día parece valorar ciertas cosas como la sociabilidad, la rapidez para hablar, el carisma, la participación constante cuando quizá nos encontramos en un grupo… lo que puede llegar a hacer sentir a la persona introvertida incomprendida, pues ellas tienden más a observar, escuchar y pensar antes de hablar…

Siendo esta su forma de actuar, a veces se peca de interpretar su silencio como desinterés, apatía, frialdad, o incluso en ocasiones con arrogancia, cuando los introvertidos sencillamente pueden estar centrándose en escuchar e integrar toda la información.

Como mencionaba también al principio de este post, tienen un gran interés por su mundo interior, con lo cual suelen tener una gran profundidad emocional, pero acostumbran a ser algo más reservados al exteriorizarla, lo que a menudo nos puede hacer pecar de verlos como personas que son “difíciles de leer” o distantes emocionalmente hablando.

A parte de todo esto, quizá el gran hándicap para ellos es enfrentarse a la probablemente constante presión para socializar. Esto puede agotar a una persona introvertida, pues para ellos es imprescindible recargar su energía en soledad o en interacciones uno a uno o con poquitas personas, aunque a menudo esto tampoco suele respetarse demasiado, pues a veces parece que es extraño ver que una persona puede disfrutar su tiempo en soledad.

La sociedad y la extroversión🎉

No obstante, y a pesar de que en el penúltimo punto a priori parece que la peor parte se la han llevado los introvertidos, los extrovertidos también tienen que enfrentarse a grandes estigmas y prejuicios en cuanto a su forma de ser (a pesar de que la sociedad parezca valorar más la sociabilidad), como por ejemplo:

A menudo a las personas extrovertidas se las puede tachar de invasivas, superficiales o incluso intensas… sobre todo por las personas más reservadas. Cuando en realidad su forma de actuar es guiada más bien desde el entusiasmo y la energía. Esta asociación injusta con la superficialidad parece asociarse directamente con la incapacidad para tener conversaciones profundas o momentos de introspección, algo que en realidad pueden hacer, aunque quizá vaya más ligado con el hacerlo a través de los demás.

Acostumbran a tener una necesidad más alta de hablar e interactuar con los demás. Pueden llegar a pensar en voz alta o incluso a procesar ideas mediante el diálogo, algo que puede ser visto como impulsividad, falta de filtro, o incapacidad de respetar los silencios.

Esta misma necesidad de hablar y socializar a menudo va acompañada de prejuicios como “quieren llamar la atención”, o “no saben estar solos”, cuando de la misma manera que una persona introvertida necesita la soledad para “recargar la pila”, las personas extrovertidas necesitan la estimulación externa para recargar la suya y equilibrarse emocionalmente.

Dicho todo esto, además su comportamiento va más dirigido a proponer planes, conversar con entusiasmo o tratar de animar a los demás, y a veces, si los demás no responden de la misma forma, y además hay algo de prejuicio de por medio, pueden llegar a experimentar una sensación de soledad (incluso rodeados de gente).

Ni comparar, ni diferenciar🫂

No obstante, el objetivo de este post no es hacer mayor la distinción entre unos y otros, como tampoco lo es comparar. Sino intentar hacer un llamamiento a la comprensión desde la breve exposición de que al final todos, seamos como seamos, tenemos nuestras historias, nuestras heridas… , y podemos sentirnos incomprendidos por ciertas cosas.

Siendo esto así, suena bien trabajar el no juzgar, y fomentar la idea de que todos podemos aprender de todos, pues al final no es bueno mantenernos en los extremos. Así que tal vez el introvertido puede aprender grandes cosas del extrovertido, del mismo modo que el extrovertido puede aprender grandes cosas del introvertido.

Si te has sentido identificado/a con algo de lo escrito en este post, o hay algo que te genere malestar, no dudes en pedir ayuda. Estamos aquí para ayudarte.

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¿Esto te resulta familiar?

Un sábado por la noche decides quedarte en casa después de una agotadora semana porque te apetece descansar. Quieres ver una peli o serie que te guste, o leer, hacerte una cena rica, o quedar máximo con una persona en casa para estar en un ambiente tranquilo. A pesar de que tus amigos/as te hayan dicho de salir. 

Lo estás disfrutando. Pero imagina ahora que, en algún momento, coges tu móvil, y te metes en redes sociales. Entonces ves que tus amigos/as han ido a algún bar que te gusta mucho, un pub donde sueles divertirte, o en definitiva, han hecho algún plan que te llama la atención, y además da la sensación de que se están divirtiendo bastante. 

En ese momento empiezas a sentir un poco de ansiedad. También inseguridad sobre si has escogido bien a pesar de que necesitaras descansar. Te empiezas a machacar pensando que tendrías que haber ido, que te has perdido ese plan, que no estás compartiendo eso con tus amigos/as… etcétera. 

Esto, ha sido denominado FOMO.

Y, ¿qué es el FOMO?

El FOMO (Fear Of Missing Out) por sus siglas en inglés, es el “miedo a quedarse fuera” o “miedo a perderse algo”, y está altamente relacionado con el uso que hacemos de las redes sociales, que entre otras cosas, han despertado en nosotros la necesidad de estar continuamente conectados, viendo, hablando, compartiendo, participando… para evitar perdernos algo, un comportamiento que ha aumentado los niveles de ansiedad. 

Al final el FOMO, a pesar de que es un término relativamente nuevo, primitivamente hablando no es más que el miedo a la exclusión, al rechazo, a no pertenecer a un grupo. Un miedo que está intrínseco en el ser humano, porque somos seres sociales. 

Solo que al introducir las nuevas tecnologías tenemos acceso a una información constante tanto del resto de personas como de qué están haciendo.

Ahora bien, ¿cómo nos afecta entonces en este miedo intrínseco añadir algo como las redes sociales?

¿Cómo puede afectarnos el FOMO y las redes sociales?

  • Puede generar un uso descontrolado de las nuevas tecnologías, por la necesidad de estar constantemente conectados/as y actualizados/as
  • Ansiedad al estar separados del móvil, perdernos algún plan, no poder compartir algo de lo que estamos haciendo, no tener batería,… etc. 
  • Un aumento de la comparación negativa con los demás y sus vidas
  • Una insatisfacción constante tanto con nosotros/as mismos/as como con nuestra vida 
  • Problemas de autoestima 
  • Sobrecarga de actividades en el día para poder estar en todo, con el consecuente cansancio de “correr de un lado a otro”
  • Dificultad para elegir unos planes antes que otros
  • Un incremento de la sensación de exclusión, aislamiento y soledad
  • Disminución de las habilidades sociales y de la interacción con los demás de forma física, presencial, sin una pantalla de por medio
  • Problemas de concentración
  • Aumento del estrés
  • Inquietud 
  • Problemas de sueño
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La realidad de las redes

Ante esto, es importante recordar que cuando entro en redes sociales, lo que normalmente encuentro son los lugares o paisajes más impresionantes, los planes más divertidos, los barcos en la playa en verano, los viajes más extraordinarios, los mejores amigos, los triunfos…,. En conclusión, las imágenes más positivas. Como si la parte desagradable de la vida se suprimiese. Prácticamente nadie sube fotos llorando, la tristeza ante la ruptura con la pareja, la ansiedad al buscar trabajo, la discusión con un familiar, el conflicto con un amigo… Es más, cuando se ha dado el caso de que alguien lo ha hecho, ha producido cierta incomodidad o incluso ha sido juzgado. 

Por eso, hay que tener en cuenta que las cosas que vemos en redes sociales son pequeños fragmentos de la vida de alguien, no la totalidad, y además, a menudo, son momentos que están embellecidos, pasados por filtros, idealizados… Algo que está bastante alejado de la realidad, y la cotidianidad que acompaña realmente a nuestro día a día. 

¿Cómo podemos regular esto?

Tenemos que asimilar que cuando estoy eligiendo una opción, eso inevitablemente me lleva a “des-elegir” otra. Parece una tontería, pero la exposición a tanta información nos hace pensar que hay tanto “a nuestro alcance” que no queremos perdernos nada.

Pero esto es imposible. Vamos a perdernos muchas cosas en la vida, porque la única manera de no hacerlo sería aumentar las horas que tiene un día, o dividirnos en dos, y esas dos opciones, como sabréis, son inviables. Por no hablar de que si intento estar en todo y en todas partes sin que ninguna de estas dos opciones surrealistas me acompañe, vamos a acabar exhaustos y no vamos a disfrutar ni siquiera de los planes que se supone que están destinados para el ocio y a recargar nuestra energía. Seguro que muchas personas se sienten identificadas con esto último.

La importancia radica en aprender a gestionar esto para que la exposición a tanta información no nos genere ese nivel de ansiedad. Como prácticamente la mayoría de cosas, es complicado y difícil, pero no imposible. 

Podemos aprender a hacer poco a poco un uso responsable de las redes sociales. No podemos eliminarlas, forman parte de nuestra vida y de nuestra manera de relacionarlos, pero la terapia te ayuda y te enseña a regularlas, hacer un uso, como ya he mencionado antes, más responsable y racional, a crear hábitos más moderados, ponernos límites a nosotros mismos, y a conectar con el momento presente, nuestro entorno, y con esa vida alejada de las pantallas que hay que vivir. 

Si crees que necesitas ayuda, por favor, no dudes en contactar con nosotros:

  • Correo electrónico: claudiajimenez.psicologia@gmail.com / visesen@gmail.com
  • Teléfono: 630 659 166
  • Nuestra página web: https://mesquesalut.info/
Bibliografía

Soriano-Sánchez, J. G. (2022). Factores psicológicos y consecuencias del Síndrome Fear of Missing Out: Una Revisión Sistemática. Journal of Psychology & Education/Revista de Psicología y Educación, 17 (1).

Pérez-Elizondo, A.D. (2020). ¿Qué es el síndrome FOMO? Psicología.com, 24.

77 salud mental y pandemia
Tiempo de lectura: 2 minutos

¡Hola Vicente! Bienvenido una semana más a la Cadena Ser para hablar un poco de psicología, hoy en concreto, vamos a hablar de que ha sucedido con la salud mental durante la pandemia… porque creo que es un tema bastante importante y que nos afecta a todos

¡Hola Pepa! Pues mira, si que es verdad que viene bien que hagamos un repaso sobre este tema, para aclarar un poco las cifras y que la gente se haga una idea de más concreta sobre lo que está sucediendo.

Ahora que lo dices… la verdad es que aunque está ahí, era un tema que no habíamos tratado directamente.

Exacto, además no traigo buenas noticias (aunque no son todas malas), pero bueno, creo que tampoco vamos a sorprender a nadie.

77 salud mental pandemia

Además, parece que con el tema de la pandemia, las restricciones… parece que la gente ha empeorado a nivel de salud mental ¿no tienes esa sensación?

La verdad es que si Pepa, mira me he pasado por el INE y me he encontrado los siguientes datos sobre una encuesta europea (su parte española): ha aumentando la sensación de estar decaído o deprimido, así como también los problemas para dormir. Además, los datos también nos dicen que han aumentado los cuadros depresivos, siendo Castilla y León, la Comunidad Valenciana y Navarra las que tienen más prevalencia de cuadros depresivos.

Vaya… desde luego no son buenas noticias para la salud mental. Dinos Vicente ¿hay buenas noticias?

Pues la verdad es que si Pepa, afortunadamente, como habíamos dicho, no todo son malas noticias, comento lo que he encontrado positivo:

  • En general, la autopercepción de salud general ha aumentado.
  • La sensación de cansancio o el sentirse mal con uno mismo han disminuido.
  • Los problemas para concentrase han disminuido.
  • El interés por la salud mental ha aumentado.

Bueno… dentro de lo malo, siempre podemos encontrar algo positivo, entonces Vicente, sobre la salud mental durante la pandemia ¿qué podríamos concluir?

Bueno, basándonos en los datos que nos proporciona esta encuesta -y teniendo en cuenta que las conclusiones que podemos sacar no establecen una relación causa-efecto, podríamos resolver los siguiente:

  • La pandemia ha empeorado algunos aspectos de la salud mental (en especial los que tienen que ver con cuadros depresivos), sobre todo en las edades avanzadas. Cabe subrayar esto que, aunque no lo he dicho, nuestros mayores son de largo los que más afectados se han visto a todos los niveles.
  • El interés por la salud mental ha crecido, sobre todo en jóvenes, lo cual puede ayudar a crear concienciación social sobre la importancia y prevención en este tema.
  • El suicidio sigue siendo la principal causa de defunción por causas externas. Pero de esto hablaremos otro día.

¡Pues muchas gracias, seguro que podemos ayudar a la gente! ¿Dónde podemos encontrarte?

Podemos encontrara Vicente Seguí en la web vicentesegui.es, en el teléfono: 630659166 y en redes sociales, Facebook e instalar: @visepsicología.